jueves, 16 de julio de 2009

Cuerpo de mujer

1

Cuando el cuerpo habla, las palabras que lo nombren se deben ante él. Debe darnos aquello que enuncia en sus olores, el sabor del lugar del que procede. Cada cuerpo habla a otros como a sí mismo: despierta rechazos y acercamientos, dudas y certezas, epifanía y desconcierto. Así la palabra con el cuerpo: le habla desde su doblez y su carencia, su dulzura y sus aciertos. Cada palabra se levanta, se lava, suda, se perfuma desde el espejo del otro. Lleva un ritmo dictado por el cuerpo, que se abre sincero.

2

Me miras cuando ya no miro. Llevas tus talentos de hembra: calculas, haces pronósticos, observas mis hábitos, me juzgas, reconoces lo que te agrada. Imaginas cuanto costaría hacerme a tu cuerpo. Uno voltea y te sabe observando, con ese calidoscopio que es tu mirada de mujer. Uno habla y volteas tu ahora, oteando ese punto infinito que ustedes miran cuando decantan lo que decimos, la cara de bolsa con que uno se suelta. Incluso observas a quien me mira, ves la expresión de ella, ves de arriba abajo si podría ser o no tu competencia. Llevas una balanza en donde me pesas. Revisas tus bolsillos, tus monedas.
Como ves, uno también se sabe presa.

3

Todo termina por los ojos. Más que comenzar, es el lugar que anuncia destierro o cama. También dudan, no son perfectos. Cuando miran con fijeza y uno ve el iris, la pupila danzando como un colibrí. Determinan tantas cosas. Son el juez mayor, el que indica si acertaste o no, si la caricia es correcta, si el detalle es inexacto. Dos pájaros de luz baten alas en su rostro y vuelan hacia ti en una mirada.
Ves, en el espejo que te enseñan, el golpe de los dados. Qué hay más allá del trago o la película que compartiste. El futuro está en ellos: una noche, dos besos, amor de playa, noviazgo, candidato a amante, marido, padre de sus hijos, futuro ex esposo, cuerpo que le otorgue viudez. Van hablando según el tiempo o lo que en el camino pasa. Los hay de matices infinitos. Rayados, limpios, me han rodeado los muy oscuros o los claros. En los primeros, pequeños o con párpados semi-cerrados, brilla una luz maravillosa. Siempre iluminan. Cuando se molestan, se hacen tenues. Cuando se entristecen, a pesar del brillo que puedan dar las lágrimas, se apagan. Hipnotizan, ven todo lo que hay que ver y anuncian rientes o solemnes veredictos. En los segundos, aumentan las variantes. Me decanto por los grises, que bailan entre verdes o azules según la luz. En ellos, si te acercas a la altura del aliento, ves el universo. Todo está ahí: los planetas, las mentiras, las galaxias, las entregas. Cuando rabian, se vuelven plomo, cuando ríen son dos cucharillas de plata.
Con los ojos ellas aprueban, preguntan, juzgan, rechazan, hablan, fulminan, besan, responden, lamen, descartan. Suelen bajarlos cuando escuchan sin ser percatadas. Miran de frente cuando hay inocencia o no pueden evitarlo. Cuando quieren saber en verdad quien eres o que pasa.
Todo termina ahí, en la mirada. La del adiós, con lágrima pero firme; la de la entrega, dulce y gozosa; la resignada, hueca; la celosa, fría y cruel; la irónica, acuosa.

Por los ojos lo saben todo. Por la mirada te desean, se reprimen y también te matan. Hay un tiempo que a ritmo de océano, de giro y giro del planeta, te coloca en su palma y te decanta.

4

Mejor no hacer nada. El demonio está aquí pero duerme. Los labios no están prestos y se secan.
Mejor recojo tu humedad, acerco el fuego y respiro sus vapores arcada tras arcada.
Mejor no hacer nada, solo eso.
Los labios se prestan solos y humedecen. El demonio duerme siempre tibio.
Vivo animal en su reposo.

5

Los labios resguardan a la mueca o a la risa, el aliento tibio y la longitud incalculable y húmeda de su lengua. Por los labios los hombres juzgamos cosas: su delgadez, la paridad entre el superior y el inferior, la tersura, el grosor. Los sabios significan una boca grande o pequeña, una sonrisa franca y abierta o pequeña e íntima. Son los labios analogía y metáfora de su propio cuerpo, de su color, su fragilidad. Ambos son reflejo de los otros, ambos se empapan o se secan de acuerdo al movimiento correcto. Se abren, muestran el oscuro fin en donde hacer casa y entonan serenos la más perfecta de las palabras: aquella que a veces, llenos de torpeza, no logramos escuchar, ni siquiera en los estertores del orgasmo.

