lunes, 6 de julio de 2009
Apuntes para una poética del ciberespacio
No sé si pueda pensarse en el blog como un nuevo género literario. Tampoco simplemente como una forma. Considero que los lugares de escritura creativa que se han gestado en la red son espacios de libertad, tierra de nómadas, lugar de exploración. Escribir en la red, en cualquiera de los espacios existentes significa para muchos una exposición, un revelarse o un mostrarse histéricamente. Se ha convertido en una nueva bitácora del escritor, su diario su cuaderno de apuntes. Creo que el proceso de escritura en el ciberespacio es de alguna manera distinto. Es un writing show en algunos casos, en otros un salvavidas. Tiene la virtud de que, de alguna manera, trasciende la dictadura del mercado: cualquiera puede escribir, publicar lo que sea. Además, a esto se suma el acompañarse con fotografías, cuadros, ilustraciones, música, videos. Lo que hace de esa escritura un cruce de los Calligrammes de Apollinaire, Blanco de Paz y de cualquier obra de Marcel Duchamp.Estos apuntes me recuerdan mucho el siglo XIX. Comienzo de la Revolución Industrial, así como ahora vivimos inicios de la Revolución Tecnológica. En ese siglo, la novela por entregas alcanzó su auge en las figuras de Balzac, Dostoievsky, Pérez Galdós y muchos otros, pero en especial en la figura de Charles Dickens. Fue el mayor vendedor de ejemplares de libros de su tiempo y quizás el más leído en lengua inglesa. Sus libros nos llegan hasta el día de hoy y muchos han tenido adaptaciones cinematográficas y musicales: Oliver Twist, Tale of two cities, entre otras. Sus novelas llegaban por entregas, como hicieron tantos a partir del auge de la prensa. Llevaban un ritmo, una espera. Fue una experiencia exitosa. El libro por entregas invita a la espera, a detenerse, a saber apreciar no solo la obra, sino la labor de quien escribe. Hace seguidores empedernidos. Ese debería ser el camino del blog. Los autores en el ciberespacio deberían tomar el ejemplo de Dickens. La red ofrece esa opción. Internet, cada día, llega a mayor cantidad de personas, incluso en nuestros países y sus zonas o regiones más pobres. Leer un libro, bajarlo, en un futuro será más barato que comprarlo en papel. El E-Book se hará cada vez más común y los costos se abaratarán. Es un proceso que comprende conciencia ecológica e intelectual. Es aprender que los formatos cambian y los contenidos trascienden esos mismos formatos. No creo que los libros de gran valía, como objetos desaparezcan. Permanecerán siempre, como los pergaminos o los libros antiguos. Pasar de la imprenta a la red no será una catástrofe, será un desarrollo, una oportunidad de cambio que logrará beneficiar a todos. Entre ellos, reencontrarnos con el alma del texto, con la presentación que le queramos dar al mismo (letras, color, tamaño, espacios de separación, notas a pie de página, subrayados) y de esa manera lo haremos sagrado para nosotros.Escribir en la red, en el ciberespacio, es participar de una inmensa Rayuela, de ese intento de hacer del mundo un libro por parte de Mallarmé, o de una obra un calidoscopio, como en Pessoa (a ambos se les haría agua la boca en estos tiempos). De vagabundear por el idioma, sin descanso.Aceptemos nuestras palabras vestidas así, nuestros apuntes, nuestros textos en esas entregas subsecuentes y esperadas, desnudos en la espera. Vistámoslas según nuestro temple nos indique como debe llevar sus galas. Hagamos de este cuaderno algo definitivamente nuestro.
EVENTO BLOGGERS EN EL BUSCÓN, MARTES 16 DE JUNIO DE 2009
1.-Palabras de bienvenida de Katyna Henríquez Consalvi2.- Palabras de Kira Kariakin y Juliana Boersner3.- Palabras de Ricardo Ramírez (breve ficha de cada quien)4.- Lectura de los blogs:- Ricardo Ramírez www.eneaseando.blogspot.com; www.rafagasegunda.blogspot.com; www.trabajosdeldia.blogspot.com; www.erotiafragmentarum.blogspot.com ; www.ismaeldasilvaescritor.blogspot.com- Aymara Lorenzo http://laparadapoetica.blogspot.com- Keila Vall www.fugapermanente.blogspot.com- Cinzia Ricciuti www.verdadesqueasoman.blogspot.com- Adriana Villanueva www.evitandointensidades.blogspot.com- Ruth Hernández www.piedraconaletas.blogspot.com- Kira Kariakin www.k-minos.com- Georgina Ramírez www.http://poesia-en-georgina.blogspot.com- María Dolores Torres Salas www.mariadolorestorres.blogspot.com- Natasha Tiniacos http://natasha-t.blogspot.com- Mitchele Vidal http://www.imagenes-urbanas.blogspot.com- Eleonora Requena http://nocturna-mas-no-funesta.blogspot.com- Belkys Arredondo www.biombosdehumo.blogspot.com- Carmen Elena González Salas www.gatainsomne.blogspot.com- Mario Morenza http://elapendicedepablo.blogspot.comLa lectura vendrá acompañada con el vino.
