miércoles, 22 de julio de 2009

El legado de Sontag en la red

Susan Sontag murió en 2004. Mucho nos legó, pero creo que junto a sus estudios sobre la enfermedad, sus ensayos sobre política y moral y su fascinación por la belleza, su inteligencia incisiva (para mi, quizás el elemento más sensual que uno puede conseguir más allá del cuerpo), supo centrarse bien en la reflexión profunda alrededor de la fotografía y sus significación en la modernidad.
Las ideas de Sontag sobre la fotografía cobran vigencia cada vez más. Creo, se hacen extensivas a otros ámbitos del mirar en este comienzo del siglo XXI. Internet, con la extensión de su red a ámbitos tecnológicos como el celular y con planteamientos de interrelación humana como lo es el Facebook, por solo mencionar algunos, es partícipe del mirar planteado por Sontag. El testimonio, el blog, el diario, lo epistolar, la creación, la posibilidad de tomar fotos con
el celular y cargarlas en alguna página de internet, el voyearismo presente y/o latente en ellos, lo atestiguan. Ver el proceso creativo, la característica de EN-OBRA (el término es de Gina Saraceni) que contienen muchos perfiles que podemos encontrar en Internet nos está permitiendo seguir la línea de pensamiento y sensibilidad de alguien en un blog literario (como el que comenzó recientemente Alejandro Oliveros, y en donde reflexiona sobre este hecho; solo el hecho de que te miren, de que al publicar algo, sea una fotografía o un escrito el otro lo pueda verlo al instante y, más aún, opinar sobre ello) o en la elaboración de un cuadro ,el boceto, el delineado, la aplicación de los colores, cosa que antes no sucedía. ¿Qué sucede entonces con esto?, ¿cambia el proceso creativo?, ¿modifica el comportamiento de otros? No lo sé. Pero creo que es importante, que es un elemento significativo que trasciende el simple hecho de comentar qué haces, cual es tu estado de ánimo, en que onda andas o cuales son tus intereses. Frases, escritos, fotos, videos, encuestas, grupos afines atestiguan mucho de lo que digo.

Holy Smoke (humo y escritura)

La evocación es un territorio desconocido incluso para uno mismo

Wilfredo Machado




He sido un perro de Pavlov de la escritura.Comencé a fumar en mi adolescencia en casa de mi padre. Papá dejó de fumar a los 38 años y se convirtió en un antitabáquico empedernido. Por tanto, había que fumar a escondidas y la única manera de poderlo hacer era esperar hasta tarde en la noche. Pasaba el día entero esperando, y la único manera de aguantar la ansiedad era leyendo. Comencé a leer furiosamente gracias al humo. Gracias a él, también a escribir. En las noches me quedaba escribiendo. Al principio, quería imitar a quienes leía: Carpentier, Pessoa, Borges, Cortázar, Onetti, Bryce Echenique, Paz, Neruda, Vallejo. Incluso intentaba poemas a partir de las letras de algunas canciones, haciendo hincapié en Serrat y Bob Marley. Llegaba la noche, comíamos, veíamos alguna película y, al acostarse todos me quedaba en la sala escribiendo, con la concentración que otorga la espera, la ansiedad: sólo escribiendo lograba serenarme, solo al escribir encuentro el silencio y la concentración de los yoguistas y de aquellos que practican capoeira. Trazar líneas, experimentar, planificar el texto, dejarlo hacerse sólo,reescribir. Un día me quedé sin nada que leer en un viaje a la playa y tenía a mano solo el poder reescribir el texto que había visualizado y borroneado la noche anterior. Quince noches en Morrocoy, quince noches reescribiendo el texto. Así escribí mi primer cuento corto o poema en prosa. Todo por la espera del cigarrillo.
El humo y la escritura están unidos en mi, o lo han estado. Es la unión de la muerte y la palabra, de la escritura de tu propia muerte, de la extensión del espacio de aire libre que te va quedando en la vida. Como el humo, asfixiante, denso, dañino, sagrado, del incienso al arder, que yo trato de hacer por mi lado. Ese humo ha sido un espacio de sacralidad en los trazos de mis dedos en el papel o en la pantalla.
Desaparecerá, habrá que dejarlo, pero la búsqueda de ese humo espero cese solo cuando me quede ser eso mismo: ceniza, humo, densidad que se disuelve en el aire y se hace uno con el resto.

