lunes, 23 de julio de 2012

Diario de Tirrenia (marzo-julio 2011)


Plaza Venezuela:

22 de marzo de 2011

El domingo nos reunimos Gisela Kozak, Colette Capriles, Erik del Bufalo, Juan Cristóbal Castro y yo para debatir nuestra propuesta de una comunidad intelectual en Venezuela, que esté abierta a los venezolanos afuera, y plantee, en términos intelectuales, teóricos y académicos, una discusión sobre política. Somos muy distintos, pero sé que funcionará muy bien. Pronto veremos los frutos.
Ayer comenzaron las primeras Jornadas de Literatura Venezolana Contemporánea en la Universidad Simón Bolívar. Han resultado maravillosas hasta ahora, con sus bemoles logísticos. Compartir con Rubi Guerra, Miguel Gomes y Juan Carlos Méndez Guedez ha sido muy estimulante.
Un comienzo equinoccial lleno de esperanzas. Esperemos.

Viernes 25 de marzo de 2011
Crónica de las Jornadas (1)
Mi esposa me dejó en la Libertador, a la altura de Chacaíto y bajé. Tomaría el autobús de la Universidad en la esquina del Mac Donald. Mientras caminaba, recordé con cariño los dos trimestres en que dicté clases en la Simón Bolívar y lo buena que fue la experiencia. Al llegar a la esquina, la cola era larga. Encendí un cigarrillo. Llegaría tarde. No tuve presente el orden de las horas allá arriba (por bloques numéricos establecidos) y dos autobuses llegaron para llevarse la carga. En un santiamén, llegué a Sartenejas.
Crucé la calle de los ingleses, colindando con la Biblioteca, hacia el Rectorado. Ya Gisela Kozak me había confirmado que era ahí la primera Conferencia Plenaria, en donde ella leería. La vista del paisaje me alegró, y ya en la entrada, saludaba a mucha gente. El aire respiraba emoción, expectativa. Saludé a Vicente Lecuna, quien me presentó a Miguel Gomes y abracé a Juan Carlos Méndez Guedez, con quien me comunico abundamentemente por el Facebook. Miguel, buen scholar, llevaba traje y corbata. Juan Carlos, mucho más informal. Vicente, ni se diga. Tres formas de pensar, escribir y abordar la literatura intercambiaban comentarios jocosos. Ojalá fuera así el ambiente de toda esta Jornada: tolerancia, respeto, búsqueda de conocimiento y difusión del mismo. A los minutos, llegó Gisela, engalanada con una hermosa falda, linda. Más abrazos. Cigarrillos, ganas de café, adrenalina en los ojos de los organizadores, en especial de Carmen Victoria Vivas. Nos encomiaron a entrar al Paraninfo. Todo iba a comenzar.
La conferencia plenaria la dictarían Luis Miguel Isava, Gisela Kozak, Miguel Gomes, y Carlos Sandoval. En ella se vivieron momentos dulces y feroces. Luis Miguel dictó una cátedra sobre poesía. Desde hace mucho tiempo dejó de ser un crítico y pasó a ser un filósofo del lenguaje. Gisela cambió el ambiente y polemizó, señalando nombres, carencias, fisuras, logros, aciertos de la literatura venezolana y sus protagonistas, desde las gestiones culturales de los noventas hasta el día de hoy. Rió y repartió carcajadas y silencios entre el público. Ya la candela estaba iniciada. Las conferencias de Miguel Gomes y Carlos Sandoval continuaron el hilo de Gisela. Gomes, quien nos tiene acostumbrados a la rigurosidad académica más alta, centró su conferencia alrededor de las alegorías nacionales, haciendo una profunda crítica. Sandoval, criticó la ausencia del teatro y del ensayo en las discusiones de las Jornadas, así como en la mesa en donde se encontraba en ese momento. Habló de 17 antologías de cuentos en menos de 10 años en el país; de la industria editorial, de los triunfos de algunos y los fracasos de otros. Luego, el ciclo de preguntas fue pequeño; además, había que almorzar.
Subí, junto con muchos más, a la Casa del Profesor, para acompañar a Violeta Rojo y Miguel Gomes, con quien pude conversar bastante en el camino. Almorzamos en una misma mesa Laura Febres, Violeta, Leopoldo Plaz y yo. Al lado, los conferencistas de la mañana y los organizadores. Las charlas giraban sobre los libros escritos, las esperanzas y desilusiones de una literatura llena de mucho que dar. La subida hacia la Casa del profesor es larga y no apta para fumadores. Al bajar, nos dispersamos entre las diferentes mesas y ponencias.
Por gestarse las Jornadas en fechas de clases, no se pudo organizar todo en un solo edificio. Las Jornadas fueron hechas para zapatos de goma y patinetas: fue mucho lo que había que caminar. Con el mejor espíritu, la mayoría de los asistentes se plegó a ello, y así abordó, cual hijos de Gina Saraceni, magna maratonista, cada camino hacia los diferentes edificios. Hubo problemas logísticos: orden de lecturas, coincidencias entre mesas a moderar y mesas en donde leer (mi caso), pero nada grave que llevara a una hecatombre. Las Jornadas marcharon. Ese día, se leyó sobre Lydda Franco Farías, sobre Ednodio Quintero, Miguel Gomes, Balza, Rock y literatura, Lucas García, el delincuente, la cultura popular, la literatura y las nuevas tecnologías. Inteligentemente, los organizadores colocaron las mesas sobre los temas más modernos el primer día. Ya eso nos daba una clave de qué podíamos esperar, en cuanto a apertura, de ellos. No pude asistir a las otras mesas, pues debía leer en una. Al llegar, estábamos un poco perdidos. Andrés Pérez Sepúlveda llegó para moderarla y avanzamos a la Sala en el piso 1 de EGE. Dayana Frayle nos habló del viaje simbólico, de la navegación, del autor desterrado de su pedestal en la red electrónica. "Literatura 2.0 en ela era electrónica", de Alejandro Pichitelli, fue un gran dato biográfico que anotamos. Ana María Velazquez nos habló del despojamiento de una máscara para asumir otra en el viajero, escritor de un yo ficcional en el doble espacio de una memoria y nos recordó que el viaje de la modernidad no lleva a ninguna parte: es el alma quien viaja, incluso en la red. Luego, leí mi ponencia, sobre los blogs literarios venezolanos. La presencia de Raquel Rivas en el público, ayudó a tener un buen intercambio alrededor de las ponencias leídas, aunado a un polémico, pero rico debate, entre Pérez Sepúlveda y José Sanchez Lecuna.
Salimos contentos hacia el auditorio principal, a tomar café y comer galletas. En él, se presentaba la antología del cuento venezolano, "La vasta brevedad", editada por Alfaguara. Conversamos con Willy Mc Key, Juan Cristóbal Castro, José Manuel Guilarte y muchos más. Intercambiamos opiniones y juicios sobre las diversas mesas, y de ahí fuimos hacia el Paraninfo. La mesa alrededor de Carmen Vincenti y Judith Gerendas no fue muy llena. ¿desinterés por la literatura femenina?, ¿falta de educación de quienes estábamos presentes?, ¿por qué no fue Michelle Ascencio, quien aparecía en la programación del día en esa mesa plenaria?, ¿Y Victoria de Stefano y Ana Teresa Torres, las grandes ausentes de todas las Jornadas?