El rostro fuera de la pantalla (crónica de un encuentro blogger)
Logramos montar todo en diez días. Cómo, no lo sé, pienso enseguida en una unión de pensamientos positivos y en un megachakra desarrollado por secuencias por Keila, maestra yogui. El hecho es que salgo de casa hacia la UCV, a recibir los trabajos de mis alumnos del curso de poesía y política. Llego, solo una alumna que me dice que ya viene. Abro el salón, prendo el aire (este tiene) y espero. Salgo a fumar, y viene la alumna con una marquesa de chocolate, una sonrisa y su trabajo. Ya las cosas comenzaron bien. Poco a poco fueron llegando, ya sabía que tres no vendrían, conversábamos y reíamos. Fijamos fecha de entrega de notas, les recordé que corregiría en San Cristóbal el fin de semana y que mañana y el jueves tienen tiempo los que no lo entregaron hoy. Me encamino al metro, hago transferencia, llego a Chacaíto, autobús, llegada a Trasnocho. Bajo y me siento con una amiga mientras almuerza. Son las cuatro y media, una cerveza para agarrar fuerzas y hacia la Librería. Ya Katyna está, están las sillas, dos botellas que llevó María Dolores. Van llegando Eleonora, Cinzia, Mitchele, Belkys. Luego Ruth, Keila, Kira, Aymara. Las voy presentando, muchas no se conocen. Mientras voy a buscar hielo para las cavas me pregunto que será de la maracuchita. La llamo, muy formal me responde que está en alguna cola de la ciudad y ya está en camino. Natasha es maracucha y formalita, cosa que debe ser muy buena o muy mala. Juliana manda correo que está en una cola. Llega Carmen Elena, Georgina. Hablo con Katyna, repaso detalles, Eleonora y otras buscaron la pantalla, se despliega, se decide cómo va. Se ordenan libros, se ponen precios, paso la colecta para pagarle al chamo del video beam. Llega el chamo. Ordenamos todo, hacemos pruebas con Keila. Yo fumo comodesaforado, Raquel me mira y seguro se ríe. Llega mi hermano, llega Natasha y Raúl, su esposo, a quien veo que conozco de amigos en común. Guardo la maleta y el bolso de ellos (vienen directo del aeropuerto), les presento a los demás, los llevo a Soma a que se refresquen (en criollo: en donde se beban una cerveza fría), vuelvo a la Librería. Katyna quiere comenzar, le pido que me de 15 minutos. A los diez, ya comenzamos, se acomodan todos, Mario manda mensaje que ya viene en camino, Adriana me llama que está en una cola pero ya viene. Comenzamos:Katyna da la bienvenida en nombre de la librería y luego Kira (¿era yo, era ella, quien era que iba primero?). Kira, con sus vastos conocimientos internáuticos desarrollados entre las tribus de Namibia y los antiguos pueblos de Bangladesh, sumado a su sangre Rusa, nos da en dos platos a todos una idea muy clara y concreta de qué demonios es eso que uno llama un blog. Su exposición evidencia su experticia. Es enfática, mueve sus largas manos y convence. Luego vengo yo, que menciono a todos los que vamos a leer (luego me di cuenta que podía haberlo hecho uno por uno y salía mejor). Entonces, me toca leer a mi. No dejo de pensar en Alejandro Rossi y en Eugenio Montejo y en cómo uno tiene que esperar a que alguien se muera para poder escribir. Es estúpido. Leo, pienso en la lucidez de Rossi y en la exactitud musical de Montejo y me río de lo que leo. Aún así, es un homenaje, y parece que a la gente le gusta. Termino. Aymara habla en nombre de La Parada Poética y nos muestra muy bien cual es la dinámica del grupo, leyendo poemas muy solidarios, muy de mujer amiga, con mucho fuego. El orden se endulza con la voz y el blog de Keila, su experiencia de madre, de escritora, de cómo en menos de 3 años tiene ya un libro, lee en público, tiene seguidores, un esposo, un chamo (su cachorro), títulos universitarios y da clases de Yoga. Keila serena el ambiente, los nervios de Kira y míos, el fuego de Aymara. Templa, concentra, nos ennoblece. Cinzia viene ahora con sus versos cortos, Ungarettianos, Niezschianos, de hembra. Su poesía es poesía de velas en cuarto oscuro. Su voz nos envuelve, le toman muchas fotos, los hombres la miran. Ella lo sabe y le divierte. Sé que se siente feliz ahí leyendo. Adriana Villanueva cambia el compás y nos habla de sus crónicas llenas de humor e inteligencia. Adriana es una mujer que lleva muy bien eso que María Fernanda Palacios llama "el alma criolla": elegante sin dejar de ser sencilla, se desplaza con cortesía y mamadera de gallo. Llegó casi teletransportada. Dos crónicas con el espíritu de la Ciudad Universitaria, la obra de su