6

La espera siendo fortaleza, columna que sostiene el abrazo del aire alrededor de los dedos, asidos a unas manos que no encuentro sino en sueños. La llegada tan débil, catarata que se riega por el cuerpo, afuera como adentro, y todo lo dispersa.
¿Hay mayor fragilidad que derramarse?, ¿hay mayor fortaleza que esperar que te derrames?
Hazte a la tierra, cósela. Sostenla con tibiera, fórmala.
Vendré con mis palabras desde el suelo. Has de este piso en que me esperas un ánfora de tiempo.

7

Las manos de ellas enseñan a tocar. Como ciegas, recorren tu rostro palmo a palmo, secreteándolo. Tocan los ojos, la frente, la nariz, los cañones de la barba, los labios, el mentón. Te apartan y te jalan hacia ella. Son rosadas como salmón o bronceadas. Manos de fregar o de reina, amarillas de nicotina o de mármol, largas de pianista, de palma grande o dedos pequeños, de dedos como estiletes que escriben con sangre en tu espalda. Con uñas cortas o no, toman tu mano y la aprietan, la levantan, la acercan, la arrojan de su cuerpo. Con ambas cruzan tu cara con violencia o con calma. Con ellas amasan o firmas cheques de compañía, cambian pañales, hacen Yoga. Dirigen la ciudad con agitación o parsimonia, pintan el aire alrededor.
Ellas buscan ser llevadas pero en verdad llevan. En una mano una flor y en la otra una navaja.




8

Uno mira desde lejos un cuerpo y se acerca. El camino desde el lugar en donde estás hasta ese cuerpo se paladea, se respira en sus olores traídos por la brisa.
Uno mira desde cerca un cuerpo y se detiene a escucharlo.
La boca se ha hecho agua. Sólo hay hambre en esas manos.
Pronto viene el devorar.

9

Poner una mano sobre ella, luego la otra. Captar sus pliegues, desniveles, sus lugares en tensión, sus roturas. Sentirla larga, sin final en hombros o piernas, delgada. Empezar debajo de la nuca, apretarla, avanzar hacia los hombros y su ser rotundo y bajar a los omoplatos, a veces frágiles. Parece la más larga de las piraguas. Es el espacio más pleno de piel, el que más se eriza, el que se arquea o retuerce. Toco su espalda y es el más entero de los presentes. Voy bajando las manos. Subo otra hacia su pelo y luego avanzo hacia dos cuerpos mansos. Roce lento de dedos hacia la profundidad del izquierdo, que al contacto despunta. Luego el otro. Se acercan los labios, muerden suave su centro. Se acercan de nuevo las manos. Se alejan los labios del centro, se abren los dedos, las manos se llenan de sus pechos. Su cuerpo se acerca y me rodea. Las piernas son siempre una promesa de algo que se sabe aunque casi nunca llegue a ser tuyo. Son la longitud más lasciva del cuerpo. Abarca el tobillo y sube, se extiende al muslo, delgado o grueso, y se pierden en la oscuridad que les palpita. Son fuerza, tono, robustez, tacto al que aspiramos en su lisura precisa. Hace semanas fui testigo de ellas y su poder. En un café, vi una mujer blanca, de cabellos negros y una minifalda. Todo lo que se encontraba alrededor, mesas, sillas, hombres, mujeres, mi mirada, giraban alrededor de sus piernas. Todo la miraba, rodilla abajo tensa por la sandalia alta, rodilla arriba cruzada una sobre otra en su extensión correcta, en la precisión de cada fémur, haciéndose dueñas desde el suelo al aire y desde mis ojos a las escaleras en donde estamos ahora en que agarro tu cuello y pongo mis labios en la nuca acalorada para besarlo. Se huele el cuello, se muerde, se besa. Está para atenderlo tanto como las orejas, llenas de vocales abiertas, de sarcillos enmarcando su brillo. Ellas deciden por la vista, por el olor, también por el oído. Es la alcabala de las mentiras y la entrada de las más sinceras palabras. Por lo que guardan (el oído), por lo que esperan (temblores), por lo que marcan (perdones), las orejas son la casa del viento resguardándoles hazañas. Hacia ellas la lengua, los agradecimientos, las sombras, el susurro en que le digo todo lo que voy a hacerle, calladamente, tomándome mi tiempo en muelearla, chuparla, voltearla sosteniéndole las manos, amarrándolas al pasamanos de la escalera al desnudarla.