Al terminar ellas, vino la mesa de los narradores. Tampoco estuvo muy llena. Se acumularon los horarios, se montaron unos sobre otros, habían retrasos. Pasadas las 6 de la tarde, ya muchos se retiraron, pues el servicio de autobuses tiene un horario tempranero. De todas maneras, el texto leído por Rubi Guerra (una joya), y las palabras de Lucas García, Héctor Torres y Rodrigo Blanco valieron la pena arriesgarnos a no poder bajar a Caracas y pernoctar en el frío paralizante de Sartenejas. Al final, sorteamos el inconveniente, gracias a Carmen Victoria, quien se ofreció, junto con Gina Saraceni, Eleonora y otros, a bajar a los presentes. Al hacerlo, me di cuenta que el último evento fue un gran homenaje a Rubi Guerra, quizás la figura de quien más esperamos en esta década por comenzar.
Sábado 26 de marzo de 2011
Jornada segunda:
Subí a la Simón muy temprano, pues quería llegar a algunas de las mesas. Hotel California y Highway to hell me acompañaron; no en el ipod, en el autobús. Nuestro chofer era roquero, y eso nos dio claves, intuiciones, de lo que podría significar este día. Llegué al Paraninfo y escuché la ponencia de Vicente Lecuna. No abundaron los profesores de la UCV en las Jornadas. Lecuna, Kozak,Juan Cristóbal Castro, yo.Castillo Zapata. Ni sombra del departamento de Latinoamericana y Venezolana. Los infatigables del Instituto de Investigaciones sí estuvieron: Rebeca Pineda, Morenza, Sandoval, incluso alumnos de la Maestría en Venezolana. La ponencia de Vicente fue aleccionadora. Su análisis de las dos últimas obras de Barrera Tyzska fue interesante sobremanera. Su acercamiento a la alegoría nacional e individual en esas obras nos hizo empezar a hilar una temática que sería importante en todo el tiempo de las Jornadas.
Al finalizar, corrí a EGE a escuchar a Violeta Rojo. Era tarde. Ya habían leído sus ponencias ella y los demás (no hubo problemas de tiempo, cosa extraña) y ya estaban en las preguntas. La sala tenía gente. Alumnos y profesores de Barquisimeto, Coro, Maracaibo, Mérida, Cumaná hicieron presencia en cada una de las actividades. Por el contrario, la ausencia de los alumnos de las Escuelas de Letras de Caracas fue masiva. Pocas caras conocidas. Una verdadera lástima.
A las 10 debía moderar una mesa: Narrativa Venezolana: lecturas y perspectivas II. La sala que teníamos estipulada no pudimos usarla, y bajo la dirección de Mariana Libertad Suárez caminamos hasta Comunicación. Allá, muy cerca de Editorial Equinoccio, conversamos y escuchamos a los ponentes. Steven Bermúdez, de LUZ, Michelle Roche, de El Nacional y NYU, y Rossana Álvarez (nieta de Pepe Barroeta, como me dijo Gabriel Payares el día siguiente) leyeron sendas disertaciones sobre la escritura nacional, las figuras de Gallegos y Britto García, Meneses y Payares. Como final (pues una de las ponentes no llegó, aun no sabemos muy bien por qué, y es una lástima) Adriana Cabrera nos iluminó alrededor de las Digresiones en Liliana Lara, la gran escritura oriental. Las discusiones posteriores, fueron estimulantes.Juan Carlos Méndez Guedez, Rubi Guerra y Fedosy Santaella nos acompañaron. El último se tuvo que retirar y, además, la muchacha que faltó leía sobre sobre obra y nos dejó con ganas de escuchar esa ponencia. Pero los dos primeros fueron activos participantes. Debo resaltar esto: ningún invitado o escritor adoptó posturas de Divo. Todos estuvieron abiertos y con ganas de colaborar, intervenir, ayudar. Reflexionamos abundantemente sobre cómo las alegorías siguien haciendo presencia en las ponencias. Sobre el exilio exterior e interior en nuestra literatura y cómo esos caminos parecen ampliarse. Fue refrescante. No dejo de resaltar que la obra de Santaella tuvo en las Jornadas dos ponencias. Una obra interesante, fresca, renovadora, llena de un lenguaje poco usual y que tiene seguidores en todo el mapa nacional. Extrañé lecturas de la obra de Israel Centeno, de Juan Carlos Chirinos, de Gustavo Valle. Pero estoy seguro que ya vendrán.
A mediodía, tuvo a retirarme. Bajé a Caracas bajo la grata compañía y conversación de Rubi Guerra y Adriana Cabrera, su esposa. Gente maravillosa. Me encantó descubrir en Guerra una gran admiración por la obra de Shakespeare. Me comentó que entre los 12 y los 18 años leyó Hamlet por lo menos unas tres veces por año. Que luego, su acercamiento ha ido en aumento. Nadie sabe las influencias de los escritores. ¿Ahora sí podemos reconocer quizás, una de las vetas de la maestría de Guerra en sus cuentos, sus acercamientos a los personajes, a la historia y su tragedia?.
En la tarde, hubo polémicas. El día tenía a la poesía como protagonista, en sendas lecturas y reflexiones. Las conferencias plenarias sobre poesía contaron con Arturo Gutierrez Plaza, Joaquín Marta Sosa y Gina Saraceni. Marta Sosa marcó la polémica, al señalar, palabras más, palabras menos, que en Venezuela no hay poesía desde Tráfico y Guaire y señalando que la obra de Arraiz Lucca es muy importante, fundamental. Saraceni lo despachó haciendo un largo listado de nombres de poetas nacionales posteriores a esos grupos que han dejado una marca mayor en nuestra literatura, hasta hoy. Pero esto no quedó así. Los poetas que leerían luego, Luis Enrique Belmonte, Luis Moreno Villamediana, Jacqueline Goldberg, Pausides González (este último quizás no), dedicaron irónicamente sus lecturas a Marta Sosa. Todos, maestros. Todos, posteriores a Tráfico Y Guaire. Luego, poetas más jovenes: José Delpino, Adalber Salas, Santiago Acosta y otros finalizarían las Jornadas con sus lecturas.
Debo hacer un comentario personal. Creo que la figura de Arraiz Lucca levanta muchas, demasiadas ronchas. Es quizás el Gerente Cultural de línea más alta de nuestra historia contemporánea ( La GAN, Monte Ávila editores, el Cealup, la Fundación para la Cultura Urbana, son testimonio de ello). De eso no nos cabe dudas. Con respecto a su poesía, siento que muchas marcas la han signado en su acercamiento crítico: no es un hombre de izquierda, no formó parte de grupos posteriores de poetas, es miembro de familia de raigambre mantuana. De su obra, siempre rescato "Pesadumbre en Bridgetown". Editado por Pequeña Venecia y su cuerpo editor, de obra reconocida( Barreto, Strepponi, Pantin, López Ortega) es un poema largo con la huella de Eliot que anuncia muy bien el desastre que vendría sobre nosotros en la década de los noventa. De su obra anterior y posterior, deben hablar los especialistas, y yo no lo soy.
Esta segunda Jornada nos deja más preguntas: ¿Hablarían del proyecto de la Revista El Salmón?, ¿ Y de proyectos y poetas del interior del país, en donde se gesta un movimiento de altura y entusiasmante?, ¿ Se reflexionaría cómo la poesía pasó, luego de estar en el pedestal mayor, a un segundo lugar con el mini boom de la narrativa en esta década?, ¿ dentro de las diferentes mesas, dejando aparte la Conferencia Plenaria con que se inauguraron las Jornadas, se hablaría en algún momento de ediciones nacionales o internacionales de poesía?¿ Números, estadísticas, cantidad de talleres?