abuelo, sin grandilocuencias, bajo la presencia de todos los días. Ruth serena de nuevo. Nos habla de su blog, de la interacción con las fotografías, como Cinzia. La mirada de Ruth es linda, lenta como su voz, íntima. Sus versos acogen a todos, así como la muestra de su blog, que hace como si todos fuéramos niños y lo agradeciéramos (y es así). Kira nos habla entonces de sus "crónicas íntimas", de su experiencia de cada día. Lee y callamos, como con Ruth. Volteo y veo a Katyna con lágrimas en los ojos, quizás recordando su nomadismo también, sus pasos por Libia, Colombia, España, México. Se hacen más grandes sus ojos, como los de Gaby que me ayuda a servir el vino a todos, a pasar las botellas, así no sea su día de trabajo. Es Speedy González con los ojos verdes y veinte años. Georgina lee lo erótico de sus versos, acompañados con imágenes sugerentes (recuerdo el blog de Roger Michelena, en donde se juntan letras y mujeres). Georgina va al punto, concreta, no da vueltas. Concentra las palabras y nos lleva a ser honestos con nosotros mismos, con el corazón y el cuerpo. María Dolores, como Adriana, ahora cambia el diapasón. Nos reímos a morir, disfrutamos, recordamos entonces que estamos entre amigos, bajamos las guardias, nos relajamos. Le dedica un texto a Keila, madre nueva, sobre la naturaleza extraña de una adolescente y esa más extraña aún, la de la madre del adolescente. Natasha toma ahora la escena, en donde se maneja con facilidad. Ríe, marachuchea, nos encanta con su acento de "high maracucha", me recuerda a Adriana versión "desde el Lago". Me doy cuenta que la única formalidad mayor en Natasha es la que todo poeta tiene: la de sus palabras. Sus textos paralizan a todos, ese fuego lento que envuelve como piernas de mujer en la espalda, que seduce y que se anuncia como un mandato. Me recuerda a Olga Orozco, y a Hanni Ossott un poco, en especial en el golpe de la voz adentro del poema. Mitchele nos muestra a la ciudad y a las anécdotas de la ciudad, sus fotografías, sus andares por ella, su amor por la polis. Eleonora, fiel a los eventos de la palabra sin importale riesgos, nos recita sus versos ligeros y filosos.Su poesía nos va envolviendo, no deja que nos vayamos, no tenemos por qué irnos de aquí, nos recuerda que la palabra es nuestra casa y nos abre las puertas con ellas.Belkys toma la palabra: Su blog hace piruetas y piruetas y nos recuerda que no estamos tan cansados, que los ojos quieren seguir viendo y leyendo. Sus textos son como su blog, suben y bajan como biombos de humo.Carla me pide las botellas vacías, se multiplican las llenas. Carmen Elena nos parte en dos con un largo texto íntimo y confesional. Se le quiebra la voz, pide que continuemos nosotros, le decimos que tiene que terminar. Lo hace. ¿Cómo se sigue si ya estamos partidos en dos, si tanta palabra, crónica, poemas, prosas, nos enseñan tanto, hace presencia? Mario Morenza cierra con la experiencia significativa para el ámbito venezolano que ha sido El apéndice de Pablo. Un blog en donde toda una generación de amigos ha escrito y ha logrado dejar huella. Como Mario, tan divertido y solidario, generoso y noble con ellos, desde su escritura y desde la escritura de aquellos a quien nos lee. Juliana no llegó, luego me dicen que sí y se fue. Sé que nos acompañó, aunque sea llena de pensamientos positivos nos acompañó. Katyna cierra el evento. Llevamos dos horas leyendo, ríendo, llorando, aprendiendo y aún el vino no se acaba. Le pago al chamo del video beam (gran trabajo el que hizo), nos tomamos más fotos, nos dispersamos. Raquel está cansada, Simón mi hermano tiene hambre. Hay que irnos. Me despido, tengo que estudiar para la Maestría.El martes 16 ocurrió un milagro: el de la palabra escrita, vista, oída. Veíamos los blogs como portales hacia dimensiones distintas. Es un espacio que otorga un tiempo otro y nos hace los mismos pero distintos. Nos hace mujeres y hombres que viven literatura.Llego a casa, veo que dejé unas cosas que mi madre les mandaba a Katyna y a Carla y decido, en el hambre, comérmelas haciéndome el loco (se me olvidó dártelas vale!, disculpa!). Abro los libros, cierro los libros. Hoy no hay tiempo para maestrías. Mientras leían, me imaginaba a cada blogger como el Yoga propone, pura energía: la que hubo anoche en el evento. Limpia, fresca como el vino, donde todo es uno, y podemos leernos sin intermediarios, sólo bajo la premisa de una mano que sale de la pantalla, hace presencia en un rostro, y te conmueve.