martes, 21 de julio de 2009

San Cristóbal, año 2025

Claro que hubo otra guerra en el mundo, por supuesto que los muertos se multiplicaban mientras crecían y crecían las aguas e iban lentamente, al ritmo del universo, haciendo mayores las costas del mundo. Ahora hace más calor, y ya no hay nieve en las montañas, mucho menos las cercanas a acá. Pero la montaña nos ha salvado de esas crecientes aguas. La ciudad tiene ahora un millón y medio de habitantes, los cerros fueron poblados por urbanizaciones y barriadas, las avenidas ampliadas. Hacia el centro, hacia la Catedral, no hay paso de vehículos; decidieron convertir el viaducto en un museo de los suicidas; las grandes avenidas ahora más grandes todavía, varios edificios fueron derribados. El nuevo estadio de Pueblo Nuevo alberga 90 mil almas en un lleno (el Deportivo Táchira tiene en su haber ya varias Copas nacionales e internacionales, empezando por la Libertadores, que en la década del 2010 al 2020 se dedicó a ganar continuamente, aunque ya hay una baja desde hace cinco años), el de béisbol profesional 50 mil (fundado el equipo en el año 2012, ganando la Liga Profesional ese mismo año en contra de los Leones del Caracas, a quienes les propinó una sonora paliza). Alguien tuvo piedad de la ciudad y se creó hace unos siete años un enorme Centro Cultural,con una arquitectura semejante a la Galleria en Milano, así como una gran Sala de Conciertos, sede de la Filarmónica de la ciudad. Hay dos grandes Galerías de Arte, puente entre lo que se hace en Caracas y lo que se hace en Bogotá. Tanto la ULA como la Católica abrieron las carreras de Historia, Filosofía y Literatura (la ULA tiene los pregrados y dos postgrados en Literatura Venezolana y Latinoamericana; la Católica tiene las maestrías en Historia de las Américas y en Filología, además de Historia del Arte). A pesar de esto, en la ciudad prima siempre el negocio y San Cristóbal es hoy un gran centro médico de fama internacional, especialmente en el ámbito latinoamericano. La gente ha continuado prosperando: los negocios con Colombia aumentan significativamente luego de que la guerrilla entregó las armas hace diez años, los cultivos de coca arrasados y la marihuana legalizada. La carreteras viejas fueron hechas de nuevo y ahora el tramo de Barinas a la ciudad es de apenas dos horas, así como la autopista hacia La Fría, Valera, Mérida y muchas ciudades y poblados. Del ya viejo Centro de Compras Baratta (inaugurado hace ya dieciseis años) hay dos en la ciudad, otro en Mérida, Valencia, Bucaramanga, Barquisimeto, Maracaibo, Puerto la Cruz y Margarita. De Houlihan´s, el gran local fundado en hace ya más de quince años,a pesar de los avatares que se presentaron en el camino al principio, hay aproximadamente la misma cantidad en el país, con sucursales en Cúcuta y Aruba. El Complejo Ferial fue ampliado y se convirtió oficialmente en el Bar más grande del mundo.Los clubes crecieron y se crearon otros, comenzando por un campo de Golf extraordinario. San Cristóbal abrió los ojos y es en estos momentos la ciudad con más vehículos con gas natural del país, y de energía solar en Suramérica. Los centros educativos de la localidad, junto con los de Mérida, superan con creces a los de la frontera con Colombia en cantidad y calidad desde hace algunos años. La ciudad es además el principal centro agropecuario del norte de Suramérica.
Yo llegué apenas hace unas semanas del extranjero siguiente huellas hasta aquí de nuevo. Hay que respetar las herencias, los legados del pasado.Debe ser maravilloso vivir aquí.

jueves, 16 de julio de 2009

Cuerpo de mujer

1

Cuando el cuerpo habla, las palabras que lo nombren se deben ante él. Debe darnos aquello que enuncia en sus olores, el sabor del lugar del que procede. Cada cuerpo habla a otros como a sí mismo: despierta rechazos y acercamientos, dudas y certezas, epifanía y desconcierto. Así la palabra con el cuerpo: le habla desde su doblez y su carencia, su dulzura y sus aciertos. Cada palabra se levanta, se lava, suda, se perfuma desde el espejo del otro. Lleva un ritmo dictado por el cuerpo, que se abre sincero.