Con estas preguntas, hacia el final de la tarde, luego de corregir, preparar algunas clases, descansar, lavábamos los platos pensando que ojalá no nos dedicáramos tanto a lavarnos las manos ante el reto mayor de acercarnos a nuestra literatura, analizarla y difundirla. Estas Jornadas, seguían anunciando esperanzas. Los Rolling Stones me ayudaron a cerrar el día.
Gracias a los dioses, todavía quedaba el último día de las mismas: el de la mañana siguiente.
Domingo 27 de marzo de 2011
Jornada tercera (y última)
Llegué a las 8 al Paraninfo. Juan Cristóbal se alegró, pues sospechaba que la mesa en donde estaría no tendría mayor público. Era sobre Literatura y Política. Efectivamente, al comenzar, no abundaba (pero luego las cosas cambiarían: un asunto de puntualidad criolla, tráfico y lejanía contribuyeron a que no llegara la gente a tiempo). Un par de muchachos de sociología de la UCAB leyeron un trabajo en ciernes sobre la idea de Nación y Literatura y su elemento inconcluso. Juan Carlos Araque, segundo en el orden de lectura, no llegaba. Leyó entonces Juan Criistóbal. Me pareció muy importante su ponencia, alrededor de "Gallegos espectral". Cómo la figura de Gallegos, en estos tiempos, ha vuelto a surgir. La idea del intelectual como pastor de hombres, como salvador de la patria, ronda nuestra literatura, en especial nuestra narrativa más existosa en estos momentos, aquella de carácter histórico. Fue una ponencia demoledora. Luego, María Julio Cordero reflexionaría sobre su padre y cómo su obra se vio relegada entre las roscas culturales de la IV República. Su meditación alrededor de pueblo y ciudadanía crítica, fue impactante. Al final, Araque llegaría. Venía directo desde Barquisimeto para leer su ponencia, había salido la noche anterior. Toda una lección para algunos caraqueños y su pequeño desprecio a estas Jornadas. La ponencia de Araque era sobre el Testimonio en la literatura, en la figura de tres autoras venezolanas de los setentas: De Stéfano, Madrid, Zago. Mostró cómo la década del fracaso de la guerrilla, del pensamiento sobre ese fracaso se hace cada vez más, mostrando sus costuras en cuanto a una posibilidad de cura, lo cual se manifiesta en el revanchismo de quienes están en el poder.
A las 10, escuchamos la mesa sobre Narrativa y Espacio Urbano II. Santaella, Rodrigo Blanco, fueron los interpelados en estas ponencias desde posiciones interesantes. Luego, escucharíamos una lectura,  sobre el testimonio en la literatura presidiaria de los años setenta. Toda una reflexión, en donde la métafora del país como cárcel es escalofriante, pero no menos cierta.
Almorcé con Enza García Arreaza y José Manuel Guilarte, luego de caminar mucho por la Universidad. Pude conocer a Moreno Villamediana y conversar con gente valiosa. Fue muy esperanzador vivir unos días en donde en cada esquina te encontrabas con alguien con quien intercambiar experiencias, conocimientos, alegría, dudas, terror.
En la tarde, nos encaminamos hacia la Conferencia Plenaria sobre Narrativa Contemporánea, la gran protagonista de las Jornadas. Carlos Pacheco, Arnaldo Valero y Gustavo Guerrero, invitado especial, leerían para nosotros. La conferencia de Pacheco nos llevó al Falke, como paradigma narrativo de la novela de esta década. Valero, nos llevó, quizás en un tiempo demasiado extenso de lectura, hacia la figura maravillosa de Juan Félix Sánchez. Guerrero nos cautivó con una conferencia llena de esperanzas para la literatura venezolana, sobria, bien escrita. Esperábamos conferencias semejantes a la de Guerrero definitivamente. Pienso que la Plenaria no apuntaba a trabajos personales sobre la literatura venezolana, sino a una interpretación de ella en la última década, o la anterior y la por venir.
A las 4 de la tarde, luego de mucho café, risas y cigarrillos, entramos nuevamente al Paraninfo para escuchar a Federico Vegas, Alberto Barrera Tyzska, Oscar Marcano, y Juan Carlos Méndez Guedez. Fue un conversatorio relajado, divertido, reflexivo. La nota más alta la alcanzó Méndez Guedez, al presentarnos su pesimismo sano. Que no creeamos en mesianismos literarios, en mini booms, en enchinchorramientos como escritores. No debemos nunca dejar de trabajar, más allá de los vaivenes del mercado. Hubo un debate interesante en Vegas y Barerra. El primero (recordamos al Gallegos espectral de la mañana), anunció que el escritor es el verdadera salvador de la patria. Que sus mayores influencias eran Reverón, Villanueva y Gallegos. Algo que no invita a reflexionar hasta el hueso. Son todos figuras de antes de 1958, es decir, antes de la democracia. ¿ No concibe todavía la literatura venezolana patrones, imaginarios, más allá de la huella modernizadora (1935-1955) y la revolucionaria (60s)? Es curioso cómo un período como lo fue la democracia entre 1958 y 1978 no se considera un paradigma. El período de la historia en donde realmente se gestó una idea de ciudadanía, de democracia en Venezuela, merece una nueva mirada, sin ingenuidades de derechas e izquierdas centradas en sus absurdos más degradantes. Vegas fue encantador, como suele serlo, y supo llevar sus intervenciones. Es un gran escritor y un gran amigo a quien admiramos, que sabemos se abrirá a nuevas esferas. Barrera, amablemente, lo llevó a hacer tablas con él, a partir de un escepticismo sano, crítico, quebrantador de espectativas. Me hubiera gustado contar con la presencia de Israel Centeno en esa mesa; creo, sin temor a equivocarme, que hizo muchísima falta. Fue un conversatorio respetuoso, entre amigos, que escriben distinto, piensan distinta a la literatura, pero son capaces de establecer un debate sin matarse. Un ejemplo a seguir (pero faltó más sangre).
Las Jornadas finalizaron con un brindis, planes futuros, debates entre copas, críticas, abrazos, cansancio. Es quizás una experiencia sin igual en nuestro mapa literario, que nos llevará, si nos organizamos y vencemos los egoísmos, a presentarnos críticamente y como "marca" (aunque no guste esta palabra) ante el mundo, como lo hacen argentinos, mexicanos, colombianos y españoles sin ningún complejo. Hay que mostrarse y hacerlo valerosamente, trabajar y seguir trabajando por unas próximas Jornadas en 2013. Quizás, un nuevo premio Herralde esté entre nosotros, o un Alfaguara, o una tendencia rica en cuanto a crítica del teatro o una revaloración del ensayo. Un lugar donde las alegorías nacionales sean sobre un futuro posible, una ciudadanía lectora y crítica a partir del lenguaje. Una clausura del siglo XIX.
Gracias a todo el equipo de la Simón Bolívar, en especial a Carmen Victoria Vivas, que se entregó en cuerpo y alma a estas Jornadas. A ella y a todos, salud y literatura.