Alejandro Rossi, humorista, filósofo, prestidigitador, especialista en aduanas
Alejandro Rossi nació en Florencia en 1932, de padre italiano y madre venezolana, descendiente del general Páez. Vivió su infancia en Venezuela, su adolescencia en Argentina, y realizó sus estudios de Filosofía en México, bajo la influencia de José Gaos. Posteriormente realizó estudios de Filosofía analítica en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Residió en México durante la mayor parte de su vida, con vistas frecuentes a Venezuela desde niño. Rossi nunca abandonó la ciudadanía venezolana sino hasta 1995. Amigo de Octavio Paz, fue miembro del consejo de redacción de las revistas Plural y Crítica desde su fundación. Premio Xavier Villaurrutia, Doctor Honoris Causa por la Universidad Central de Venezuela, hace muy poco fue publicada su Obra Completa por el Fondo de Cultura Económica de México y Fundación Bigott, bajo la guía de Antonio López Ortega, editó algunos de sus ensayos. Genio del humor, la inteligencia, el detalle,la claridad, Rossi abordó la literatura desde su sentido lúdico último: quebrar los límites de los géneros, hacer de ella un espacio para el desconcierto, la amistad, el sentido común y la entereza. Autor del célebre Manual del distraído, editado por Monte Ávila editores a finales de los años setenta y reeditado por el Fondo de Cultura, Rossi logra trazar en este libro extraño la presencia de la paradoja, el asombro, y la ironía en casa una de sus páginas. Textos como "la página perfecta", "crónica americana", "calles y casas", "la defensa inútil", marcaron a muchos, entre ellos yo. La primera vez que leí en un libro una frase como esta: "Tuve una novia extraña. Me confesó que era criptojudía y yo pensé-en mi ignorancia cristiana-que era una secta erótica. Durante meses esperé la invitación", entendí muchas cosas de la literatura, o simplemente me decidí empezar a explorarlas. Rossi asumió una épica de la cotidianidad emulada por pocos con tanta exactitud verbal.Conocí en Rossi, hace unos dos o tres años. Ya respiraba mal, tenía que movilizarse lentamente y siempre con oxígeno. Su amabilidad, su simpatía me cautivaron. Alejandro Rossi es de esos autores que, en su humildad, sencillez y profunda lucidez, te despiertan las ganas de imitarlo. He querido ser como él. Gracias a los dioses que no lo he sido ni lo seré, porque era único, un ser extraño y maravilloso que me abrió tantos caminos. No pude nunca hablar mucho con él, su salud se lo impedía, a pesar de que intentaba con un esfuerzo sobrehumano mantenerse firme ante su falta de aire. Hubiera querido decirle tanto. Desde aquí, le prometo intentar imitarlo lo mejor posible. No con éstas palabras, tan vanas, ni con la leve lágrima que se asoma sin mucho ruído, sino con la lectura y relectura de sus libros, con comentarlos con mis amigos (siendo la amistad lo que más amaba). Con ese extraño limbo que es ser uno mismo, siendo tantos. Con extrañarlo.
Las formas bisagras: escrituras humanas
Las cuevas de Altamira, las tablas de los sumerios, los pergaminos egipcios, los nudos de los incas, el calendario maya, las runas celtas,el cielo estrellados de los asirios, el cuero griego y romano, las formas hermosas del arábico y el cirílico, la piedra, el barro,el bronce, el hierro, la plata, el oro, los libros de los esenios y los monjes medievales,los ideogramas chinos, la imprenta de Guttenberg, los libros prohibidos,las cartas del Tarot, la sangre,las tripas de los animales, el excremento de Sade, los papeles, las paredes de las cárceles, los troncos de los árboles, las puertas de los baños, las paredes llenas de graffitis, las manos, el cuerpo, el vientre de la mujer,las flores, las estaciones de trenes, las paradas de autobuses, los aeropuertos, la pantalla del ordenador,las fotografías, las carátulas del vinil, las obras de Duchamp y Warhol, las servilletas de Picasso, las formas de los jardines de Versalles, los pie de página de los libros, las mismas páginas de los libros, el periódico, las partes no escritas de los periódicos,los tickets de metro, las cajetillas de cigarrillos, la arena,los surcos en el campo,la bóveda celeste, el iris del ojo, el yeso del fracturado, el vidrio, las radiografías,las piedras de los riñones, las tumbas y sus epigramas de mármol.
