martes, 15 de mayo de 2012

Diario de Ismael Da Silva (IV)


Viernes, hora Sexta.
La isla tiene relaciones diversas con las repúblicas vecinas. Con Welserland (república fundada por los descendientes de los Habsburgo. Un documento de Humboldt, al que veneran en términos intelectuales los sabios de este lugar, lo atestigua), realizan negocios de diversos tipos, en especial comercio con lana y tubérculos, pero esencialmente plátanos. Esta República se encuentra entre los Andes del norte y la Goajira. Tienen una relación más cercana con las dos repúblicas de León: la del Norte, cercana a Yucatán, y la del Sur, en el centro-norte de Suramérica, cuya capital se conoce como Santiago la tercera, mi patria.
Las inmigraciones disminuyeron desde la catástrofe. A pesar de ello, son bienvenidas, aunque luego deban esperar un mínimo de cinco años para salir. Aun así, es más flexible que en la república del Chaco, al sur, de donde, una vez más en mi vida, tuve que fugarme. Puede entenderse que el conocimiento de las otras repúblicas no es mayor, a partir de esto. En algunos casos, la ignorancia es casi completa, aunque ellos opinen lo contrario.
Fuera de los ingresos personales en el banco de Semen (de los que viven por ley las mujeres, al ser sus parejas, pues los solteros no pueden por la misma ley aspirar a este ingreso), la isla vive esencialmente de la venta de basura y reciclaje. No hay fuentes de extracción de petróleo o gas como en otros lugares (África, la antigua Oceanía), pues se perdió en el tiempo la experticia en esa tecnología. El fuego a partir de los excrementos es lo más frecuente, lo que hace del aire, algo denso de respirar, incluso en las playas.
Todos presuponen que en el resto del planeta las cosas son exactamente iguales.

 Domingo, Maitines.
Parece que no existe la enfermedad. La salud es el centro principal de todo, y todo lo curan fácilmente. Fue lo poco que lograron desarrollar científicamente antes de la catástrofe.
La alimentación es esencialmente marina, pero en estanques apartes del mar. Algas, peces de diversos tipos, langostas, cangrejos y todo tipo de crustáceos son cultivados. Otros tipos de carne, no abundan. En las fiestas hacen un pastel especial de carne, pero no he podido averiguar su procedencia.
Entre los diversos cultos de la isla, el culto al Mulo es uno de los más importantes, me explicaba el difunto Keko, así como Z, a quien conocí hace poco. Los pasean por la isla y les entonan cantos con inmensas conchas de mar como instrumentos. Se asustan estas bestias y salen corriendo, con los lugareños detrás de ellos sin poderlos alcanzar. A lo mejor esa es la razón de su buena salud: ese ejercitar el cuerpo persiguiendo sagrados animales. O esa carne especial, que he preferido, hasta ahora,  no probar. El dálmata que me sigue, a quien he decidido llamar Pirata, come sólo vegetales. Lo he seguido, en algunos momentos, pensando que me podría llevar al lugar de procedencia de esa carne, pero es en vano. No he podido averiguar nada. Debo registrarlo, como he registrado en mi bitácora cada paso que he dado, y almacenado en la red de nuestra organización. No basta lo que voy filmando; debe quedar un registro escrito como respaldo a eso. De todas maneras, lo he enviado encriptado, según indicaciones de Leonor. Hasta no encontrar aquello que me encomendaron, mis superiores no deben saber nada de mi misión.