Lunes, 28 de marzo de 2011.
Quisiera hacer una bitácora de status, Notas y comentario de mi cuenta en Facebook. Pero todavía no ayuda. Es engorroso ir hacia el pasado en la Red; no lo avalan, ni lo alientan. Puede llegar a ser un culto a la desmemoria a partir de una memoria único. La diversidad en internet puede llegar a ser una estafa.
mar2011-Dic 2011:leer teoría para la tesis, trabajo de campo virtual con los blogs (tesis), empezar fichas de lecturas para el concurso de oposición (griegos, Virgilio, Dante, Boccaccio, Rabelais, Shakespeare, romanticismo, vanguardias europeas, etc), terminar mi novela, rearmar el libro de minificción, terminar dos cuentos para el de cuentos largos. La lectura de Ficción contemporánea entra en período de espera.

Lunes 04 de abril de 2011
Una semana alejado de este diario. Muchas ocupaciones, pero en verdad no hay excusa. Debo ser fiel al registro.
Analizo, en estos días, dejar la Monte Ávila y volver a la Simón Bolívar. Hablo de un profesorado más organizado, en donde los debates sean ricos y estimulantes. Aun así, pienso proponer un Taller de escritura creativa para muchachos de tercer a quinto año en la Monte Ávila. Espero que la dirección sea receptiva y acepten. Mientras, espero por la apertura de concurso en la Simón. Ojalá haya suerte.

Martes 05 de abril de 2011
Anoche, gritos de auxilio en la calle, como a las 11. Nos paralizamos. Luego, enseguida, un carro a gran velocidad en fuga. ¿a quién secuestrarían? un infierno vivir así en este país.

Miércoles 06 de abril de 2011
Desde el balcón de mi casa, se debería ver perfectamente el Abra Solar, de Alejandro Otero. Por desgracia, no es así a razón de una enorme valla en la azotea del edificio que bordea la avenida. Antes, recién mudados aquí, no decía nada. Desde hace unos quince días, dice: “déjenlo trabajar”, en rojo, refiriéndose al Presidente. Es una soberana burla, un victimismo más de este gobierno ineficiente y corrupto. Entre el paisaje y el pragmatismo nos movemos. Entre intentar ver desde el balcón el arte y la modernidad como paisaje, y encontrarme con el pragmatismo ignorante que impone un inmediatismo de arepas y cervezas. Me recuerda un edificio a la entrada de la Casanova. Nunca he manejado, y eso me ha permitido ver con detalle a mi ciudad. Hay un edificio con figuras en sus paredes, ilustraciones casi. Para mí, la clave del lenguaje de mi ciudad está ahí, en esos signos. Sólo que nunca los hemos descifrado. ¿alguna vez podremos?
Lunes 11 de abril de 2011
Goebbels haciendo de las suyas en la calle, en el Metro, sonriendo. Goebbels, con este gobierno, reina en Venezuela.

Viernes, 15 de abril de 2011
Mañana para Boca de Aroa, a descansar un poco cerca del mar. Ayer caminando por Quebrado Honda con Javier, viendo cómo ese espacio podría ser una nueva Granada: la Iglesia de Santa Rosa de Lima (que aglutina a la comunidad peruana), la Iglesia Meronita, más atrás la Sinagoga y cierra la Mezquita. Aunado a esto, un Teatro, el Amador Bendayán, nombre que toma también este boulevard, y el espacio de ensayo de las Orquestas Infantiles y Juveniles del país. Una maravilla sería.
Avanzamos luego hacia la Plaza de los Museos. El parque Los Caobos, un espacio lleno de vida que pienso explorar en vacaciones. Los museos bastante abandonados. Varias salas cerradas. El de Arte Contemporáneo sin su belleza de antes, en especial en los espacios de afuera. Adentro, el patrimonio de Sofía ïmber: Picasso, Miró, Bacon, y un largo etcétera del mejor arte del siglo XX.
Caminando del Museo de Arte Contemporáneo hacia el avenida Bolívar, en las Torres de Parque Central, vemos una capilla con un vitral curioso, y en la parte superior de ella un letrero de hotel que dice "Parroquia", y más abajo, en luces de neón, "San Ignacio de Loyola". Las vainas raras de mi ciudad.
Remontamos hacia la nueva sede de la GAN, y luego el Centro Simón Bolívar, en donde finalizamos con dos cervezas en una tasca subterránea. Una mañana caraqueña.

02 de mayo de 2011
Muerte de Gonzalo Rojas y Ernesto Sábato. Muerte de Osama Bin Laden.
Hoy a la Católica a conversar con Marcotrigiano sobre mi seminario de Literatura y nuevas tecnologías. En la tarde a reunirnos para definir el Manifiesto con Gisela y Juan Cristóbal.
Vivimos en unas costas en donde la ciencia y la tecnología no han contado nunca con el apoyo necesario y, paradójicamente, se les ha endiosado. Por el contrario, las Humanidades, en especial las artes y la literatura, son la mayor contribución latinoamericana al mundo, y siempre han sido periféricas y mal pagadas. Reunir poesía y cibernética, como postuló alguna vez Octavio Paz, es el camino. En ese camino, no dejó de indagar Sábato, por ejemplo.
14 de mayo de 2011.
El gobierno nos exprime. Ganamos una miseria y pretende que nos contentemos con poco. Hay que luchar. Un buhonero gana más que un profesor universitario, con doctorado y años de experiencia.
Somos profesores mendicantes. Casi dominicos.