El desierto de la red: cultura Google y sacralidad de las palabras
" y de repente había visto en sus ojos el desengaño, el momento en el que el alumno nota que su profesor se anda por las ramas y no sabe las respuesta. Seguí fluctuando todavía algo sobre hora y duración, pero ya había delatado mi impotencia. Cuando se marchó-como una mujer-supe que había desengañado a una niña, y esto también forma parte de mi profesión: la corrupción de menores. A través de la demolición de tu propia autoridad los remites a un mundo sin respuestas. No es agradable convertir en adultas a las personas, sobre todo si aún resplandecen."
La historia siguiente.Cees Nooteboom
La impotencia como profesor que puedo sentir latiendo en las venas no nace del salario que uno devenga, de los largos períodos sin cobrar y de esa espera interminable y burocrática paraaspirar a un cargo con los beneficios más básicos que puedan existir. Mi impotencia se marea entre un pasado enfermo que nos cerca y no nos deja tranquilos y un presente que se desintegra. Hablo del pasado y el presente de las palabras, del idioma que hablamos, disfrutamos y padecemos.Mis alumnos no suelen pasar los veinte años y ya llevan una carga muy pesada sobre los hombros: les enseñaron a desconfiar de las palabras. Sus queridos profesores de primaria o secundaria (estoy seguro que algunos se salvan, pero tampoco me lleno de vastas ilusiones) les hicieron hincapié en lo duro, difícil que es aprender a leer y escribir y en lo complicada que es la lengua española (¡imagínense muchachos....es considerada una de las lenguas más difíciles de aprender por los extranjeros por su gramática!). Tenían que sentirse realizados si lograban colocar todos los acentos donde iban, o si sabían determinar donde iba un punto y coma, por ejemplo. Ellos (y nosotros), hemos padecido una educación de nuestro idioma en donde la clave de todo está en el sufrir y en la abnegación. Por alguna extraña circunstancia de la historia, en nuestras aulas de clases no han sido ajenos nunca ni el olor del incienso ni la bota militar. Nos hemos movido entre esos elementos tan peninsulares hasta nuestros días. Es decir, el sacrificio de beatas y el uniforme del colegio (por eso el afán de rayar las camisas cuando nos graduamos de bachilleres), esa inutilidad, nos han marcado. Y esto se hizo extensivo a las palabras.Me encuentro con múltiples casos de alumnos que llegan a mis clases detestando ver Lenguaje, Castellano, Taller de Escritura, lo que sea. No les gusta escribir, y la lectura no les quita el sueño. Lo entiendo completamente, más cuando recibimos, como bien dijo Rafael Cadenas en su momento, clases de Gramática, no de Castellano. Es casi imposible para un muchacho de 17-18 años identificar el idioma que habla todos los días con "eso" que le piden escribir o leer. Y lo entiendo pues su penar viene del pasado gris ante el idioma y desemboca en un presente hecho de pantalla de computadora o Blackberry. Viven inmersos en la cultura Google. Todo está. Click y ya está. Para qué libros, para qué Bibliotecas (y las opciones en la red aún no son exploradas y decantadas como se debería). No hay una relación a partir de los sentidos y por tanto, no hay una relación desde el cuerpo con el conocimiento del idioma. Amo la tecnología, pero debemos darle espacio a la lentitud, así sea dentro de la misma tecnología.El idioma está hecho para saborearse (recordemos a María Fernanda Palacios), decantarse. Para jugar con él, explorarlo, disfrutarlo, recrearlo. No nos enseñaron eso. No nos enseñaron a escuchar las palabras, a identificar su sonido. Nadie lee en voz alta, nadie escucha el repicar de las palabras contra el universo. Y no por exceso de silencio, o por esa presencia fundamental que es el mismo en el concierto del idioma: es por ruido. El