 Lunes, hora Prima.
Muy pronto me asignaron como asistente de un magistrado, que ellos llaman sifogrante o filarca. Para quien trabajo, es un alivio mi conocimiento de las lenguas, por la cantidad de extranjeros que habitan la isla.  Pero mi función esencial es manejar documentos, organizarlos. Labor aburrida para mí, hombre de acción, de ciencia. La historia me desencanta, me irrita. Estos documentos señalan bodrios, asuntos sin sentido ni importancia ahora. Transcribiré algunos pasajes de mis lecturas pues no avanzo mucho en ellas:
Una descripción de los monasterios en el camino a Santiago de Compostela (la primera).
Posible camino a Santiago la primera: Vía Tolasana, desde las costas de Arlés, Montpelier, Tolouse. Luego Roncesvalles, por Navarra…
Otro: Jaca-Sangüesa- Monreal- Puente la Reina- Estella-Monjardín-Logroño-Nájera-Santo Domingo de la Calzada-Redecilla del Camino-Belorado-Villafranca Montes de Oca-Burgos. Luego Castrojeriz-Fromista- Carrión de los Condes-Sahagún-León. Hay una opción hacia Oviedo. Luego la Virgen del Camino (desaparecida)-Óbrigo-Astorga-Ponferrada-Villafranca del Biezo.
Camino en Galicia para Santiago la primera: O Cebreiro, Portomarín, Palas del Rey y Santiago. Parece que a pesar de la erosión, aun hay letreros que indican el camino.
No tengo idea para que recopilen esta información, pues hace más de cinco años que no van a batalla y el comercio con otras repúblicas casi ha cesado en estas comarcas.
Más datos: Fernando de Casas y la fachada del Obradoiro. Geometría, verticalidad, membranas de vidrio. No se entiende del todo este documento, hay palabras desgastadas. Señalan una plaza con el mismo nombre. Hablan de un “espíritu jacobeo”. Hay un pequeño mapa de la ciudad que indica: Kilómetro Cero, segundo centro del universo.
Finisterre: Lugar donde el sol se precipita al mar. Lugar del Monte del Cabo, altar romano y nuestro. Ahí es el final.
Gente supersticiosa esta.
Por lo menos, en el aburrimiento que este trabajo significa, a los esclavos extranjeros nos dejan escribir. Lo hacemos con lo que podemos. Las tabletas digitales son muy antiguas, no tienen 4 dimensiones, apenas responden ante la escritura y la memoria es poca. Aún así, permite llevar bitácoras, cuadernos. He apelado a ellos también. Debo cubrirme las espaldas. Tardé en empezar luego de mi llegada, pero pronto lo tomé como un hábito. Mi primer escrito fue: Me llamo Ismael Da Silva, y nací en el verano del año 1999. Despedí ese espantoso siglo con mis llantos. Me formé sin graduarme como Arquitecto primero, luego como Urbanista, en la extinta Universidad de Sartenejas, en la República de León, en las costas de este mismo mar donde me hallo. He estado cerca de ella, a pesar de su destrucción hace tantos años. Fui discípulo de Violeta Rojo en ese nicho, lo que marcó mi impronta crítica, lúcida, implacable. He merodeado. Tengo vastos espacios vacíos en mi memoria, que según pase el tiempo espero recordar. Hasta ahora, es poco lo logrado. No aprecio a esta gente, pero no me encuentro en soledad, y ver actividades alrededor podría ayudar a mi memoria, descolocada desde mi apresamiento.

 Martes, hora Tercia.
X se llama mi señor. De carácter lánguido, deja las labores intelectuales en sus esclavos, como la mayoría de sus congéneres. No destaca por su altura, pero aun así podría estimarse que entra dentro de la media de la isla. Gracias a él, logro alimentarme, tener un techo donde vivir. Lo que más me molesta es su afán en buscar textos que según desaparecieron. Además, las redes de intranet de la isla, unas decenas, destacan por su lentitud. Apenas sabe leer, pero está consiente de su importancia. Un manuscrito antiguo. Sabe que otros lo buscan, pero la mayoría de los esclavos rehúye su encuentro. El sol de estas regiones, semejante al de las brasas de una hoguera, impide mayor movimiento. Por tanto, los avances son más lentos de lo que él quisiera.
Intento reflexionar acerca de lo que llevo escrito y me cuesta hacerlo. Me cuesta reconocerme en lo que leo. Pero ese soy yo, indiscutiblemente. La letra, el estilo, la forma de pensar. Veo que los documentos que me asignan organizar y traducir giran alrededor de mucho de lo que he escrito. He sido un tonto en no prestarle atención. Me prometo hacerlo con más detalle. Fuera de esto, poco que contar. La isla no es muy grande, ya lo dije antes, quizás unos cincuenta kilómetros en su parte más ancha. El perímetro será cuatro veces más. La he recorrido con el magistrado a quien sirvo. Nunca pensé en ponerme al servicio de alguien como esclavo, pero me permite sobrevivir y el trato es bueno. Fuera de esto, ¿cómo hubiera hecho? No soy de aquí, me cuestan sus costumbres. Me distraigo en paseos al mar, a ver la gran roca y el Faro en ella. También en las labores de mi trabajo, en los recorridos a otras ciudades, tan iguales, tan similares, llenas de jolgorios y tierras sin trabajar.
Es en el mercado donde se resuelve todo. Acompaña la jornada la música de tambores. Mientras se acerca la hora del cierre, se van incrementando los golpes a los cueros. El final es casi una estampida.