2

Me miras cuando ya no miro. Llevas tus talentos de hembra: calculas, haces pronósticos, observas mis hábitos, me juzgas, reconoces lo que te agrada. Imaginas cuanto costaría hacerme a tu cuerpo. Uno voltea y te sabe observando, con ese calidoscopio que es tu mirada de mujer. Uno habla y volteas tu ahora, oteando ese punto infinito que ustedes miran cuando decantan lo que decimos, la cara de bolsa con que uno se suelta. Incluso observas a quien me mira, ves la expresión de ella, ves de arriba abajo si podría ser o no tu competencia. Llevas una balanza en donde me pesas. Revisas tus bolsillos, tus monedas.
Como ves, uno también se sabe presa.

3

Todo termina por los ojos. Más que comenzar, es el lugar que anuncia destierro o cama. También dudan, no son perfectos. Cuando miran con fijeza y uno ve el iris, la pupila danzando como un colibrí. Determinan tantas cosas. Son el juez mayor, el que indica si acertaste o no, si la caricia es correcta, si el detalle es inexacto. Dos pájaros de luz baten alas en su rostro y vuelan hacia ti en una mirada.
Ves, en el espejo que te enseñan, el golpe de los dados. Qué hay más allá del trago o la película que compartiste. El futuro está en ellos: una noche, dos besos, amor de playa, noviazgo, candidato a amante, marido, padre de sus hijos, futuro ex esposo, cuerpo que le otorgue viudez. Van hablando según el tiempo o lo que en el camino pasa. Los hay de matices infinitos. Rayados, limpios, me han rodeado los muy oscuros o los claros. En los primeros, pequeños o con párpados semi-cerrados, brilla una luz maravillosa. Siempre iluminan. Cuando se molestan, se hacen tenues. Cuando se entristecen, a pesar del brillo que puedan dar las lágrimas, se apagan. Hipnotizan, ven todo lo que hay que ver y anuncian rientes o solemnes veredictos. En los segundos, aumentan las variantes. Me decanto por los grises, que bailan entre verdes o azules según la luz. En ellos, si te acercas a la altura del aliento, ves el universo. Todo está ahí: los planetas, las mentiras, las galaxias, las entregas. Cuando rabian, se vuelven plomo, cuando ríen son dos cucharillas de plata.
Con los ojos ellas aprueban, preguntan, juzgan, rechazan, hablan, fulminan, besan, responden, lamen, descartan. Suelen bajarlos cuando escuchan sin ser percatadas. Miran de frente cuando hay inocencia o no pueden evitarlo. Cuando quieren saber en verdad quien eres o que pasa.
Todo termina ahí, en la mirada. La del adiós, con lágrima pero firme; la de la entrega, dulce y gozosa; la resignada, hueca; la celosa, fría y cruel; la irónica, acuosa.

Por los ojos lo saben todo. Por la mirada te desean, se reprimen y también te matan. Hay un tiempo que a ritmo de océano, de giro y giro del planeta, te coloca en su palma y te decanta.

4

Mejor no hacer nada. El demonio está aquí pero duerme. Los labios no están prestos y se secan.
Mejor recojo tu humedad, acerco el fuego y respiro sus vapores arcada tras arcada.
Mejor no hacer nada, solo eso.
Los labios se prestan solos y humedecen. El demonio duerme siempre tibio.
Vivo animal en su reposo.