24 de mayo de 2011.
En plena efervescencia del Festival de la Lectura. Se agradece. Aun así, es lamentable que estemos supeditados todos a una Alcaldía en Caracas para este tipo de eventos. Todos los lugares culturales mayores están en Chacao. Eso significa seguir sus dictados. Hay envidias entre autores en estos días. Aquellos que están en el epicentro y los que no son tan observados. No hay mayores novedades en este Festival, en donde lo pop, la moda, la música y la farándula suelen llevarse el primer lugar. Todo por el dictado de dos embajadas y un puñado de editoriales, quienes ponen el dinero. Mientras, la presencia de nuestros escritores en la esfera internacional, es mínima, y mientras Alfaguara celebra autores aquí y los promociona, abandona a otros en el extranjero, como Israel Centeno, por ejemplo.
Voy saliendo de una fuerte gripe, espero estar pronto en la calle en los días por venir, para los eventos subsiguientes. Hoy reunión de profesores en la UCV. Quién sabe qué medidas saldrán de ahí para el reclamo legítimo al gobierno.
Mi suegra, a ser operada el jueves. Fin de semana de mucho movimiento.

Lunes, 30 de junio de 2011.
No han pagado la quincena. Se espera el aumento. Eso somos, mendigos que esperan sus monedas.

Me levanto, doy besos a mi esposa que tiene un dolor en el abdomen, la beso más y más para despertarla, como cada mañana; riego las matas, veo el paisaje en desolación de mi ciudad distópica, ese fracaso de una modernidad que no llegó. Es verdad, Caracas es fea. Soñamos arreglarla, quitarle el sucio, pintarla de nuevo. Pero es una postergación perenne.

Ojalá esta semana me paguen en la universidad lo que me deben. Eso me ayudaría a aliviar las deudas, pagar la reserva de la iglesia para nuestra boda en diciembre, poner un poco para los pasajes a Brasil.

Avanzamos, o eso creemos.

07 de junio de 2011
Ya tenemos los pasajes a Brasil. La universidad me debe dinero todavía, y quién sabe cuándo pagará. Heredé de mi madre el depender de un ministerio. El mío es la UCV, uno de los mayores elefantes blancos de este país.
Cada día, más se van del país. Por lo menos las historias suelen ser de éxitos. La crema intelectual de Venezuela abandona nuestra tierra. Y no decrecerá. Siento, que cada día que pasa, Blanca y yo nos acercamos más a ese camino: emigrar. Pensamos en Chile. Yo sigo con mis sueños de hacer el doctorado en Inglaterra. Ya veremos.

Jueves 16 de junio de 2011.
Ya esto empieza a dejar de ser un diario para convertirse en un cuaderno de apuntes. Más Canetti que Musil.
Ayer tampoco depositaron el aumento. Anuncian los recursos, pero no los vemos en nuestra cuenta del Banco. Es curioso, como tenemos que conformarnos con que nos paguen cuando quieran. En estas comarcas inventamos las palabras para violarlas luego. Una y otra vez.
Con proyectos de escritura en ciernes, ahora que las clases en las Universidades terminan. Entre las mininovelas, la novela breve y la tesis, tendré bastante trabajo en estos días hasta septiembre. Espero surjan frutos.
A partir del lunes comienzo a hacer ejercicios en las mañanas, luego escritura y en la noche leer. Debo disciplinarme.
Hoy abro el blog de apoyo a la cultura para el candidato de la Unidad, y, si tenemos suerte, le próximo presidente. Si tenemos más suerte, puede llegar a ser una política de Estado. Tengo fe.
Más que un cuaderno de apuntes, es un fragmentario en forma de telegrama esto que escribo.
Lunes 20 de junio de 2011.
Nos quedamos dormidos. Los días de lluvia nos ponen lentos a Blanca y yo. Más, luego de un fin de semana de muchas actividades: ir a Jóvenes con FIA, sentir nostalgia por tantas actividades culturales que se hacían en ese espacio en los noventa, sentarnos en la Plaza la Castellana, ir a una piñata. Me gusta pasear con mi esposa, recorrer la ciudad. Ayer además el día del Padre, con muchas comidas.
Aun así, no provoca a veces salir de casa. Aquí hay internet, películas, nuestros libros y nosotros. Nuestra cama, nuestra ducha y nuestra cocina. A veces no queremos otra cosa.
Conversamos largo en la noche sobre un hijo. Queremos uno, pero insistimos en terminar las maestrías primero y en esperar las elecciones. Si gana el chavismo, nos vamos del país y lo tenemos fuera. Si pierde, aquí.

Miércoles 27 de julio de 2011.

Pienso en renunciar a la UCV y siento como si me separara de una mujer con quien he convivido durante muchos años. La Escuela de Letras es una pasión. Casi como los barceloneses hablan de su equipo: mucho más que una Escuela. Pero ese tiempo se anuncia.
Creo que terminaré la tesis de la Maestría y no presentaré el Concurso de Oposición. Eso me traerá dolores, rencores de la gente, tristezas pero creo que ya no hay otro camino. Tengo meses pensando eso: irme de la universidad. Necesito dinero, necesito hacerme un futuro aquí, ya. No tengo la paciencia de esperar una jubilación en 30 años. Me preocupa Blanca, pues ella si cree en eso, en las jubilaciones. Algún día entrará en la Universidad y hará sus caminos. De eso estoy seguro.
Mientras tanto, pienso en librerías, en comprometerme completamente con la UCAB, otros caminos.
Transversalidades, interdisciplinariedad, bisagras, fronteras: con eso sueño.

Martes 08 de agosto de 2011.
Sigo en estos apuntes. Resolví lo de la entrega de la tesis y el concurso de oposición. Primero una cosa, luego la otra. Aun así, tengo pesimismo alrededor de la universidad.
El domingo el cumpleaños de Blanca, maravilloso; y alrededor de esto, atenciones médicas a mi padre, viaje de pocos pero sabrosos días a San Cristóbal, regreso para poner orden en casa. ¿Cómo hace uno para comprometerse a veces con tantas cosas? Quizá los mejores de esos compromisos: el trabajo en materia de cultura con la MUD, y los Radicales. A propósito de la visita de Piglia por el Rómulo Gallegos, toda una discusión vía mail. Pero hay acuerdos. Parece que vienen buenas cosas.
Mientras, y como siempre, yo buscando tiempo para escribir. Espero esta tarde pueda rendirme.




