Suelo soñar. Recuerdo poco el sueño de anoche, los que suelo tener siempre muy vivos a través del día. De este solo recuerdo un paisaje y una visión, casi un cuadro con música de fondo: cae, primero rodilla en tierra, y luego el resto del cuerpo, al golpe de las gaitas. Recuerdo unas indicaciones, planos, mapas. Pero se diluyen en el mismo sueño que desaparece apenas al despertar.
Trabajo en más documentos, que me abren caminos en la memoria, pero aun se me hacen inútiles:
Santiago la última. Pedro de Valdivia. Las montañas sin nieve. Ataque indígena, terremoto, inundaciones. El camino del Inca.
Camino del Inca: Ramal hasta Pasto. Nazca-Chuquiago. Más nombres: Arica, Atacama, río Maule, Tucumán.
De todas maneras, reconozco algunos nombres; su resonancia es cierta y verdadera.
X consiguió rescatar algunas de mis cosas, luego de mi bienvenida, pero apenas las reviso.
 Dormimos en hamacas. Es la imagen de un avión, del barco, del hecho de flotar. Vientre de mujer que acuna. El lugar a donde quisiéramos regresarnos. Inevitablemente pienso en Candela y nuestro último encuentro, en Brescia. La tuve tanto. Ahora, es apenas el recordar.

lunes, 14 de mayo de 2012

Diario de Ismael Da Silva (III)

Domingo, hora Nona.
Ayer vi el ajusticiamiento de un muchacho. Era rubio, alto, vestía un traje antiguo, no sé de donde pudo haberlo sacado, pero con camisa sin mangas y una gorra de los Yankees de Nueva York (un equipo extinto en una ciudad extinta). Un día, entre tantos, Keko y yo (así se llama el muchacho) salimos de paseo. Y entonces vimos un mural: Aparecía un hombre vestido igual que Keko, acompañado por otros parecidos. Y aborígenes, esos habitantes antiguos que hoy tiranizan vastas zonas del Sur de América. El ancestro de Keko parecía darle unos golpes al madero. Era la fundación de una ciudad lo que el muro nos mostraba. Las palabras grabadas habían sido borradas con el salitre y el tiempo. Solo se podía leer ahora: Si alguien se opone que saque su espada… Luego, tres golpecitos al madero. Y con eso, más alguna fórmula religiosa o mágica, fundaban la ciudad. Keko se emocionaba con el muro. Yo sigo sin entenderlo.
Aparentemente, el muchacho decidió dedicar más horas de trabajo para producir un poco más, sabiendo que está prohibido. Fue apresado por la turba, e inmediatamente pasado a cuchillo. Alguien le robó la gorra de los Yankees. Aun no salgo de mi estupor.


Lunes, Completas.
Aquí, en la isla, predomina el juego. Los toros y los gallos son los predilectos; le siguen las carreras de cachicamos, búfalos y avestruces. No se permite la apuesta por dinero, pero apuestan casas, comida, mujeres, hombres, niños. El beisbol, antiguo juego rey del Mare Nostrum es celebrado con honores, pero no se juega. Nadie recuerda las reglas y prefirieron, en una Asamblea ocurrida hace una década, mejor no pervertirlo. Cada octubre inauguran la temporada, recuerdan y debaten los viejos tiempos y en enero la clausuran.
A pesar de las leyes y acuerdos de productividad que predomina en la isla, lo que prevalece de ese atajo de constituciones y normas es el derecho a la pereza. Cada quien recurre a él cuando la tarde se hace demasiado pesada o las libaciones fueron frecuentes. Aunado a esto, hay iconografías del mundo antiguo por todas las casas, como extraños estandartes: retratos de Paul Laforgue, cuadros de la Comuna de París, bustos de Karl Marx, fotografías de Comte o Napoleón. En los retretes nunca faltan estampas pequeñas con la figura de Proudhon y Cromwell. Es extraño esto, como es raro, complejo y sin sentido su sistema político. Cada ciudad familia (designada por apellido), tiene un sifogrante; cada 5 sifograntes depende de uno en jefe, a quien llaman traniboro. Ellos eligen al Líder, pero tomando en cuenta que son más de 500 sifograntes, suelen elegir a quien habla mejor y ofrece más cosas (sin considerar que tenga las bases, argumentos, planes para cumplirlo). El pueblo sugiere a cuantos Líderes considere. Aquí ocurre el mayor desastre: suele cada quien postular a alguien, generalmente cercano, o familiar. O con quien sostienen tratos comerciales. También abunda la candidatura de sifograntes menores, es decir, los que representan a una familia apenas. En fin, es un desastre, pues al final son los traniboros los que designan al Líder según sus disposiciones. El cargo del Líder dura toda su vida a menos que sea depuesto o degradado bajo sospecha de tiranía. Y cada uno, según los habitantes que conozco, es un tirano en ciernes. Incluyendo a Keko, a quien lincharon hace días.