10

Te desgranas fantasma, ahora, en la mañana. Intento descifrarte y no me dejas ya. Más que un sabio, un enfermo soy de tu olor. Es un círculo en donde lanzo la atarraya en cada calle y espero

Del averno a tu olor, y de tu olor al averno.

martes, 7 de julio de 2009

Fenomenología del Reguetón

Primero que todo, ¿cómo se escribe? ¿Reggaetón, derivado del reggae o reguetón, derivado de reguero? ¿O regetón? Pocas personas han coincidido cuando les pregunto esto. Y son personas de diversas edades, desde los 10 a los 45 años aproximadamente. Heredero del crossover, este ritmo ha significado cambios determinantes en la moda, el concepto del baile y la idea del cuerpo en nuestras latitudes. Como todo ritmo musical, no salió de la nada. El reguetón nace en los Estados Unidos, en donde se han formado y unificado una gran mayoría de los ritmos latinoamericanos modernos (desde el bugaloo, la salsa, el tango de Piazzolla).Estados Unidos ha sido no solo destino migratorio predominante de los hispanos, y en especial los caribeños, sino que ha sido el espacio en donde mucho de lo que conocemos como "nuestro", se ha gestado. Hablar de lo hispano, lo latinoamericano, es hablar de las
características culturales de los pueblos abajo del Río Grande en contraposición y a la luz, de lo anglosajón, de lo estadounidense.
La presencia hispana ha sido enorme en el norte. México, Cuba y Puerto Rico y, luego República Dominicana han sido las nacionalidades más presentes por antonomasia. Hechos históricos relevantes determinan esto, pero ante todo quiero señalar que mucho del concepto, de la idea de lo que es lo "latino" nace ahí. Por ejemplo, la idea de comida mexicana que tenemos (absolutamente gringa). En Venezuela hay cierta excepción, pues hemos sido refugio de cubanos y dominicanos en diversas épocas del siglo XX. Son sensibilidades conocidas y que han determinado, en especial, nuestro gusto por la música.
Hablar de reguetón es hablar de la música de discoteca que más fervor ha despertado en el mundo latinoamericano (y en algunos lugares allende) desde la música disco (en general) y la salsa (en particular). Estos dos ritmos nacen en los setenta. Casi treinta años han pasado y, a pesar de la fuerza contenida en el pop en los ochenta y sus continuadores en los noventa, a pesar de bandas como la de Wilfrido Vargas y 4:40 (Bachata Rosa, de este último, es el disco más vendido en Latinoamérica en todos los tiempos) la fuerza del reguetón los supera. Ojo, no estoy diciendo que sea mejor (no lo creo), quiero decir que la presencia cultural de este ritmo ha llegado y por lo menos va a estar un rato largo.
Las cosas han cambiado. Y han cambiado porque no es solo el ritmo de una generación (completa del siglo XXI), sino que ha tocado todas las edades y los ámbitos. Lo bailan niños de preescolar y damas de más de sesenta. Pulula en todos los ipods. Y si bien no todos escuchamos SOLO REGUETON, su presencia es apabullante.
Por supuesto, existe quien odia el ritmo. Lo considera vulgar, falto de virtud musical, decadente, ordinario. Y este repudio es visceral. Levanta enemigos a diestra y a siniestra. Pero esta no aceptación (que es absolutamente válida) es la que ha surgido siempre al aparecer un ritmo nuevo. Ocurrió con el jazz latino y antes, con la onda nueva de Aldemaro Romero. Y antes, aquí en Venezuela también, con la música de raíces cubanas, que Mario Briceño Iragorry consideraba nociva para nuestro concepto de patria y nuestra sensibilidad. Ocurrió por parte de muchos con el mambo, con los tangueros tradicionalistas, con Piazzolla, con los cubanos y la salsa. Todo quiebre de lo tradicional generalmente tiene a su grupo de puristas que lo rechazan. Pero eso no evita que ocurra y, al final, el triunfo o no de un ritmo lo determina quien lo escucha.
Han cambiado algunas cosas. Las mujeres, en especial en nuestro país, se han caribeñizado (y, aunque no lo creamos, habían padecido una descaribeñización). Es decir, la idea de la belleza en el cuerpo se ha modificado (una vez más). Ya tener unos pocos kilos de más no es despreciable en los estándares de estética oficial. La falda corta, el short y tacones prevalece. Volvieron las piernas, cuando habían sido desplazadas completamente por los pechos grandes de silicón o no. Hemos bajado un poco del norte de la Florida a las playas de Quisqueya y Borinquen. Aunque tener presente que nuestra cultura caribeña tiene matices distintos a los de las islas frente a nuestras costas es importante. No somos iguales a ellos. Pero la semejanza se ha intensificado.
El baile también ha cambiado. Aunque parezca difícil de creer para algunos, el bailar en pareja no es algo que todos celebren. Se necesita arte y no todo el mundo lo tiene, a pesar de que en Venezuela todo lo bailamos como si fuera un vals con tumbao de negro.
Para los hombres es el cielo. Nada de practicar con mi hermana o las amigas de mi hermana. A la pista y listo. En general, uno no hace nada, se mueve un poco, mueve los brazos y ya. El común, que es mayoría quiero decir. La clave la dan las mujeres, que si son participes de grandes coreografías, que cruzan el ritmo con lo que aprendieron en la academia de flamenco y con las clases de danza del vientre. Y el hombre que se queje ante esto mejor que se quede en su casa.
El lenguaje se ha modificado, nuevas palabras han surgido: perreo, chula, chulo, etc. No lo he escuchado en el día a día aún, pero no me extrañaría que sucediera.
En verdad, no es tanto lo nuevo en el ritmo, es su capacidad de mutar, de fundirse con los otros. Así nació, hijo del rap, el hip-hop, el reggue, el merengue y pare de contar. Y cada día se experimenta más con él, cosa que quizás con otros ritmos de base más determinada no se pudo hacer.
No es una sola canción (como aserejé, por ejemplo, o macarena) y todo un movimiento musical ha llevado a intérpretes de otros géneros a incluirlos en su repertorio, mediante dúos o individualmente.
El reguetón es la determinación del ver, de la imagen sensual del movimiento, la cercanía de los cuerpos y el no-ver: el sonido. Esto es importante si estamos en una discoteca, en donde la luz es baja y reina la sugerencia, la mirada furtiva, el roce del cuerpo. Muchos lo llaman sexo con ropa, pero al fin y al cabo eso lo determinan los que lo bailan. Lo mismo decían de un ritmo como el mambo, prohibido en muchos lugares en su tiempo.
Al final, quien determina todo es el oído y la calidad musical. Si no la hay, si no hay una conciencia de esto, desaparecerá como otros, cumplirá su tiempo y será recordado por nostálgicos viendo fotos de una fiesta años atrás. Como ocurre con casi todos.