5

Los labios resguardan a la mueca o a la risa, el aliento tibio y la longitud incalculable y húmeda de su lengua. Por los labios los hombres juzgamos cosas: su delgadez, la paridad entre el superior y el inferior, la tersura, el grosor. Los sabios significan una boca grande o pequeña, una sonrisa franca y abierta o pequeña e íntima. Son los labios analogía y metáfora de su propio cuerpo, de su color, su fragilidad. Ambos son reflejo de los otros, ambos se empapan o se secan de acuerdo al movimiento correcto. Se abren, muestran el oscuro fin en donde hacer casa y entonan serenos la más perfecta de las palabras: aquella que a veces, llenos de torpeza, no logramos escuchar, ni siquiera en los estertores del orgasmo.

6

La espera siendo fortaleza, columna que sostiene el abrazo del aire alrededor de los dedos, asidos a unas manos que no encuentro sino en sueños. La llegada tan débil, catarata que se riega por el cuerpo, afuera como adentro, y todo lo dispersa.
¿Hay mayor fragilidad que derramarse?, ¿hay mayor fortaleza que esperar que te derrames?
Hazte a la tierra, cósela. Sostenla con tibiera, fórmala.
Vendré con mis palabras desde el suelo. Has de este piso en que me esperas un ánfora de tiempo.

7

Las manos de ellas enseñan a tocar. Como ciegas, recorren tu rostro palmo a palmo, secreteándolo. Tocan los ojos, la frente, la nariz, los cañones de la barba, los labios, el mentón. Te apartan y te jalan hacia ella. Son rosadas como salmón o bronceadas. Manos de fregar o de reina, amarillas de nicotina o de mármol, largas de pianista, de palma grande o dedos pequeños, de dedos como estiletes que escriben con sangre en tu espalda. Con uñas cortas o no, toman tu mano y la aprietan, la levantan, la acercan, la arrojan de su cuerpo. Con ambas cruzan tu cara con violencia o con calma. Con ellas amasan o firmas cheques de compañía, cambian pañales, hacen Yoga. Dirigen la ciudad con agitación o parsimonia, pintan el aire alrededor.
Ellas buscan ser llevadas pero en verdad llevan. En una mano una flor y en la otra una navaja.




8

Uno mira desde lejos un cuerpo y se acerca. El camino desde el lugar en donde estás hasta ese cuerpo se paladea, se respira en sus olores traídos por la brisa.
Uno mira desde cerca un cuerpo y se detiene a escucharlo.
La boca se ha hecho agua. Sólo hay hambre en esas manos.
Pronto viene el devorar.

9

Poner una mano sobre ella, luego la otra. Captar sus pliegues, desniveles, sus lugares en tensión, sus roturas. Sentirla larga, sin final en hombros o piernas, delgada. Empezar debajo de la nuca, apretarla, avanzar hacia los hombros y su ser rotundo y bajar a los omoplatos, a veces frágiles. Parece la más larga de las piraguas. Es el espacio más pleno de piel, el que más se eriza, el que se arquea o retuerce. Toco su espalda y es el más entero de los presentes. Voy bajando las manos. Subo otra hacia su pelo y luego avanzo hacia dos cuerpos mansos. Roce lento de dedos hacia la profundidad del izquierdo, que al contacto despunta. Luego el otro. Se acercan los labios, muerden suave su centro. Se acercan de nuevo las manos. Se alejan los labios del centro, se abren los dedos, las manos se llenan de sus pechos. Su cuerpo se acerca y me rodea. Las piernas son siempre una promesa de algo que se sabe aunque casi nunca llegue a ser tuyo. Son la longitud más lasciva del cuerpo. Abarca el tobillo y sube, se extiende al muslo, delgado o grueso, y se pierden en la oscuridad que les palpita. Son fuerza, tono, robustez, tacto al que aspiramos en su lisura precisa. Hace semanas fui testigo de ellas y su poder. En un café, vi una mujer blanca, de cabellos negros y una minifalda. Todo lo que se encontraba alrededor, mesas, sillas, hombres, mujeres, mi mirada, giraban alrededor de sus piernas. Todo la miraba, rodilla abajo tensa por la sandalia alta, rodilla arriba cruzada una sobre otra en su extensión correcta, en la precisión de cada fémur, haciéndose dueñas desde el suelo al aire y desde mis ojos a las escaleras en donde estamos ahora en que agarro tu cuello y pongo mis labios en la nuca acalorada para besarlo. Se huele el cuello, se muerde, se besa. Está para atenderlo tanto como las orejas, llenas de vocales abiertas, de sarcillos enmarcando su brillo. Ellas deciden por la vista, por el olor, también por el oído. Es la alcabala de las mentiras y la entrada de las más sinceras palabras. Por lo que guardan (el oído), por lo que esperan (temblores), por lo que marcan (perdones), las orejas son la casa del viento resguardándoles hazañas. Hacia ellas la lengua, los agradecimientos, las sombras, el susurro en que le digo todo lo que voy a hacerle, calladamente, tomándome mi tiempo en muelearla, chuparla, voltearla sosteniéndole las manos, amarrándolas al pasamanos de la escalera al desnudarla.