Martes, Vísperas.
Hay una ausencia de caballos. Están casi extintos. Los guardias andan en avestruces, el método de transporte predilecto. No pueden ser muy pesados, puesto que las grandes aves no pueden con tan grandes pesos por mucho tiempo. No importa. Su labor es vigilar, apenas, el poniente. Existen otras criaturas extrañas: un animal extraño de una gran cola como la del zorro. Asemeja un marsupial. Se acerca mucho a los seres humanos y hace como que juega. Uno cae en la trampa y se va el día entero en esa refriega. Parece que entiende el alemán. Hay otro animal enorme, hacia el sur de la isla, que seduce con sus cantos. Se esconde en la zona más montañosa. El canto es alegre, y brota de su garganta enorme. Es negro, su cola es peluda y no muy dado a la gente. Los enamorados suelen ir a escucharlo. Otro animal, de dientes y garras escarlata, semejante a un gato, merodea las ciudades. Es de patas cortas y de color blanco. Se le suele ver cerca de los bares. Son animales libres. Existen muchos más, que ya iré enumerando, así como las plantas y frutales. Los animales domésticos, son el conejo, el gato, el perro y numerosos pájaros amaestrados. Quizás un par más, según me cuentan, pero no los he visto. Hay un perro que me sigue frecuentemente. Es un Dalmata, pero de tamaño mayor. Algunos ciudadanos le temen parece, por su mirada feroz y sobriedad. Hace dos días vi aun pequeño niño, rubio, darle alimento introduciendo su pequeña mano en su inmensa boca, casi hasta la garganta. Luego, lo cargó en su lomo y se lo llevó a la madre. Me sorprendió, pero qué no sorprende en los animales.

 Miércoles, hora Prima.
El trabajo es de 4 horas al día, comenzando a las 11, terminando a la 1 y retomando a las 4 hasta las 6. Los sifograntes trabajan menos, 2 horas. Su principal y casi único oficio consiste en ver y cuidar de que ningún hombre trabaje más de 4 horas, pues hacerlo es considerarse una bestia, y de rango menor al de los esclavos. El tiempo libre está lleno de múltiples actividades, que ofrecen al hombre lo que más guste. Aquellos que se dedican al saber, son objetos de burla continua.
El exceso de trabajo, es penado con cárcel y en algunos casos, con la muerte, como ya he comentado.
El problema de este sistema radica en la incapacidad de generar  riqueza. La mayoría de los lugareños contribuye a incrementar sus ingresos en los Bancos de Semen. Hay cuatro. Son el producto de exportación mayor hacia las naciones orientales del mundo, que padecen de esterilidad luego de la hecatombe. La radiación, producto de la inversión de la salida del sol en los parajes, luego del cese de los polos, la produjo. Esto nos presenta a varones lánguidos y sin fuerzas para el trabajo. Las mujeres suelen pasar trabajo por ello, y se hacen expertas en diversos reconstituyentes, menjurjes eróticos, y diversos jarabes con vistas a mantener a sus varones fortalecidos. Aún así, estos no dejan de ir a los Bancos, pues el pago es inmediato y les permite asistir a todas las celebraciones que deseen. Pienso que así, yo también podría mantenerme mejor. Aun no lo decido.

domingo, 13 de mayo de 2012

Diario de Ismael Da Silva (II)


Lunes, hora Tercia.
Al desembarcar en la isla, escuché extraños cánticos, voces. Semejantes al predicar del poseso, decenas de mujeres y hombres reunidos al final de la plaza entonaban sus cantos, extendiendo las manos hacia mí. Caminé, empapado y con el salitre comiéndome los ojos, hacia ellos. Vestían de lana. Al llegar cerca de la gente, pensando que me recibían, les extendí también las manos. No hubo respuesta. No me miraban. Miraban al sol y al mar. No era a mí a quién recibían. Era a la tormenta que se anunciaba con sus truenos. Eso era. Imitaban el ulular del viento las mujeres y los hombres, el tronar. Ridículo, avancé entre ellos. Parecía más bien que rezaban. Atrás, mesas enormes con restos del bocado de la mañana. Quedé estupefacto. Estas mujeres, estos hombres, no cantaban ni rezaban: Eructaban y pedorreaban libremente al borde del mar.