viernes, 8 de junio de 2012

Mecánica del rapto (V-final)-de la fuga de Ismael Da Silva


CINCO.
Paró el autobús en la Torre Europa; a la altura de la Avenida Solano ya había pagado el pasaje y se vio avanzando hacia la Avenida Libertador. Era temprano; no había tomado café. Lo iba saboreando y respirando con los ojos cerrados, olvidándose de lo sucedido en la madrugada. Ya El Rosal no es como antes, mucho menos Sabana Grande. Eso le dijeron desde que llegó a la ciudad. Al entrar en la Andrés Bello, dando el autobús un giro, abrió los ojos. Pronto llegaría a la Iglesia de la Chiquinquirá y tendría que bajarse. Quedó atrás la Avenida los Jabillos, quedó atrás Niní & Amalia. Bajó por la larga avenida, otra vez hacia la Libertador, ahora a pie. Fue contemplando los edificios, la vegetación, las personas y sus perros. Los mira con piedad; piensa, llevado por la costumbre, acercárseles, pero no se siente con fuerzas. Apretó el libro de siempre en sus manos. Alzó la vista al cielo, murmuró unas palabras y siguió su camino. Al llegar a Kristy Café, fue por un guayoyo. Se bebió dos. Grandes. Hirviendo. No podía con la tristeza ahora que se encontraba tan cerca de la funeraria. No era la de la esquina, la más grande. Era esta, la que tenía al frente. El café le dejó la lengua seca, algo que solía atormentarlo. En la entrada vio a Juan, el viejo compañero de la cárcel y más allá, al Pastor, que era su objetivo. Pero él vendría después.
Recordó las palabras de Jeremías en la cárcel, esas que pronunció una vez, luego de convertirse: nada podrá salvarlos a ustedes. 
Marcó el teléfono, y transmitió las ocho grabaciones que tenía: todas las cinco historias. En cuestión de minutos, le llegarían a sus jefes. Sería de utilidad para la Resistencia.

 Pidió una botella de agua, canceló, y decidió, al fin, entrar a ver el cuerpo sin alma del Profeta.

martes, 5 de junio de 2012

Mecánica del rapto (IV)-de la fuga de Ismael Da Silva


CUATRO.
Llegué al estadio, vía Metro. Era un infierno: cientos de personas de las camisas del equipo y sus colores, desfilaban delante de mí. Agazapado, fui avanzando hasta salir al Parque Canaán, el gran espacio de áreas verdes en donde antes estaba la antigua universidad, cerrada desde el 2012. Todos sabíamos esa fecha, pues la enseñaban en el colegio como el año en que nos liberamos de los falsos conocimientos, de las mentiras del mundo. Se intentó hacer una escuela de Teología en ella, pero fracasó porque se inscribían los antiguos alumnos, llenos de nostalgia, buscando seguir en sus aulas y por lo menos discutir algo en ellas. Los expulsaron. Y al ser tan pocos los que quedaban, se decidió trasladar la escuela a otro lado. Hoy, la antigua Catedral, derrumbada, brindó el espacio para su existencia.

Avancé  por la entrada de la avenida Los Profetas, y caminé con la multitud. Llegamos rápido. Yo busqué a los representantes de la Iglesia, y me hicieron pasar a los vestidores del equipo. Ahí, saludé a todos y los invité a rezar conmigo. Algunos, los no convertidos, lo hicieron de mala gana. Oré con más fuerza por ellos y le pedí al Señor que abriera sus corazones al fuego divino. Alguno hizo un comentario burlón al escuchar eso, y lo fulminé con la mirada. Luego que salieron todos, a prepararse para el juego, con las voces de las multitudes furiosas y contentas, pedí que me dejaran solo.

Me sentí en un banco y observé a mí alrededor. Muy pronto estos muchachos regresarían a este vestidor con caras de derrota o de victoria. Debía hacer lo imposible porque fuera lo último, y contaba con la fuerza de Dios para inspirar a todos. Dios estaba en mi voz, en mi garganta, y sé que con su fuerza ganaríamos.
Hice silencio dentro de mí. Pensé en mi madre, mi padre, mis hermanos; pensé en Rita y en lo que me dijo, e igual en Ismael; se me aceleró el corazón con mucha rapidez al pensar en Karla, y me temblaban las piernas. Por último, recordé las palabras de mi Pastor, y lleno de valor  me encaminé hasta la entrada del campo.

Al salir, y estar en la grama, me di cuenta que este era el mayor templo de esta ciudad. Este era el lugar para predicarles a todos, para convertirlos a la gracia de Dios nuestro Señor. Me hicieron señas para que me acercara al medio del campo y, luego de presentarme ante el público, me dijeron que luego del canto del Salmo 5, el Himno oficial del país, podría empezar a predicar, pues ya el canto de los andinos había sucedido. Hice silencio para cantar con todos:
                        Escucha, Oh Jehová, mis palabras;
Considera la meditación mía.
                        Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío,
                        Porque a ti oraré.
                        Oh Jehová, mañana oirás mi voz;
                        De mañana me presentaré a ti y esperaré.
                        Porque tú no eres un Dios que ame la maldad:
                        El malo no habitará junto a ti.
                        No estarán los insensatos delante de tus ojos;
                        Aborreces a todos los que obran iniquidad.
                        Destruirás a los que hablan mentiras:
                        Al hombre de sangres y de engaño abominará Jehová.
                        Y yo en la multitud de tu misericordia entraré en tu casa:
                        Adoraré hacia el templo de tu santidad en tu temor.
                        Guíame, Jehová, en tu justicia a causa de mis enemigos;
                        Endereza delante de mí tu camino.
                        Porque no hay en su boca rectitud:
sus entrañas son pravedades;
sepulcro abierto su garganta:
con su lengua lisonjearán.
Desbarátalos, oh Dios;
Caigan de sus consejos:
Por la multitud de sus rebeliones, échalos.
Porque se rebelaron contra ti.
Y alegrarse han todos los que en ti confían;
Para siempre darán voces de júbilo, porque tú los defiendes;
Y en ti se regocijarán los que aman tu nombre.
Porque tu, oh Jehová, bendecirás al justo;
Lo cercarás de benevolencia como con un escudo.

Al finalizar, la gente del Deportivo Táchira estaba en silencio, y la barra de nuestro equipo, gloriosa en el Señor. Entonces comencé mis palabras:
Yo me he sacrificado: me libré hace algunos de aquello que me ataba a esta tierra. Soy un hombre, pero no lo soy tampoco. Soy un hombre de Dios, en quien Dios vive, como puede y debe vivir en ustedes. Nos ha enseñado él desde siempre a seguir su palabra: nos la enseñó Jacob e Isaac, David y Amós, Job y Nehemías y por eso estamos aquí, en este gran templo, en este estadio que es hoy un templo del Señor: ¡para glorificarlo derrotando a los infieles andinos!

Gritos de locura acompañaban mi prédica. Con el micrófono, se ampliaba mi voz, que es la de Dios, hacia todos estos nuevos hermanos.

Desde aquel día en que renuncié a la tierra, a sus placeres superficiales y sin sentido, soy un hombre nuevo, y ustedes pueden ser hombres nuevos y mujeres nuevas también. Vean a este hombre que les habla, otro por completo desde que es del Señor, otro por entero, bendiciendo a nuestro equipo para su triunfo total.