10

Te desgranas fantasma, ahora, en la mañana. Intento descifrarte y no me dejas ya. Más que un sabio, un enfermo soy de tu olor. Es un círculo en donde lanzo la atarraya en cada calle y espero

Del averno a tu olor, y de tu olor al averno.

martes, 7 de julio de 2009

Fenomenología del Reguetón

Primero que todo, ¿cómo se escribe? ¿Reggaetón, derivado del reggae o reguetón, derivado de reguero? ¿O regetón? Pocas personas han coincidido cuando les pregunto esto. Y son personas de diversas edades, desde los 10 a los 45 años aproximadamente. Heredero del crossover, este ritmo ha significado cambios determinantes en la moda, el concepto del baile y la idea del cuerpo en nuestras latitudes. Como todo ritmo musical, no salió de la nada. El reguetón nace en los Estados Unidos, en donde se han formado y unificado una gran mayoría de los ritmos latinoamericanos modernos (desde el bugaloo, la salsa, el tango de Piazzolla).Estados Unidos ha sido no solo destino migratorio predominante de los hispanos, y en especial los caribeños, sino que ha sido el espacio en donde mucho de lo que conocemos como "nuestro", se ha gestado. Hablar de lo hispano, lo latinoamericano, es hablar de las
características culturales de los pueblos abajo del Río Grande en contraposición y a la luz, de lo anglosajón, de lo estadounidense.
La presencia hispana ha sido enorme en el norte. México, Cuba y Puerto Rico y, luego República Dominicana han sido las nacionalidades más presentes por antonomasia. Hechos históricos relevantes determinan esto, pero ante todo quiero señalar que mucho del concepto, de la idea de lo que es lo "latino" nace ahí. Por ejemplo, la idea de comida mexicana que tenemos (absolutamente gringa). En Venezuela hay cierta excepción, pues hemos sido refugio de cubanos y dominicanos en diversas épocas del siglo XX. Son sensibilidades conocidas y que han determinado, en especial, nuestro gusto por la música.
Hablar de reguetón es hablar de la música de discoteca que más fervor ha despertado en el mundo latinoamericano (y en algunos lugares allende) desde la música disco (en general) y la salsa (en particular). Estos dos ritmos nacen en los setenta. Casi treinta años han pasado y, a pesar de la fuerza contenida en el pop en los ochenta y sus continuadores en los noventa, a pesar de bandas como la de Wilfrido Vargas y 4:40 (Bachata Rosa, de este último, es el disco más vendido en Latinoamérica en todos los tiempos) la fuerza del reguetón los supera. Ojo, no estoy diciendo que sea mejor (no lo creo), quiero decir que la presencia cultural de este ritmo ha llegado y por lo menos va a estar un rato largo.
Las cosas han cambiado. Y han cambiado porque no es solo el ritmo de una generación (completa del siglo XXI), sino que ha tocado todas las edades y los ámbitos. Lo bailan niños de preescolar y damas de más de sesenta. Pulula en todos los ipods. Y si bien no todos escuchamos SOLO REGUETON, su presencia es apabullante.