Lunes, hora Sexta.
Fui recibido por las mujeres de la ciudad más cercana a la costa. Visten de lana, como ya dije,  pero de una contextura más cruda. Son amables, pero se nota que les faltan maneras. Sonríen mucho, y se miran entre ellas. La belleza no es ajena a sus rostros, pero es en sus cuerpos en donde reposa una turbiedad aplastante. Hay altas de cabellos oscuros y claros ojos, con una piel elástica que se extiende hasta las nalgas en su andar. Mujeres bajas, rubias, de anchas caderas, de pechos robustos y sonrisa sardónica. La mayor parte son morenas, de lisos o rizados cabellos, pies anchos, rodillas romas, espaldas anchas, brazos enclenques. Estas eran las líderes. Me preguntaron por mi oficio, nunca de donde provenía. Miraron mi entrepierna sin curiosidad y se mofaron de mis barbas. Me pidieron que caminara arriba y abajo del camino, y me observaban silentes. Hay carne, dijeron algunas, y me dejaron pasar, invitándome a la ciudad a la izquierda de las cercas, más allá de los sembradíos.
Allá me esperaban, me dijeron. Se adelantaron. Me hicieron esclavo apenas al llegar.



 Viernes, Maitines.
No tengo claro que me hizo cruzar hasta acá desde la costa, desde el Castillo de Araya (apenas llegué, volví a activar la cámara roja, escondida detrás de mi ojo izquierdo. Debía registrar todo, como me pidieron. Leonor me confirmó que recibía la señal). Es un curioso lugar, como no he visto en ninguna de mis excursiones, aunque hay espacios que me traen recuerdos a los que no logro ponerle nombre. Las ciudades en la isla se componen de similitudes. Fuera de algún que otro rasgo, determinado esencialmente por las actividades que en cada poblado se practiquen, todo es igual: una línea de corte clásico en los edificios, que va mutando según su importancia. Los edificios mayores, las iglesias, presentan particularidades barrocas y, en algunos casos, como las sedes del gobierno, casi rococó. Hay puentes que interconectan los ríos, y estos con el mar. Al no ser demasiado grande la isla, hace de ellos un espectáculo semejante a patas de araña aplanadas. Las canalizaciones del agua son pocas. No abundan. Los habitantes deben ir con grandes y pesadas tinajas a buscarla. Luego, si son hombres, las cargan entre dos o tres; si son mujeres, apelan a una extraña criatura, que nunca he visto. Después de cruzar las ruinas de lo que parece una antigua muralla con algunos baluartes en pie, uno se encuentra con un foso. Ahí almacenan el agua. Las calles hasta él, como todas las demás, están llenas de huecos, de baches y en algunos casos, han colocado una suerte de pequeños puentes con viejos cocoteros para cruzar de un lado a otro. Desconozco por qué no han arreglado las calles, teniendo, según me dicen los que me ofrecieron habitación por un pago futuro, materiales suficientes para arreglarlas. No lo entiendo. También me cuesta entender el predominio de la fiesta, habiendo tanto que hacer. El calendario en los espacios para comer que hay en la ciudad, que son públicos y de acceso a cualquiera, está lleno de celebraciones varias, que van desde lo más lógico a lo más descabellado. Por ejemplo: fiesta del sol, fiesta de la lluvia, fiesta de la sequía, fiesta del pollo, fiesta de la fiesta, fiesta del juego nacional (hay juegos nacionales, de la ciudad y de cada casa, con sus variaciones), fiesta de la abeja, fiesta de la noche, fiesta de la cebolla, y así infinitas veces. Este pequeño listado no incluye las celebraciones religiosas.
Las calles son anchas pero de difícil tránsito, por sus baches, troneras y basura por doquier, como ya dije. Las casas son de factura diversa, superpuestas unas sobre otras, y si bien poseen espacios para jardines al frente de las mismas y en la parte de atrás, este no es cultivado; por tanto, hace imperio la maleza. Las puertas tienen múltiples llaves, que comprenden cerrojos diversos. Abrir las puertas puede llevar un cuarto de hora, con facilidad. No explican por qué, sencillamente dicen que así les entregaron las casas. Aparentemente, estas son asignadas por sorteo cada tanto tiempo, no son privadas. No hay queja en cuanto a esto, pues los amigos o familiares en cargos públicos se encargan de facilitarles siempre una más adecentada. Solo los tontos, según los testimonios de los lugareños, se quedan siempre con los peores lugares.
Es extraña esta gente, en sus excéntricas actividades. No les temo, me he presentado a ellos y veo que dominan el español, además de otras lenguas según pude verificar al mediodía, cerca del mercado, en donde uno suele enterarse de todo en cualquier parte del globo. Pero aún así, mantengo distancia. Ya conocer a las autoridades de la primera ciudad luego de mi llegada, me llenó de suspicacias.
Son hombres distintos estos, en muchos ámbitos; además, a pesar de su fortaleza, la vejez no ayuda. Pero los une aquello que me terminó de abrir los ojos: la casta sacerdotal. La isla pertenece a la república de León, que limita al sur con Abreu Lima, al oeste con los Andes y Welserland, y al norte con Icaria y Lousiana. Conozco bien esta República, porque me crié en la ciudad de Santiago tercera, Santiago de León, como la conocen los lugareños. Cubre casi todo el centro-norte de Suramérica, la isla de la Española, Borínquen, Cuba y la península de la Florida. En esta República, la casta sacerdotal fue forjándose el poder desde hace más de doscientos años. Luego de la independencia, todo tomó el camino pensado: bajo la égida de Rodríguez y Vargas, se hicieron reformas necesarias que luego cambiaron cuando las castas se hicieron fuertes con el pasar de las décadas.  Después de la guerra de los cincuenta años, terminaron tomando las riendas quienes actualmente la gobiernan. Son formas gubernamentales complejas, de un barroquismo sin igual. Se sostiene en una forma igualitaria de gobierno, pero este lo regentan aquellos pertenecientes a las castas superiores. Hay una envidia latente, que no deja avanzar a nadie hacia mejoras sustanciales en casi ningún ámbito. Se celebran entre ellos, pero sólo mientras permanecen iguales. Es una batalla velada lo que he podido ver aquí. Ni en los lugares más inicuos por donde he transitado, he visto algo semejante. Son un pueblo desgraciado.  
La isla se encuentra entre Cubagua y la isla La Tortuga, y ha heredado mucho de sus antiguos pobladores.
No hay capital real aquí. La antigua, fue sepultada por un terrible terremoto hace siglos. La nueva, también hace unos ciento cincuenta años. Abraxa la llamaban.