Yo declaro, con esta bendición en nombre de Jehová, que derrotaremos por muchos tantos a este equipo de infieles, de camisetas amarillas, de acento despreciable. Nosotros, el pueblo de Dios, habitantes de esta ciudad que es la Nueva Jerusalén del mundo, ganaremos este partido, así como todo el campeonato.

¡Ha hablado el profeta del Señor, aleluya!
La última palabra resonó durante más de 10 minutos en todo el estadio, y probablemente hasta Plaza Yavé y más allá. Al retirarme a mi asiento, supe claramente que ganaríamos.

El partido comenzó claramente a nuestro favor. Al minuto ocho, hubo un poste que maldecimos. Luego el juego continuó con un juego frenético hasta el minuto 24, en que hicimos el primero, seguramente de muchos, goles. El lugar se estremecía. Loas y loas al Señor se entonaban de nuestro lado del estadio. Más de cinco minutos de celebración tuvimos, en donde los árbitros no encontraban qué hacer. Al reanudarse el juego, el equipo contrario comenzó a jugar sucio. Nuestros jugadores terminaban derribados cada cinco metros. Dos tarjetas amarillas solucionaron por un tiempo eso, pero el marcaje frontal continuó. Entonces vino la hecatombe: en el minutos 42, en un descuido del medio campo, metieron un balón desde atrás y el alero izquierdo de los contrarios corrió, lo alcanzó, se quitó a uno de encima y pateó haciendo un tanto. Sin tiempo que perder, el equipo reanudó el juego, sin resultados mayores. El primer tiempo terminó 1 a 1, y se fueron al descanso.
No podía creer lo que sucedía. Empecé a correr de un lado a otro, a increpar a los jugadores y a rezar en medio de ellos en el vestidor, para llenarlos de ánimo. Pero la tensión era muy fuerte, y no se preocuparon tanto por mí, sino por las indicaciones del entrenador, que me miraba impaciente. Las lágrimas brotaban como chorros. Me sentí maldito como Job. ¿Qué pasaba con mi voz?, ¿qué pasaba con la voz del Señor en mí? Sin tiempo a pensar más, vino el llamado del equipo al campo, y entonces supe lo que debía hacer. Corrí hacia el medio del campo con el micrófono y pedí silencio.
Entonces hablé:
            No deben dudar de nuestra victoria, hermanos. Más de 40 años pasó el pueblo de Israel en Egipto, y el señor no retiró su mano de él. Nuestro hermano Job sufrió mares, sin olvidarnos de nuestro señor, que murió en la Cruz por nosotros. Apenas comienza el juego. Que la fe no nos abandone.

¡El Señor me dice que hay pecado entre nosotros en este Templo!. Que no nos liberamos de aquello que nos mueve a creer. Estamos todavía atados al pasado, y con ese pasado no podremos triunfar. ¡¡¡Libérense, libérense!!!

Así, poco a poco me fui quitando los zapatos y la corbata, invitando a todos a hacerlo. Luego la camisa, y en todo me acompañaron los nuestros, menos los jugadores por razones del reglamento. Arranqué la correa de mi pantalón e increpé:

¡¡¡Con el látigo del Señor derrotaremos a estos infieles; con su fuerza los aplastaremos como a Sodoma y Gomorra!!!!

El pueblo me acompañaba, y en el delirio de Dios me liberé de los pantalones, y luego de mi ropa interior, invitándolos a sentirse libres en la Palabra divina, a creer con fervor. Y entonces, el grito de estupor y vergüenza de muchos resonó en el Templo.

¡¡¡Yo soy un hombre libre, libre de esta tierra impura del destierro!!

¡¡Mírenme!! Hace años, siendo un hombre pecador, violé a un hombre en la cárcel. Sí, lo violé. No tenía otra opción para sobrevivir, me lo indicaron los matones del precinto.

Empecé a llorar, y me puse de rodillas.

Por ese pecado mayor, un día decidí que debía renunciar a mi hombría. Me castré. Si, me castré con un chuzo que me vendió un Guardia Nacional. ¡¡¡Lo hice y no me arrepiento!!! ¡¡¡Lo hice y lo volvería a hacer!!! Pues yo soy del Señor, y solamente de él. ¡¡Arrepiéntanse y conviértanse al Señor, libérense de todo aquello que los ate!!
Bien nos dijo en los Evangelios: ¡¡si un ojo es causa de pecado, quítate el ojo!! Yo he cumplido la palabra del Señor y él, por medio de mis manos y mi voz, me dará la victoria.
Mientras hablaba, de rodillas y abrasados los ojos por las lágrimas y el sudor, desnudo en medio del campo, no me di cuenta que la mitad de nuestras gradas se vaciaron. Ni de cómo el ruido ensordecedor de los insultos y escupitajos me envolvían. Habían apagado el micrófono hacía varios minutos y mi voz no resonó más en el estadio.

Varios hombres me tomaron por los hombros, me cubrieron con unas sábanas y me acompañaron hacia la salida del lugar. Ahí, me entregaron mi ropa y mi Biblia, y se retiraron. Pero yo no me resigné. Sin que se dieran cuenta, subí hasta los escalones más altos y en silencio, pues había enronquecido como jamás me había pasado, vi a nuestro equipo ser humillado 3 goles a 1, sin contar los dos expulsados por tarjeta roja.

No podía creerlo. Grité, grité desesperado, porque el Señor me había abandonado. Me quedé sentado en ese lugar, escondido, mientras se vaciaba el estadio y vi algo que me aterrorizó: en la pantalla grande, estaba el rostro de Ismael mirándome. “Escuché todo”, me dijo con todo el eco del lugar. “Por lo menos, a ellos no los engañaste”. Y se fue de la pantalla.

Salí del estadio por la salida hacia Plaza Yahvé, y ahí corrí por el puente sobre el río.


Bajé los hombros y quedé desnudo, desnudo en ese puente iluminado por la hora de la torre Sión. Iluminado por la hora de encontrarme con el Señor.