Pisa, elogio de mi hermano

No quería ir a Pisa. La idea de ir a una ciudad solo porque tiene una bendita torre inclinada me parecía estúpida y de turista japonés cruzado con gringo y luego vuelto a cruzar con maracucho. Prefería ir a Siena. Pero el énfasis concreto de mi hermano me convenció. La ciudad es bella, limpia, abierta con su río y sus puentes. Al final de largas calles, uno llega a la plaza. Parecía una feria, un mercado chino, una venta de empanadas en la carretera (cambiado esto por panninis, pizza y con suerte, calzone). El capitalismo en su máxima potencia y expresión. Camisas, sombreros, llaveros, dijes, sarcillos, etc con la imagen de la Torre. Y al final, la Torre. La imaginaba más grande. La imaginaba más inclinada. La imaginaba mejor coño, y me vienen con esta vaina. Me negué rotundamente a subir a ese estropicio. Simón me miraba condescendiente, paciente infinito como solo lo es él conmigo. El sí subiría. Mientras esperaba abajo, rodeado de españoles, portugueses y claro, japoneses, mientras leía los embustes indignantes de Casanova en sus memorias, levanté la vista y vi a mi hermano arriba, rodeado de la tierna luz de primavera en esa mañana. Lo saludé y me tomó una foto. Se veía magnífico. La altura de papá y toda su elegancia (igual que Christian, el mayor de nosotros), esa nobleza al desplazarse y esa desfachatez al tomar la vida a bocanadas. Parecía el dueño de la torre y todos los viejitos alemanes alrededor de él sus sirvientes. Mientras bajaba, no dejaba de pensar en la corrección de mi hermano, su sentido del ahorro, su piedad cotidiana y su casi santidad (de la que me alejé en un momento oscuro del alma). Su disposición abierta a vivir, a divertirse, a darse los pequeños placeres que lo llenan: el cine, un libro, una simple hamburguesa. Respeté esa constancia permanente de sus mejores y peores hábitos, esa fraternidad.
Al llegar me mostró las fotos y pude ver a todo el complejo transformado en otro. Tiene la mirada del que siempre ve más allá de todos. Como me enseñó viendo los cuadros en la Uffizi.
No quiso la consabida foto sosteniendo la torre. Se tomó dos con ella al fondo nada más. Fuimos a comer, y al paso, volteando a verlo, no hacía sino entender que lo mejor de mi mismo es su reflejo, su luz. Cómo me hacen lo bueno que pueda ser mis hermanos cruzando la luminosidad de sus presencias, cercanas o cercanos. Como soy simplemente un cruce de espejos en que espero el resto vea lo mejor de ellos a quien amo. A lo mejor con estas palabras.