sábado, 12 de mayo de 2012

Diario de Ismael Da Silva (comienzo)


Para un perseguido, para usted, sólo hay un lugar en el mundo, pero en ese lugar no se vive. Es una isla.
                                                                                   La invención de Morel
                                                                                     Adolfo Bioy Casares


Ninguno de nuestros sueños, ni la más tenebrosa de nuestras pesadillas, es superior a la suma total de fracasos que componen nuestro destino. Siempre iremos más lejos que nuestra más secreta esperanza, sólo que en sentido inverso, siguiendo la senda de los que cantan sobre las cataratas, de los que miden su propio engaño con la sabia medida del uso y del olvido.
                                                                      Caravansary
                                                                         Álvaro Mutis










Anotaciones de Ismael Da Silva alrededor de su estadía en la isla. El informe presenta irregularidades, frases inconexas o incompletas, fragmentos en algunas partes. Hay pocas reminiscencias de su pasado o juventud, sus actividades. Son, esencialmente, notas y reflexiones, apuntes sobre el lugar en donde vivió en sus afanes de nómada; sobre sus pobladores, animales, cultura. He tratado de darle un orden cronológico, apenas adivinando. Lo conservo conmigo desde su llegada al Finesterre. Me refiero al a sus transmisiones; desconocemos el paradero de los demás documentos en que realizó grabaciones. De Da Silva, informé claramente a mis superiores, no sabemos nada desde su salida de El Dorado.















Domingo
Hacia el final de la tarde, después del infierno del mediodía, Ismael Da Silva emprendió el viaje. De nuevo los desiertos, el imperio del cactus, los estragos de la resolana. Intentaba cubrirse con un sombrero de paja, y pisar lentamente para no desgastar más las alpargatas. Tenía sed. El mediodía lo recibió cercano a un riachuelo, más el frescor de la lengua desaparecía en cada cruce de caminos. ¿Cuál era este de los viajes? ¿El de los largos caminos? ¿El de la Piragua por el gran río de los caimanes y las babas? ¿El de las altas montañas? ¿El viaje de los bosques de pinos? Probablemente el mismo que lleva haciendo desde la destrucción de la tercera Santiago. Lo asaltaban recuerdos como ráfagas: una mujer en una pantalla, el dolor de un hijo, la carne de Leonor, una navaja. La luna se asomaba menguante, ya en una esquina del cielo, transparente y callada. Era poco lo que quedaba de la tarde. Al llegar a las playas, pudo tomar algunas uvas en sus ramas. Estaban agrias, pero las engulló. Vio, lejana, la isla. Desierta, como carne desmembrada y sin piel. Como espalda con latigazos. Un gran cerro, lejos, rodeado de mar. Unas horas después, encendieron el Faro. Buena señal. La luz iluminaba buena parte de este lado de la bahía. Salió a dar una vuelta por los alrededores de la playa, teniendo cuidado, con la mano izquierda en la vaina del machete. Recorrió dos antiguos fuertes, los exploró buscando agua y solo encontró huesos, tinajas, retratos. Encontró una sala de máquinas, pero apenas funcionaba. Intentó conectarse a algunas de las redes, pero fue imposible. Desarmó un ordenador, un mamotreto de hace más de 15 años, y tomó algunas piezas guardándolas en su bolso. Faltan pocas, pensó. Siguió andando hasta llegar a una pequeña plaza y ahí descansó. Pasó la noche acostado a la sombra del busto viejo de un poeta. Este también murió en el exilio. ¿Sería antes de la orden dada a las Repúblicas? Quizás fue un pionero, uno de aquellos que nunca supo lo que vendría. Alguien anterior al final.
Debo llegar a esa isla, pensó. Esperaría la mañana. Se encaramó en una parabanda, e intentó dar cuerda al viejo reloj del Templo. Giraban las agujas, pero no andaban solas. Cambiar las agujas del reloj, ¿Modifica el tiempo? El mecanismo se detuvo quien sabe hace cuanto. La mecánica de las cosas, pensaba, la mecánica de las cosas hizo que todo girara: Su fuga, sus misiones, los cadáveres a su paso, el andar.  Quizás, solo el andar.