Por supuesto, existe quien odia el ritmo. Lo considera vulgar, falto de virtud musical, decadente, ordinario. Y este repudio es visceral. Levanta enemigos a diestra y a siniestra. Pero esta no aceptación (que es absolutamente válida) es la que ha surgido siempre al aparecer un ritmo nuevo. Ocurrió con el jazz latino y antes, con la onda nueva de Aldemaro Romero. Y antes, aquí en Venezuela también, con la música de raíces cubanas, que Mario Briceño Iragorry consideraba nociva para nuestro concepto de patria y nuestra sensibilidad. Ocurrió por parte de muchos con el mambo, con los tangueros tradicionalistas, con Piazzolla, con los cubanos y la salsa. Todo quiebre de lo tradicional generalmente tiene a su grupo de puristas que lo rechazan. Pero eso no evita que ocurra y, al final, el triunfo o no de un ritmo lo determina quien lo escucha.
Han cambiado algunas cosas. Las mujeres, en especial en nuestro país, se han caribeñizado (y, aunque no lo creamos, habían padecido una descaribeñización). Es decir, la idea de la belleza en el cuerpo se ha modificado (una vez más). Ya tener unos pocos kilos de más no es despreciable en los estándares de estética oficial. La falda corta, el short y tacones prevalece. Volvieron las piernas, cuando habían sido desplazadas completamente por los pechos grandes de silicón o no. Hemos bajado un poco del norte de la Florida a las playas de Quisqueya y Borinquen. Aunque tener presente que nuestra cultura caribeña tiene matices distintos a los de las islas frente a nuestras costas es importante. No somos iguales a ellos. Pero la semejanza se ha intensificado.
El baile también ha cambiado. Aunque parezca difícil de creer para algunos, el bailar en pareja no es algo que todos celebren. Se necesita arte y no todo el mundo lo tiene, a pesar de que en Venezuela todo lo bailamos como si fuera un vals con tumbao de negro.
Para los hombres es el cielo. Nada de practicar con mi hermana o las amigas de mi hermana. A la pista y listo. En general, uno no hace nada, se mueve un poco, mueve los brazos y ya. El común, que es mayoría quiero decir. La clave la dan las mujeres, que si son participes de grandes coreografías, que cruzan el ritmo con lo que aprendieron en la academia de flamenco y con las clases de danza del vientre. Y el hombre que se queje ante esto mejor que se quede en su casa.
El lenguaje se ha modificado, nuevas palabras han surgido: perreo, chula, chulo, etc. No lo he escuchado en el día a día aún, pero no me extrañaría que sucediera.
En verdad, no es tanto lo nuevo en el ritmo, es su capacidad de mutar, de fundirse con los otros. Así nació, hijo del rap, el hip-hop, el reggue, el merengue y pare de contar. Y cada día se experimenta más con él, cosa que quizás con otros ritmos de base más determinada no se pudo hacer.
No es una sola canción (como aserejé, por ejemplo, o macarena) y todo un movimiento musical ha llevado a intérpretes de otros géneros a incluirlos en su repertorio, mediante dúos o individualmente.
El reguetón es la determinación del ver, de la imagen sensual del movimiento, la cercanía de los cuerpos y el no-ver: el sonido. Esto es importante si estamos en una discoteca, en donde la luz es baja y reina la sugerencia, la mirada furtiva, el roce del cuerpo. Muchos lo llaman sexo con ropa, pero al fin y al cabo eso lo determinan los que lo bailan. Lo mismo decían de un ritmo como el mambo, prohibido en muchos lugares en su tiempo.
Al final, quien determina todo es el oído y la calidad musical. Si no la hay, si no hay una conciencia de esto, desaparecerá como otros, cumplirá su tiempo y será recordado por nostálgicos viendo fotos de una fiesta años atrás. Como ocurre con casi todos.