Firenze, Palazzo Pitti

Llegamos en tren. Caminamos bajo la lluvia arrastrando las maletas hasta la vía XXVII Aprile en donde dormiríamos. A la tarde, bajamos por la vía Camillo Cavour hasta la Piazza del Duomo. Seguimos bajando y nos perdimos hasta dar con Santa Croce, en donde rendimos respetos a Dante, Maquiavelo, Galileo. Avanzamos hasta el Pallazzo Vecchio y la Galleria degli Uffizi. Pero ellos serían vistos mañana. Seguimos y desembocamos en el Ponte Vecchio y el Arno. Ahí te vi. Seguías hacia el Pitti y le sugerí a mi hermano que fuéramos allá. El Pitti fue comprado por los Médici cuando Luca Pitti y su familia se arruinaron.Fue ampliándose con los años. Entraste a la Galería Palatina y a los Aposentos reales. Tenías el cabello oscuro y largo, las cejas finas. Sin ser muy alta, eras larga. Los ojos de almendra oscura, no muy grandes. Preferiste la sala de Júpiter antes que las de los holandeses.Te detuviste al frente de un cuadro de Caravaggio. Y volteaste. Si, eras del norte a pesar del cabello oscuro. Sonreíste con los ojos con el cuadro atrás y toda la luz de Italia entró en ese cuarto, callado y oscuro. Bajé los ojos. Seguías mirando. Entró mucho gente y aún así me buscabas. Terminé en el baño que Napoleón adaptó para él preguntándome porque uno sigue a alguien por tan largo trecho y después no puede continuar.
Al bajar al Ponte de nuevo, a la luz del sol sobre el Arno te vi caminar alejándote: Es la belleza, la luz de Italia en mayo iluminándote y tú iluminándola. Es la belleza toscana que mezclada con la tuya, lombarda, turbia te enceguece.
Es la Belleza, que también acobarda.

Como una muchacha

Abro de pronto el blog y uno se entusiasma.
Dura hasta que se cenizan las palabras y dejan de ser aliento.
Y todo queda como lo callado del monte cuando hay peligro.
Hay un canto de cigarra y luego el cesar y el templarse en la espera.
Como una muchacha en su silencio.