jueves, 17 de noviembre de 2011

#lasmercedespuntocero: Lucas García y Rodrigo Blanco, libreros por un día en Alejandría.


La tarde anunciaba lluvia y el anuncio fue real. Blanca y yo almorzábamos con rapidez, pensando si nos llevábamos el carro o no. Poco antes, Dakmar me había llamado para decirme que pasaría temprano por donde Rodnei, pues estaba complicada. Nada, nos quedaba echar el resto. Salimos temprano, con vistas a llegar antes de las 3 a Alejandría I. Resolvimos irnos en el carro. En el camino, pensaba en todos los twitts, anuncios en Facebook, links que habíamos colgado. Dakmar mandó muchos correos e hizo los contactos en la Radio. Con esta lluvia, ¿iría gente al encuentro con los escritores? Mientras maquinaba la tarde, me vi llegando a la entrada del estacionamiento de Alejandría I (de todo el Centro Comercial, realmente), y viendo a Lucas caminando en el sentido contrario a donde estábamos nosotros. Está huyendo, pensé. No, seguro va por algo y vuelve, es temprano, me repetí, algo angustiado. Entramos al Centro Comercial, la lluvia había bajado un poco y empezamos a buscar un puesto. ¿Cómo se llama este Centro Comercial? Todos lo hemos conocido siempre como “Donde está el CADA”. Pero ahora no hay CADA, ni Tienda de Béisbol (un kiosko mínimo que ahora vende dulces y cigarros, pero en donde antes resolvía los regalos de mi padre cómodamente), ni muchas cosas que antes existían. Ahora, el lugar se destaca fundamentalmente por una característica particular: Un Bicentenario y un Tony Roma´s, coexistiendo en el mismo espacio. En el medio de ellos, Alejandría. Creo que Patricia Van Dalen me contó una vez que aquí había una librería que pertenecía a su padre. Mientras caminamos hasta la entrada, veo la hora, veo que es temprano, y entro. Saludo a Mario, a quien había visto en pocas ocasiones, pero enseguida conversamos como si nos conociéramos de toda la vida. A los minutos, llega Lucas. Ya mi hermano, quien me iba a ayudar con las fotos, estaba ahí. Nos enteramos que el aire acondicionado había hecho plop el día anterior, y que el lunes prometían arreglarlo. Era sábado. La tarde podría ser caliente.
Lucas y yo nos reconocimos, nos saludamos, y nos preparamos para las próximas 4 horas. Mario sugirió que montara un mesón con libros que él recomendaría. Lucas levantó la ceja. Miró el mesón. Se quitó el suéter diciendo “Esto viene con todo”, y luego de deliberar un poco más, resolvimos que escogiera algunos libros, los que le gustaran y los ofreciera al público. Pero público no había. La tarde de lluvia no nos anunciaba una asistencia masiva. Dimos paso entonces a uno de los hábitos nacionales: beber café.
Ya me había reportado con Rodnei, quien estaría en Alejandría II, con Rodrigo Blanco, en el segundo frente de @libreroporundía. Me dijo que le pidiera una compu a Mario. Abrí internet, click, Facebook, click, Twitter @libreroporundía, click. Anuncié que ya estaban nuestros dos escritores, Rodrigo Blanco y Lucas García, listo para una tarde de lectores, firmas, y libros.
El primer reto de Lucas, fue buscar libros infantiles para una señora. Lo acometió cómodamente, con serenidad. Esta serenidad se vio interrumpida cuando Mario le dijo que debía ahora envolver los regalos que la señora se llevaría. No quise estar en sus zapatos. En mis años de librero, nunca he servido para mucho a la hora de envolver regalos. Lucas lo hizo, no podíamos esperar menos de un Diseñador Gráfico. Por Twitter, nos fuimos enterando que Rodrigo era un fenómeno envolviendo regalos y nos estaba llevando la delantera.