ritmo de la modernidad hace que todo sea rápido, veloz, apurado. No es lo mismo la eficiencia que reclamamos en esa rapidez al metro o al chofer de autobús, o a la persona que va en el carro de al frente y no ha visto que el semáforo cambió y aquello que deseamos recibir de lo que nos gusta. Nada más triste que un sexo eficiente. O una comida llena de exactitudes.Me encuentro con alumnos que no identifican elementos comunes en el lenguaje diario con lo que leen en un texto. Algunos, no logran descifrar una ironía. Llegan así del bachillerato y posiblemente algunos culminen sus carreras no en mejor forma. Se les enseña a ver el lenguaje, a visualizar al idioma que hablan exclusivamente como un objetivo comunicativo. ¿y el placer del idioma?, ¿y su música, su plasticidad?. ¿Cómo puede conocer uno un idioma si no se da la oportunidad de escucharlo en toda la extensión sonora de sus vocales abiertas o cerradas?,¿en la vibración de las erres?, ¿en su no-exactitud?.Aparte de esto, me encuentro con muchachos capaces de mostrar su punto de vista, su pasión por algo que lo conmueve y con su incapacidad de ponerlo por escrito. Corrijo: su supuesta incapacidad. Han crecido bajo la premisa estúpida de un bachillerato que divide a las personas en humanistas y científicos, como si uno fuera una raza de Cocker Spaniels (¿ingleses o americanos, cual será más lindo?. este es más grande, este más peludo, bla, bla, bla). La excesiva tecnificación de la vida nos invade. La exactitud, la pulcritud, la perfección (supuesta perfección) nos rodea. ¿y lo insensato?, ¿y quebrar paradigmas?,¿y lo no-racional?. Creo firmemente que la dificultad que puede tener un adolescente para construir un discurso, un ensayo, no nace de su sentido no desarrollado del orden lógico en ese discurso, sino por su casi imposibilidad de atreverse a correr riesgos con las palabras. Si me equivoco (y no hablo de comas, nisiquiera de redacción), me raspan. Los muchachos desconfían de las palabras, de la capacidad que puedan tener para expresar lo que quieren decir. Y los entiendo. Por eso hace mucho tiempo se mudaron a la calle de la música. El ritmo, el golpe de los tiempos, transmite mucho. Y les han presentado un idioma en donde eso parece que no existiera.Una generación levantada sobre la cultura del SMS, del Chat, con sus premisas de rapidez comunicacional frenética no sabe detenerse, respirar. Respirar. Al escribir, hay que dejar a las palabras respirar, tomarse su tiempo, y eso incluye las diversas opciones de escritura que hay en la red,comenzando por el blog. ¿Pero cómo hacerlo si vivimos en un mundo en donde ya no hay tiempo para nada? El ocio es una "pérdida de tiempo". Nacemos con un minutero que determina eficiencias.Tengo la sorpresa de encontrarme con alumnos que cuando conocen esto, se sueltan, se aventuran a contar, narrar, ensayar sus vidas, sus opiniones, miedos, terrores. Incluso sus secretos. No hablo de sesiones de autoayuda ni de alcohólicos anónimos. Hablo de muchachos que tienen mucho que decir pero no les enseñaron cómo. Ante las palabras, para con las palabras, se sienten en un desierto. Y no hay oasis. Pues muy bien, han querido descubrir el carácter sagrado de ese desierto, de ese velar por la palabra necesaria. Y ya muchos lo han encontrado o van muy bien encaminados.En este día, a estas alturas del trimestre que finaliza, el semestre que comienza, ya ni lo sé muy bien, puedo dormir bien. No todo está perdido. Tengo la felicidad de ver a muchachos, adolescentes que han descubierto un rito de antaño: sentir la sacralidad en las palabras.Pero hay que seguir velando. No quiero que sean adultos todavía. Quiero que hagan la luz necesaria con sus palabras. Quiero que brillen en toda la extensión de sus palabras, reflejadas en el brillo contento de sus ojos.