Lena Yau, palabras en el Instituto Cervantes, Pekín-Shangai-Madrid

El camino a China comienza en una foto y en la reminiscencia de un olor que años atrás mezclaba el aquí, el allá, el hoy, el ayer, las dos partes de lo que soy.Un verano, hojeando el periódico, tropecé con una foto.La foto mostraba a una chica limpiando una carnicería judía en La Habana.Esa imagen escondía historias no estaban contadas.No podía apartar los ojos de la foto, la estrella de David en una isla del Caribe.Traté de dormir pero mi cabeza bullía. Nada me calmaba.Me levanté de la cama, recogí la foto y decidí hablar por ella.Escribí un relato que borré porque me pareció largo.Recordé las fotos que acompañaban a Barthes en el libro Barthes por Barthes.Quería hacer algo así.La foto, el relato de la foto, tenía que ser breve, usar la letra para contar una historia sin contarla, contenerla.Como la imagen.Lo escribí y me pregunté, ¿y ahora qué?Guardada en el ordenador, esta historia, no vive.Necesitaba compartir lo que la foto me había hecho sentir, la inquietud.Necesitaba saber si alguien más sentía el alborozo que me recorría.Pensé que tal vez la foto me impactó por inesperada.Por encontrármela al azar, entre tantas imágenes que soporta el periódico.Si la hubiera visto en una exposición me habría gustado, habría sentido curiosidad, me habría aproximado a ella con la mirada serena, porque de algún modo, me preparé para verla, fue mi decisión, yo fui hacia ella.Pero no era el caso.La foto me asaltó, se inmiscuyó en mi ánimo dominical, interrumpió mi lectura lineal.El salto lo cambiaba todo.Los planes de lectura, los pensamientos.No quería escribir un cuento al estilo tradicional.Quería escribir en un soporte ligero, rápido, dinámico, inmediato, de doble vía, impactante y fugaz.Como la oralidad.Entonces recordé que haciendo una búsqueda en google di con algo que desconocía y que me fascinó: los blogs.Los primeros que leí eran diarios personales.Al leerlos detenidamente observé que se abrían en temáticas.Diarios personales de madres primerizas, de personas que adoran tejer, de fotógrafos amateurs, de cultivadores de cactus, de emigrantes.Estos últimos llamaron especialmente mi atención.Personas de distintas procedencias en países ajenos.
Al comienzo sólo hablaban del caos interior que supone una mudanza.Del desarraigo.De las barreras idiomáticas.Pero en la medida en que el tiempo transcurría, los autores de estos diarios, abrían la mirada.Miraban hacia afuera, hacia su nuevo contexto, lo recogían y lo transmitían.La reelaboración de los recuerdos y de la realidad particular de cada uno de estos blogueros implicaba una forma de comunicación diferente y una escritura que, aunque no era literatura, comprendía algunas de sus características.Discursos apoyados en imágenes fotográficas propias, colores, diseños, canciones y una redacción muy cuidada, a ratos intimista, a ratos ficcionalizada.La ficción asoma desde el mismo momento en que el bloguero usa un seudónimo para firmar cada entrega, desde que da título a su página, desde que le otorga personalidad con enlaces y citas, desde que edita sus fotos para, otra vez, insinuar relatos.Entendí que quería hacer algo así.No un diario personal.Quería escribir como autora de ficción desde allí.La primera historia que publiqué fue la que mencioné al principio.La reminiscencia de un aroma que cinco años atrás juntó en un momento mis partes.Un invierno madrileño decidí hacer un plato decembrino típico venezolano.Hallacas.Intentaba llenar de calidez mis navidades españolas.Trasladamos el ritual a Madrid.Se cocina con música típica, se bebe ron, se reúnen los amigos para ayudar a hacer un plato colectivo.Tras dos días de trabajo, terminamos las hallacas y extenuados, nos acostamos de madrugada.Al día siguiente mi casa olía a mi pasado.Corrí las ventanas para buscar el sol.El paisaje era mi presente.Madrid estaba nevado.Ese día me di cuenta de que mi país eran dos países en uno.Hija de emigrantes españoles, en casa jamás se hicieron hallacas.Al intentar imponerlas como realidad única el paisaje me contestó.Escribí la experiencia a modo de presentación.La primera piedra del camino estaba puesta.La segunda fue el texto de La Habana.Un relato breve sobre la paz que recuperó un alguien en Israel al saber que su prima en decimo tercer grado que vivía en La Habana tenía una carnicería que observaba la ley.Aunque no la conocía sintió alivio cuando vio la foto en el periódico.Así supo que su sangre del Caribe no comía alimentos impuros.Igual que en el ejercicio escritural, el corpus del blog se fue creando desde adentro y no desde afuera.Siempre he pensado que la escritura funciona con mecanismos similares a los del sueño.Así, sin ser consciente del por qué, llamé al blog Mil Orillas y comencé a escribir y a publicarpequeños textos de ficción, a veces narraciones, otras poesías, apoyados con imágenes.Al cabo de diez o doce textos noté que la temática giraba en torno a lo gastronómico.Al cabo de veinte observé que no se trataba sólo de gastronomía sino de la vinculación de la misma, del alimento, del hecho culinario, con la palabra.Y después de ello concluí que era una tríada:Alimento, lengua y tierra.