Pisa, elogio de mi hermano

No quería ir a Pisa. La idea de ir a una ciudad solo porque tiene una bendita torre inclinada me parecía estúpida y de turista japonés cruzado con gringo y luego vuelto a cruzar con maracucho. Prefería ir a Siena. Pero el énfasis concreto de mi hermano me convenció. La ciudad es bella, limpia, abierta con su río y sus puentes. Al final de largas calles, uno llega a la plaza. Parecía una feria, un mercado chino, una venta de empanadas en la carretera (cambiado esto por panninis, pizza y con suerte, calzone). El capitalismo en su máxima potencia y expresión. Camisas, sombreros, llaveros, dijes, sarcillos, etc con la imagen de la Torre. Y al final, la Torre. La imaginaba más grande. La imaginaba más inclinada. La imaginaba mejor coño, y me vienen con esta vaina. Me negué rotundamente a subir a ese estropicio. Simón me miraba condescendiente, paciente infinito como solo lo es él conmigo. El sí subiría. Mientras esperaba abajo, rodeado de españoles, portugueses y claro, japoneses, mientras leía los embustes indignantes de Casanova en sus memorias, levanté la vista y vi a mi hermano arriba, rodeado de la tierna luz de primavera en esa mañana. Lo saludé y me tomó una foto. Se veía magnífico. La altura de papá y toda su elegancia (igual que Christian, el mayor de nosotros), esa nobleza al desplazarse y esa desfachatez al tomar la vida a bocanadas. Parecía el dueño de la torre y todos los viejitos alemanes alrededor de él sus sirvientes. Mientras bajaba, no dejaba de pensar en la corrección de mi hermano, su sentido del ahorro, su piedad cotidiana y su casi santidad (de la que me alejé en un momento oscuro del alma). Su disposición abierta a vivir, a divertirse, a darse los pequeños placeres que lo llenan: el cine, un libro, una simple hamburguesa. Respeté esa constancia permanente de sus mejores y peores hábitos, esa fraternidad.
Al llegar me mostró las fotos y pude ver a todo el complejo transformado en otro. Tiene la mirada del que siempre ve más allá de todos. Como me enseñó viendo los cuadros en la Uffizi.
No quiso la consabida foto sosteniendo la torre. Se tomó dos con ella al fondo nada más. Fuimos a comer, y al paso, volteando a verlo, no hacía sino entender que lo mejor de mi mismo es su reflejo, su luz. Cómo me hacen lo bueno que pueda ser mis hermanos cruzando la luminosidad de sus presencias, cercanas o cercanos. Como soy simplemente un cruce de espejos en que espero el resto vea lo mejor de ellos a quien amo. A lo mejor con estas palabras.

Firenze, Palazzo Pitti

Llegamos en tren. Caminamos bajo la lluvia arrastrando las maletas hasta la vía XXVII Aprile en donde dormiríamos. A la tarde, bajamos por la vía Camillo Cavour hasta la Piazza del Duomo. Seguimos bajando y nos perdimos hasta dar con Santa Croce, en donde rendimos respetos a Dante, Maquiavelo, Galileo. Avanzamos hasta el Pallazzo Vecchio y la Galleria degli Uffizi. Pero ellos serían vistos mañana. Seguimos y desembocamos en el Ponte Vecchio y el Arno. Ahí te vi. Seguías hacia el Pitti y le sugerí a mi hermano que fuéramos allá. El Pitti fue comprado por los Médici cuando Luca Pitti y su familia se arruinaron.Fue ampliándose con los años. Entraste a la Galería Palatina y a los Aposentos reales. Tenías el cabello oscuro y largo, las cejas finas. Sin ser muy alta, eras larga. Los ojos de almendra oscura, no muy grandes. Preferiste la sala de Júpiter antes que las de los holandeses.Te detuviste al frente de un cuadro de Caravaggio. Y volteaste. Si, eras del norte a pesar del cabello oscuro. Sonreíste con los ojos con el cuadro atrás y toda la luz de Italia entró en ese cuarto, callado y oscuro. Bajé los ojos. Seguías mirando. Entró mucho gente y aún así me buscabas. Terminé en el baño que Napoleón adaptó para él preguntándome porque uno sigue a alguien por tan largo trecho y después no puede continuar.
Al bajar al Ponte de nuevo, a la luz del sol sobre el Arno te vi caminar alejándote: Es la belleza, la luz de Italia en mayo iluminándote y tú iluminándola. Es la belleza toscana que mezclada con la tuya, lombarda, turbia te enceguece.
Es la Belleza, que también acobarda.