La historia siguiente.Cees Nooteboom
La impotencia como profesor que puedo sentir latiendo en las venas no nace del salario que uno devenga, de los largos períodos sin cobrar y de esa espera interminable y burocrática paraaspirar a un cargo con los beneficios más básicos que puedan existir. Mi impotencia se marea entre un pasado enfermo que nos cerca y no nos deja tranquilos y un presente que se desintegra. Hablo del pasado y el presente de las palabras, del idioma que hablamos, disfrutamos y padecemos.Mis alumnos no suelen pasar los veinte años y ya llevan una carga muy pesada sobre los hombros: les enseñaron a desconfiar de las palabras. Sus queridos profesores de primaria o secundaria (estoy seguro que algunos se salvan, pero tampoco me lleno de vastas ilusiones) les hicieron hincapié en lo duro, difícil que es aprender a leer y escribir y en lo complicada que es la lengua española (¡imagínense muchachos....es considerada una de las lenguas más difíciles de aprender por los extranjeros por su gramática!). Tenían que sentirse realizados si lograban colocar todos los acentos donde iban, o si sabían determinar donde iba un punto y coma, por ejemplo. Ellos (y nosotros), hemos padecido una educación de nuestro idioma en donde la clave de todo está en el sufrir y en la abnegación. Por alguna extraña circunstancia de la historia, en nuestras aulas de clases no han sido ajenos nunca ni el olor del incienso ni la bota militar. Nos hemos movido entre esos elementos tan peninsulares hasta nuestros días. Es decir, el sacrificio de beatas y el uniforme del colegio (por eso el afán de rayar las camisas cuando nos graduamos de bachilleres), esa inutilidad, nos han marcado. Y esto se hizo extensivo a las palabras.Me encuentro con múltiples casos de alumnos que llegan a mis clases detestando ver Lenguaje, Castellano, Taller de Escritura, lo que sea. No les gusta escribir, y la lectura no les quita el sueño. Lo entiendo completamente, más cuando recibimos, como bien dijo Rafael Cadenas en su momento, clases de Gramática, no de Castellano. Es casi imposible para un muchacho de 17-18 años identificar el idioma que habla todos los días con "eso" que le piden escribir o leer. Y lo entiendo pues su penar viene del pasado gris ante el idioma y desemboca en un presente hecho de pantalla de computadora o Blackberry. Viven inmersos en la cultura Google. Todo está. Click y ya está. Para qué libros, para qué Bibliotecas (y las opciones en la red aún no son exploradas y decantadas como se debería). No hay una relación a partir de los sentidos y por tanto, no hay una relación desde el cuerpo con el conocimiento del idioma. Amo la tecnología, pero debemos darle espacio a la lentitud, así sea dentro de la misma tecnología.El idioma está hecho para saborearse (recordemos a María Fernanda Palacios), decantarse. Para jugar con él, explorarlo, disfrutarlo, recrearlo. No nos enseñaron eso. No nos enseñaron a escuchar las palabras, a identificar su sonido. Nadie lee en voz alta, nadie escucha el repicar de las palabras contra el universo. Y no por exceso de silencio, o por esa presencia fundamental que es el mismo en el concierto del idioma: es por ruido. El ritmo de la modernidad hace que todo sea rápido, veloz, apurado. No es lo mismo la eficiencia que reclamamos en esa rapidez al metro o al chofer de autobús, o a la persona que va en el carro de al frente y no ha visto que el semáforo cambió y aquello que deseamos recibir de lo que nos gusta. Nada más triste que un sexo eficiente. O una comida llena de exactitudes.Me encuentro con alumnos que no identifican elementos comunes en el lenguaje diario con lo que leen en un texto. Algunos, no logran descifrar una ironía. Llegan así del bachillerato y posiblemente algunos culminen sus carreras no en mejor forma. Se les enseña a ver el lenguaje, a visualizar al idioma que hablan exclusivamente como un objetivo comunicativo. ¿y el placer del idioma?, ¿y su música, su plasticidad?. ¿Cómo puede conocer uno un idioma si no se da la oportunidad de escucharlo en toda la extensión sonora de sus vocales abiertas o cerradas?,¿en la vibración de las erres?, ¿en su no-exactitud?.Aparte de esto, me encuentro con muchachos capaces de mostrar su punto de vista, su pasión por algo que lo conmueve y con su incapacidad de ponerlo por escrito. Corrijo: su supuesta incapacidad. Han crecido bajo la premisa estúpida de un bachillerato que divide a las personas en humanistas y científicos, como si uno fuera una raza de Cocker Spaniels (¿ingleses o americanos, cual será más lindo?. este es más grande, este más peludo, bla, bla, bla). La excesiva tecnificación de la vida nos invade. La exactitud, la pulcritud, la perfección (supuesta perfección) nos rodea. ¿y lo insensato?, ¿y quebrar paradigmas?,¿y lo no-racional?. Creo firmemente que la dificultad que puede tener un adolescente para construir un discurso, un ensayo, no nace de su sentido no desarrollado