(El refugio).A partir de esas tres cosas surgía el motor de cada historia.Patologías, emociones, imágenes.Las pérdidas, los refuerzos, las identidades.Comprendí que las Mil Orillas eran las mil lenguas, con las que hablamos, con las que gustamos, con las que nos decimos.Mis orillas venezolanas y españolas a la vez, alemanas, chinas, cubanas, inglesas, australianas.Lo que soy, lo que somos.Mil orillas que escriben para Mil Orillas que leen.Comencé esta andadura, a ciegas, sin conocer muy bien el mundo blog, sin saber nada de html.Sentí la urgencia, me dejé llevar por la pulsión, y en una noche monté la página.Los primeros meses publicaba un texto por semana.Llegaron los lectores y sus comentarios.Al principio, el público se dividía entre Venezuela y España.Me leían expatriados, gente vinculada al mundo gastronómico, emigrantes.No sé muy bien cómo pasó, pero de un día para otro, el público varió y los comentarios se triplicaron.De un perfil muy definido de lectores pasé a un público heterogéneo.También los textos que publicaba al principio fueron evolucionando.Comencé a experimentar hasta llegar a lo que hoy se puede leer en Mil Orillas: Textos en los que prosa y poesía se invaden constantemente.Al comienzo sólo escribía lo que llamé Gastroficción: relatos cortos en los que el mundo de la alimentación era punto de partida.Comemos (se supone) tres veces al día.Detrás de esas tres veces hay un universo que va más allá de la estética y ética culinaria que todos conocemos, del glamour del mundo gourmet, o de los tintes mágico-románticos que se han trabajado hasta ahora.Desde afuera hacia adentro, el acto alimentario, implica industria, relaciones laborales, relaciones sociales, relaciones internacionales, políticas, poder, orden.Desde adentro hacia fuera, filias, fobias, identidad, arraigo, empatía, comunicación.La alimentación es una fuente inagotable de temas, ideas, contextos.Luego me atreví con poemas.Algunos con la misma temática, otros no.Y finalmente comencé a alternar gastroficción y poesía con una historia por entregas.La historia de Juan, un pintor que durante un encierro no voluntario engorda exageradamente, que cuando recupera la calle intenta pintar el mar pero sólo es capaz de pintar tenedores, que se enamora de una carnicera tartamuda y en el intento de conquistarla mete la pata sucesivamente. Desesperado, busca ayuda en su escritora favorita, MEC, una mujer llena de fobias y experta en el amor y el fracaso.La historia de Juan es la base de un segundo blog, letra flotante, el blog de MEC.Desde allí la historia se cuenta con la voz de la escritora.He publicado también seis entregas de un libro de relatos que trabajo, Crónicas Tristes y dos de un poemario, Light house tales.Finalmente la ficción más cercana a mí persona está en los textos etiquetados como VENAS, JUNG FOOD (sueños), los relacionados con la actividad del Cervantes en su sede en China y los cuentos del Pez Fruta.El blog cumplió tres años el 27 de junio.Retiré todo lo que publiqué el primer año porque de esos texto nació una novela que acabo de terminar de escribir.Se titula Detrás del Atlántico.También retiré las entregas de Jelly Beans.(Las trabajo para papel).La experiencia de estos tres años ha sido enriquecedora.Me ha llenado de sorpresas agradables.El trato con el lector no ha supuesto problemas.Al principio contestaba los comentarios pero decidí dejar de hacerlo porque sentí que no debía comentar mi propia ficción.Escritura Digital, Escritura en papel.Paralelamente al blog, escribo para papel.Y en el ejercicio diario de ambas actividades noto que la escritura para internet es diferente a la que se hace para el papel. Cuando escribo para el papel siento que escribo a ciegas. Aunque mi escritura se caracteriza por la frase corta, cuando escribo en el papel, voy en largo. Los textos digitales se caracterizan por su fragmentación.* La escritura para el papel es un acto íntimo, silencioso, introspectivo. La escritura para el blog es (aunque se hace a solas) una escritura abierta, llena de sonidos (en ocasiones de ruido, de estruendo), efectista, corta, concentrada y quizá, prudente. Digo esto último porque en el papel siento más libertad que en el blog.La presencia activa del autor en el blog tiene ventajas y desventajas.Una de las desventajas es que en ocasiones, el lector asocia lo que se publica con la figura de quien escribe.En mi caso firmo con mi nombre real pero no escribo un diario ni hablo de temas personales.La figura del autor y su intimidad despierta un cierto interés. El lector aspira a leer no sólo los textos del autor sino al autor mismo.Por eso, aunque intento que nada condicione mi escritura, he de reconocer que cuando escribo en abierto soy más cauta que cuando escribo a ciegas.* La escritura para el papel es bidimensional.El autor escribe sobre una superficie plana.Debajo del papel no hay nada.Media un lapso determinado de tiempo desde que se concibe el relato hasta que se publica para que el lector lo reciba.Una vez que el lector se aproxima al texto hace una lectura personal, probablemente con anotaciones en las páginas, de la que el autor no tendrá conocimiento.La escritura para el blog en cambio es multidimensional.El autor escribe sobre una superficie penetrable, líquida, traslúcida.Detrás está el lector, esperando.Lee y comenta.El autor lee a su lector.Lee su comentario, lee su perfil, tantea su blog si lo tiene.Yo me miro en el lector y el lector se mira en mí.Los comentarios que se hacen en un blog equivalen a las notas que escribimos en un libro que leemos.Incluso el subrayado existe.Hace pocos días uno de los fundadores de twitter decía que el ser humano tiene una necesidad imperiosa de informar de sí mismo.Yo añadiría que también necesita leerse en la letra ajena.Lo que se escribe en la superficie del blog es ficción.Lo que se escribe debajo, en los comentarios, también lo es, porque de algún modo, el bloguero es un personaje.La realidad virtual lo inviste como tal.