Mensajes iban por las redes sociales y venían. Simón mi hermano se fue a Alejandría II a tomar fotos por allá. Blanca se fue con él, a darle la vuelta a la actividad y supervisar si las maravillas que contaba Rodnei eran ciertas (no confíes nunca en un fanático de los Tiburones de la Guaira: he dicho). Nos quedamos Lucas, Mario, pocos clientes y yo, degustando café en esta tarde lluviosa. Pocos clientes, sí, para todos nos dejaban una experiencia distinta que contar. Lucas cumplía con su labor: estaba pendiente de quién entrara, ayudaba a Mario con todo lo que le pidiera, conversaba conmigo. Hablamos de todo en esas cuatro horas: de España, de novela negra, de Punto Cero, la crisis de las librerías en Venezuela y del libro en general, de autores favoritos, de Anagrama, de Tarantino, de formas de escritura, de infinidad de cosas. Mario intervenía, desde su condición de ser argentino, con comentarios brillantes e inteligentes. Y con café.
Entonces ocurrió lo inesperado: llegó un fanático de la obra de Lucas, con todos sus libros, para que se los firmara. El entusiasmo y admiración de este muchacho era estremecedor. Tenía hasta un ejemplar de Rocanrol (obra editada en el 2002), la primera novela de Lucas…… ¡¡¡Firmada por el papá de Lucas!!! No cabíamos de la sorpresa, más Lucas que nosotros, pero con su manera entre deportiva e irónica, humorística y seria de ver el mundo, no se hizo más preguntas y sencillamente se entregó a conversar muchísimo con este joven. Luego de marcharse, volvió con su novia, se la presentó y siguieron conversando. La novia resultó ser hija de una alumna mía, Elba Cisneros. Pequeño mundo, mundo pañuelo.
También tuvimos como visita a Raúl Saavedra, computista (me enteré ese día) que asiste a todos los eventos culturales de la ciudad, dejándonos una extraordinarias fotos. Me contó que le interesa escribir, que ha hecho talleres, y que la literatura contemporánea venezolana, lo ayuda a encuadrar mejor su escritura. Se llevó el libro de Lucas, firmado, y salió disparado a la otra Alejandría a que Rodrigo le firmara un libro de él.
Hacia el final de la tarde, llegó Ulises. Continuamos la conversación, cuadramos con Rodnei en cerrar aquí e irnos a Paseo a tomarnos un vino que yo había traído. Le dije a Blanca que me esperara por allá. Simón mi hermano ya se había ido. Violeta Rojo ya había pasado por los lados de Rodnei. Nos aprestamos a salir, vino en mano y en el carro con Ulises, la conversación giró alrededor de la música de los ochenta. Toda la tarde sonaron los Beatles en Alejandría, gracias a Mario, y al montarnos en el carro de Ulises, seguía la voz de John Lennon como un eco en su equipo de sonido. Ulises nos contó que consiguió un disco en Margarita con una extraña selección: música de John Lennon, de Elton John y de Phil Collins. Ulises no entendía que hacía Phil Collins ahí. No lo soportaba. La conversación giró entonces hacia varios campos de la música: la de los noventa, Rodrigo escuchando La Vida Boheme, Ismael Miranda, Metallica, etc.
Llegamos rápido (ambas librerías están en ambas punta de la Avenida Principal de las Mercedes, José Martí), conseguimos puesto en el nivel de Trasnocho, nos bajamos, subimos y llegamos al patio de Rodnei y Jonathan. Nos esperaban Carolina Sarabia, Ana, la novia de Ulises, y Blanca, además de la sorpresa de tener ahí a una de las chicas de @QuéLeer y más vino, gracias a Rodnei y Jonathan. Comenzó el brindis y el intercambio de experiencias. Celebramos. Los autores habían disfrutado la experiencia, y nos preguntábamos quién más podría ser @libreroporundía. Pero esa respuesta, tendría que esperarse. Nos tomamos más fotos, compartímos, volvimos a brindir, nos marchamos.
@libreroporundía en #lasmercedespuntocero, funcionó de maravilla. Dakmar me escribió comentándome que ya estaba en casa, con su hija. Quedamos en hablar al día siguiente. Blanca y yo nos encaminamos hacia la casa. Parecía que seguiría lloviendo, pero ya no importaba.