del orden lógico en ese discurso, sino por su casi imposibilidad de atreverse a correr riesgos con las palabras. Si me equivoco (y no hablo de comas, nisiquiera de redacción), me raspan. Los muchachos desconfían de las palabras, de la capacidad que puedan tener para expresar lo que quieren decir. Y los entiendo. Por eso hace mucho tiempo se mudaron a la calle de la música. El ritmo, el golpe de los tiempos, transmite mucho. Y les han presentado un idioma en donde eso parece que no existiera.Una generación levantada sobre la cultura del SMS, del Chat, con sus premisas de rapidez comunicacional frenética no sabe detenerse, respirar. Respirar. Al escribir, hay que dejar a las palabras respirar, tomarse su tiempo, y eso incluye las diversas opciones de escritura que hay en la red,comenzando por el blog. ¿Pero cómo hacerlo si vivimos en un mundo en donde ya no hay tiempo para nada? El ocio es una "pérdida de tiempo". Nacemos con un minutero que determina eficiencias.Tengo la sorpresa de encontrarme con alumnos que cuando conocen esto, se sueltan, se aventuran a contar, narrar, ensayar sus vidas, sus opiniones, miedos, terrores. Incluso sus secretos. No hablo de sesiones de autoayuda ni de alcohólicos anónimos. Hablo de muchachos que tienen mucho que decir pero no les enseñaron cómo. Ante las palabras, para con las palabras, se sienten en un desierto. Y no hay oasis. Pues muy bien, han querido descubrir el carácter sagrado de ese desierto, de ese velar por la palabra necesaria. Y ya muchos lo han encontrado o van muy bien encaminados.En este día, a estas alturas del trimestre que finaliza, el semestre que comienza, ya ni lo sé muy bien, puedo dormir bien. No todo está perdido. Tengo la felicidad de ver a muchachos, adolescentes que han descubierto un rito de antaño: sentir la sacralidad en las palabras.Pero hay que seguir velando. No quiero que sean adultos todavía. Quiero que hagan la luz necesaria con sus palabras. Quiero que brillen en toda la extensión de sus palabras, reflejadas en el brillo contento de sus ojos.
Los cuadernos: formas bisagra
Los cuadernos han formado parte de la literatura en Occidente a partir, en especial, de la modernidad. No son los tratados de antaño, ni los comentarios de antaño. No son un género ni un sub-género, son un espacio en donde escribir. Participan del ensayo, el cuento, el poema en prosa, la crónica, el epigrama, la anotación, el fragmento, la frase, el apunte, el diario íntimo o de viaje, la cita. Para mi el cuaderno es como el espacio en donde, a la hora de escribir, podemos respirar. Equivocarnos, elucubrar, plasmar hipótesis ante nosotros mismos a la hora de escribir e incluso hacer de esto una obra. Obra en donde coexisten múltiples ámbitos que nos seducen, nos hacen señas, nos acompañan en el insomnio en donde nos levantamos o, en la oscuridad del cuarto, buscamos alcanzar la libreta y,sin ver, anotar lo que se nos ocurre.El Spleen de París, de Baudelaire, el Cuaderno de Malte, de Rilke, el Cuaderno Negro, de Lawrence Durrell, los primeros escritos de Octavio Paz, así como sus obras "¿Águila o sol?" y esa obra sin par "El mono gramático", Cuaderno de Lanzarote, de Saramago, Cuaderno Amarillo, de Salvador Pániker, el Manual del distraido, de Alejandro Rossi, los Diarios Literarios, de Alejandro Oliveros son algunos ejemplos.El caso que más me llama la atención es el Cartas de Islandia, de W.H.Auden y Louis Mac Neice. Publicado a finales de los treinta, es una guía de viaje, libro lleno de datos sobre el país, aporte de recetas de cocina o gastronomía, de hábitos y costumbres de las gentes de la isla, epistolario importante y, ante todo, una de las mayores críticas brutales a la modernidad, lleno de ironía y humor, centrada en la figura de Lord Byron. Además de ser la bitácora de las vicisitudes morales, políticas e intelectuales de ambos autores ingleses sumidos en un mundo en donde cada vez más avanzan los facismos y en donde los intentos de ambos de detenerlos por medio de la palabra, fueron vanos.El cuaderno es un espacio en donde la libertad de escribir se plasma sin recovecos. Su semejanza es una Hamaca, gastronómicamante es una Tapa española, que ayuda a preparar el estómago para platos mayores, o un Amaretto, que ayuda a decantar lo engullido.Un cuaderno lleva el signo de Hermes: abre caminos, cierra una puerta y abre otra, establece lazos que antes no habían o no habían sido planteados por el escritor ante su obra. Es la unión de un libro para leer en el avión, comprado minutos antes de salir del aeropuerto y un libro que sabemos que no a todos les gusta pero a nosotros sí, y mucho.Y que puede ser "Muerte en Venecia", de Thomas Mann, por ejemplo.Los cuadernos son formas bisagras. Rompen los moldes, les cuesta el alambre de púa con que a veces nos encontramos al escribir, juega con los géneros literarios a discreción.Asume la bufonada. Ríe.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)