* El tiempo en el blog tiene un papel primordial.La inmediatez.Mientras más rápido, más instantáneo, mejor.La moderación de comentarios, la exigencia de una palabra clave para evitar el spam, las entradas programadas, le restan velocidad al blog.Y aquí la vida se mide en términos de velocidad.El blog debe palpitar.Un bloguero habló una vez de que hay que escribir como si el autor estuviera muerto.Yo difiero.Creo que eso funciona quizá en el papel, no en el formato digital.El lector quiere contacto con el escritor, saber que detrás de cada relato está respirando el autor.La ficción que se escribe en un blog es ficción en tiempo real. Una escritura con respuesta que se produce desde la anulación las fronteras espacio temporales. Se agotan los paralelos, los husos horarios.* Vivimos tiempos en los que el ojo nos mira constante.Cámaras que vigilan espacios públicos, espacios privados, centros infantiles, cámaras que aman, cámaras que observan la literatura que se hace en un blog desde su génesis, que observan el crecimiento de la letra, que caminan junto a la palabra.El blog es una cámara más.Observamos la vida de la letra del otro. Por eso el cierre de un blog desconcierta, desorienta.Creo que por la vinculación tan estrecha con la realidad, el cierre de estos espacios de ficción y autoficción se vive como una muerte.Ventajas que son desventajas o viceversa* La aspiración de todo escritor es ser leído.A mayor número de lectores mayor placer.Una de las ventajas del blog es esa: es un vehículo que propaga la escritura.Es accesible y cómodo.La accesibilidad se convierte en una desventaja cuando, ante la falta de legislación, los textos son plagiados.* El hecho de que el formato entrañe periodicidad es una ventaja porque obliga a la escritura, la disciplina, mantiene la mano caliente y ligera.Esto se transforma en desventaja porque también supone una obligación.Si no se controla, el escritor del blog secuestra el tiempo del escritor de papel.* La respuesta del público es un estímulo que activa la creatividad.En ocasiones, esa respuesta viene con una sobrecarga emocional.Si no se administra la distancia ante esa emoción, el estímulo activa la parálisis.* Lo que sucede en los blogs es fiel reflejo de lo que sucede en los libros.¿Hay literatura en los blogs? Por supuesto. Tanto como en el papel.¿Hay escritura mediocre en los blogs? Absolutamente. Igual que en el papel.¿Hay falso halago, se llama escritor a quien no lo es, se encumbran textos carentes de calidad? La respuesta es la misma.Y en cuanto al plagio, la ventaja del blog con respecto al libro, vuelve a ser la velocidad. Se descubre más rápido y se denuncia de inmediato.El Blog…¿es un género o un canal?Ambos.La plataforma es un canal.El entorno en el que se encuentra propone y permite un tipo de escritura que podría ser considerada como un género.El hipertexto de ficción, ese texto que incorpora recursos verbales y no verbales, que admite los lenguajes invadidos, que diluye la frontera entre los géneros, que plantea un cabotaje universal en un mar lleno de letras fragmentadas (entradas) y de islas (enlaces) que son sumideros que conducen a otras ficciones y éstas a otras y a otras y a otras.¿El camino hacia dónde?El universo blog está hecho de mares.Navegamos, atracamos, miramos y seguimos.Los textos se encuentran en las profundidades del agua.Publicar significa cortar la cuerda que los mantiene abajo y dejar que suban a la superficie.Cada texto es una piedra flotante.La suma de los textos hace caminos. El camino del escritor.El camino del lector. Caminos variantes.Dispuse a gusto mis piedras flotantes haciendo con ellas un itinerario.Las piedras se dejaron llevar por la corriente y la ruta trazada se bifurcó dando lugar a más de un derrotero.Uno de ellos me condujo a la novela que acabo de escribir.Otro me trajo hasta aquí.Para saber a dónde lleva el resto habrá que transitarlos.En eso estamos

Eneas, second thoughts

Entiendo poco de dioses, diría Eliot, pero he comprendido que prefiero su cuerpo al Tíber o al más caudaloso de los ríos. Su cuerpo flaco, con sus huesos completos y ese olor a salitre que trae desde el vientre hacia afuera y desde el mar hacia adentro. Su cuerpo flaco, al ritmo de mis ojos al verle, al paso de los grillos devorados en la orilla de esos ríos.
No cesa ningún coro con la muerte. Acepto ser el devoto que vea encenderse la pira, y al acercarte, evitar que te abrases, Dido, entre las llamas de sus lenguas.
Roma tendrá que esperar Virgilio, que me observas con el miedo que Augusto te despierta. Supe, antes que escribieras el descenso, mi encuentro en el Hades con ella. Lleva, mejor tú, en tus espaldas su mirada doliente. Ulises entendió poco esto, y uno aprende de errores ajenos a veces. Déjame con Dido, escribe: enviará un hijo nacido del vientre de ella a fundar a Roma.
Ve delineando tu Arcadia, vela componiendo. Tú serás exiliado de igual manera, como lo será Ovidio y el florentino a quien servirás de guía.
Yo me quedo en Cártago: mejor las largas piernas de Dido a alabar con complacencias a los Césares.