Lancé la Biblia al río. Y enseguida la seguí.

domingo, 3 de junio de 2012

Mecánica del rapto (III)-de la fuga de Ismael Da Silva


TRES.
Caminé hasta La California, crucé la zona de casas e industrias, y tomé el Metrobús antes de Caurimare. Debía ir a La Guairita antes de encaminarme a Chacaíto. El tráfico fluía. Poco después de montarme (no había puesto en el Metrobús), pude ver a unos tres hombres y una mujer conversando. Los hombres, con camisa blanca manga corta, corbata y una placa que decía: Iglesia de los santos de los últimos días. Mormones. Tenían desde hace años una iglesia en Caurimare, y habían captado muchos adeptos desde que construyeron la Catedral en donde antes estaba Plaza las Américas. Dominaban en la zona de El Cafetal. El consumo de café había desaparecido, entre otras cosas. Paganos. Herejes. Mi mirada encendida fue captada por la mujer, en especial al ver mi Biblia y mi vestimenta. Dirigí mi mirada hacia la ventana: justo pasábamos frente a su primera Iglesia. Se habían ampliado: compraron los terrenos del Centro Comercial Caurimare, donde antes según me contaban hubo un cine y lugares donde comer. Parece que también un Quintas Leonor, esas ventas de ropa por departamento, económicas. Ellos acabaron con eso. Extendieron la Iglesia, compraron también una bomba de gasolina que había en frente y unieron los espacios con un puente. Pagaban muchos impuestos a la Alcaldía: ellos lo aprobaron de inmediato. Al avanzar hacia San Luis, pude ver que los tres hombres me observaban con hostilidad. Uno, el mayor, rubio, claramente norteamericano, me preguntó en un español que daba risa, qué hacía por esta zona. Pensé en no responderle, en simplemente sacudir mis zapatos y apartarme de ellos, pero no podía moverme por la cantidad de gente que había en el transporte. Lo encaré: voy a visitar a unos hermanos. ¿Dónde?, me increpó. En La Guairita, respondí. Hizo silencio. Ese espacio será también nuestro, dijo, y sin más, continuó conversando con sus compañeros. La ira del Señor me empezó a abrasar. Levanté el rostro y anuncié con toda la fuerza de mi voz:
Sin profecía el pueblo será disipado: más el que guarda la Ley, bienaventurado él.
El siervo no se corregirá con palabras, porque entiende, más no corresponde.

El Metrobús entero hizo silencio. Ellos se batían de la rabia. Uno de ellos intentó responderme. Su voz daba risa. La voz, infiel, le dije, la voz lo es todo. El Señor habla por mi voz, porque mi voz es de él. Él habla a través de mi, no de ti, y todos aquí pueden constatarlo. Cuando intentó replicarme, le recité con la mayor hondura en mi garganta:
¡Ay de la ciudad ensuciada y contaminada y opresora!

No escuchó la voz, ni recibió la disciplina; no se confió en Jehová, no se acercó a su Dios.

Sus príncipes en medio de ella son leones bramadores: sus jueces, lobos de tarde que no dejan hueso para la mañana:

Sus profetas, livianos hombres prevaricadores: sus sacerdotes contaminaron el santuario, falsearon la Ley.

Jehová justo en medio de ella, no hará iniquidad: de mañana sacará a luz su juicio, nunca falta: más el perverso no tiene vergüenza.

Hice talar gentes; sus castillos están asolados; hice desiertas sus calles, hasta no quedar quien pase: sus ciudades están asoladas hasta no quedar hombre, hasta no quedar morador.

Dije: ciertamente, me temerás y recibirás corrección; y no será su habitación derruida por todo aquello sobre que los visité. Más ellos se levantaron de mañana, y corrompieron todas sus obras.

Esto dice el Señor, les dije, en Proverbios y en Sofonías, pero su ignorancia no les permitirá entenderlo. Esta es la historia de esta ciudad y de todas las ciudades de estas regiones. Estas Iglesias, estos templos suyos, heréticos, caerían por la fuerza de la voz del Señor.

Sin responder, con la cabeza baja, se bajaron en la siguiente parada. El Metrobús siguió su camino hasta el final.
Cuando me bajaba, alguien me tomó por el brazo. Era Ismael. Me hizo señas de que lo siguiera. Caminamos vía Santa Clara, en la misma ruta que la Guairita, y entramos a un Parque. Me dijo que me sentara.
-       Jeremías, cómo estás. Me llamaste. Al principio no te reconocí, sabes, por tu voz.
-       Le pasa a todo el que me ha conocido antes de mi transformación por el Señor.
-       “Entiendo”, me dice sospechoso. Lleva unos lentes oscuros, un sombrero, ropa casual y sencilla. “Te escuché en el Metrobús. Te vengo siguiendo desde hace rato. Sonaste muy fundamentalista Jeremías, no eras así cuando predicabas en la cárcel”.
-       Es que yo soy otro, Ismael. Otro. El Señor vive en mí, en mi voz, y con ella cambio la vida pecadora de los otros.
-       ¿Y si los otros no quieres cambiar?
-       Es inevitable. Estoy seguro que incluso ahora sí lograré que te conviertas.
-       No, Jeremías. No. Mi alma es distinta. Hace tiempo dejó de creer en encantadores de serpientes. Hace tiempo no, nunca.
-       Para mi es imposible eso. Yo no sufro de esas emociones. Soy un hombre espiritual. Este cuerpo apenas es un pretexto.
-       ……….
Ismael se me quedó mirando, cada vez más sospechosamente. Se quitó los lentes y pude ver muchas cicatrices en su cara.
-       ¿Desde cuando tienes eso?
-       Después de fugarme de El Dorado, fui a hacer un trabajo y me atraparon al poco de partir de esa isla.
-       ¿Cuál isla?
-       “Ah, ¿no lo sabes tampoco?” Hice silencio- “Después del terremoto, la mitad de la montaña, del Ávila, se convirtió en una isla, junto con el puerto a sus faldas. Se desprendió y avanzó en el mar. Jeremías, por eso no dejan circular aviones ni nada parecido por el cielo aéreo de Santiago. Por eso esta ciudad dejó de llamarse Caracas: ahora es otra”.
-       ¿Sí aceptas que la ciudad cambiara pero no que yo cambiara?
-       La gente cambia cuando algo horrible le sucede. Y que yo sepa, en El Dorado a ti nadie te puso una mano encima.
-       Tienes razón, pero esos cambios también suceden cuando el Señor interviene. Recuerda a Abraham, recuerda a Moisés, a Pablo.
-       Sí: todos muertos, en especial Pablo. Ese murió de mala manera.
-       Ese no es el punto, el punto es que el cambio es posible. Por favor, no discutamos más esto. ¿dónde está el chip?
-       Ya te dije la información que tengo Jeremías, ya te la dije. Si tu me crees es tu problema. Ya nuestros caminos son distintos, muy distintos. Mi trabajo es acabar con tu Iglesia, con las repúblicas vecinas que los apoyan a ustedes. Lo siento, debo irme.
-       ¿a dónde vas?
-       Me voy a Abreu y Lima, el país al norte de Brasil, federado con ustedes.
-       No entiendo de qué hablas. Ese país no existe.
-       Te han ocultado mucha información. El mundo cambió mucho, drásticamente desde hace tiempo. Venezuela, Brasil, Caracas, son cosas imaginarias. El mundo tiene otros nombres, otras realidades. Y ustedes son un anacronismo más.

Lo vi marcharse, y mientras lo hacía, apagué el grabador. Con este video y este audio, podría hacerlo detener enseguida, apenas con pulsar un botón. Todas las cámaras de la ciudad, las miles sembradas en ella, proyectarían su imagen y sería encontrado inmediatamente. Pero me interesa averiguar primero la verdad. Si los otros tienen el chip. O si los míos lo tienen.