Tu cuerpo largo de avena, soplado por el viento y la sal que tus sudores condensan.
Mi cuerpo tuyo, hecho del barro que moldeas.
Nos hacemos juntos, nos formamos magreados en cualquier lugar o espacio de las calles o los cuartos o los espacios que hacemos nuestros.
Habitamos en las manos del otro.
Somos el final de la carencia.
Somos en las palmas del otro, siempre cerca, en tensión el cuerpo, esperando acaricarnos y otorgarnos el reposo, la dicha de los cuerpos, la felicidad de los amantes,el deseo. Que es solo nuestro.
martes 3 de noviembre de 2009
lunes 26 de octubre de 2009
Cántaro
Bebo de esa copa tersa que se hace entre finales y comienzos de tu espalda.
Tomo tus sudores y lluvias y los sirvo en el cántaro curvo en que te bebo a ti, cáliz mío, vaso del deseo.
Cierras los ojos, abres los labios, escucho tus jadeos.
Tomo tus sudores y lluvias y los sirvo en el cántaro curvo en que te bebo a ti, cáliz mío, vaso del deseo.
Cierras los ojos, abres los labios, escucho tus jadeos.
Durazno
Tengo un durazno entre mis manos, del que me alimento cada día.
Nadie lo conoce porque nunca lo había nombrado.
Lo he designado con palabra dulce.
Me acuesto de lado, lo tomo, lo voy mordiendo mientras se hace agua en mi boca y aparta toda hambre o sed de mis labios y mi cuerpo.
Es almohada en donde envuelvo cada sueño que voy armando.
Suave, terso, redondo.
Magnífico lugar en donde rezo.
Nadie lo conoce porque nunca lo había nombrado.
Lo he designado con palabra dulce.
Me acuesto de lado, lo tomo, lo voy mordiendo mientras se hace agua en mi boca y aparta toda hambre o sed de mis labios y mi cuerpo.
Es almohada en donde envuelvo cada sueño que voy armando.
Suave, terso, redondo.
Magnífico lugar en donde rezo.
viernes 23 de octubre de 2009
El otro Cervantes
Mis padres pagaron el rescate de alguno de los dos. Se endeudaron hasta la médula y mi madre hasta se hizo pasar por viuda para conmover a los otros. No es sencillo conmoverlos a ellos. Al final, me dejaron ir a mí a cambio del monto acordado por ser el menor de los dos. Yo no quería. Sentía verguenza de dejar a mi hermano en manos de los moros. Ya tenía un par de años o más, y le quedaban otros. Él no dejó nunca de intentar escaparse, pero era capturado siempre. Aún así, su suerte le pelaba los dientes, pues mientras otros sofrían el Empalado, el solo recibía una carga de cadenas.
Con el tiempo, Miguel regresó a casa. Yo no estuve para recibirlo, me encontraba en Portugal, en donde dormito estas palabras.
No sé que será ahora de Miguel, manco de una mano, sin dineros, con los padres nuestros tan viejos, mis hermanas realengas y yo sin poder ayudar. Son pocos sus talentos además de las armas y una imaginación que lo hacía concebir personajes extraños mientras estábamos entre los infieles y nos cautivaba.
¿qué será de él, de mi hermano? Yo esta noche salgo a batalla, no a Lepanto en donde quizás debió mejor morir Miguel y sellar su inmortalidad, sino a cualquiera en mis faenas de soldado.
Ojalá puedas hacer algo con esos personajes en la cabeza hermano, ojalá saques algún provecho en esta tierra ingrata que es el Reino de España.
Yo, del otro lado, tomo tu destino y recibo un arcabuzazo en tu nombre, ese que debía hacer hondura en ti en Lepanto y enterrarte en la tierra, en donde te espero ahora y hasta siempre.
Suerte hermano.
Con el tiempo, Miguel regresó a casa. Yo no estuve para recibirlo, me encontraba en Portugal, en donde dormito estas palabras.
No sé que será ahora de Miguel, manco de una mano, sin dineros, con los padres nuestros tan viejos, mis hermanas realengas y yo sin poder ayudar. Son pocos sus talentos además de las armas y una imaginación que lo hacía concebir personajes extraños mientras estábamos entre los infieles y nos cautivaba.
¿qué será de él, de mi hermano? Yo esta noche salgo a batalla, no a Lepanto en donde quizás debió mejor morir Miguel y sellar su inmortalidad, sino a cualquiera en mis faenas de soldado.
Ojalá puedas hacer algo con esos personajes en la cabeza hermano, ojalá saques algún provecho en esta tierra ingrata que es el Reino de España.
Yo, del otro lado, tomo tu destino y recibo un arcabuzazo en tu nombre, ese que debía hacer hondura en ti en Lepanto y enterrarte en la tierra, en donde te espero ahora y hasta siempre.
Suerte hermano.
Melao
Caramelo en tus ojos puros, que se hila
lentamente hacia tus cabellos y hace una hogaza oscura
que me abarca el cuerpo, me envuelve
Lo tomo en mis manos y recorro con mis dedos,
y estiro abajo hacia tus piernas, las transito
con mi lengua que se extiende hacia tu espalda, tu nuca, tu cuello
Acaricio tus cabellos y te beso, miro
al fondo de tus ojos, adentro, mientras te haces baño de Maria
y se derrite en mis manos la hermosa longitud de tu cuerpo
quemándonos, haciendo con lo dulce de tus cabellos que respiro, de tus ojos en que me sumerjo y quemo
maravillas
lentamente hacia tus cabellos y hace una hogaza oscura
que me abarca el cuerpo, me envuelve
Lo tomo en mis manos y recorro con mis dedos,
y estiro abajo hacia tus piernas, las transito
con mi lengua que se extiende hacia tu espalda, tu nuca, tu cuello
Acaricio tus cabellos y te beso, miro
al fondo de tus ojos, adentro, mientras te haces baño de Maria
y se derrite en mis manos la hermosa longitud de tu cuerpo
quemándonos, haciendo con lo dulce de tus cabellos que respiro, de tus ojos en que me sumerjo y quemo
maravillas
martes 20 de octubre de 2009
Libro del Fuego
Llego de pronto tan cargado de recuerdos, de pasado sin claros en donde sumirse. Todo lleva noche por dentro: ojos verdes, colinas, cabellos negros y tablaos, rencores, baratijas, cuerpos que se entregan con ganas y desganas, mentiras, locuras, inventos, celos, neurosis de aquellas, pecho abierto por tantos pechos descubiertos que nada sueñan. Uno andaba, sí, llevado de esas manos limpias y sucias. Uno terminaba cansado y lleno de humo e insomnio, y tragos que se convertían de repente en hamaca para las nostalgias.
Así, cargado de falsos afectos remonta uno los golpes, los coñazos vale, los recovecos en un espejo en donde te reflejaba a ti, con tus andares y risas y lamentos y despechos y sabores, así poco a poco, mientras nos mirábamos en la pantalla, en alguna fiesta, y te veía en tus caminos de golpes de ladrones y subida de diez pisos sin ascensores. Un día bailé contigo, te meneé y al salir de un baño te llevé a un cuarto, contra la pared, y te besé a pesar de tus murmuraciones. Lento, me dijiste, lento lo hice. Me espiabas, nos veíamos en Barrabar, nos besábamos mientras bailábamos, aunque tu no supieras como hacía y te parecieran los besos tan poquitos. Yo iba y venía. Viajaba y te pensaba perdida. Esperabas, impaciente, esperabas. Y nos veíamos, nos llevaban de la mano esos amantes viejos que teníamos: nos llevaban hacia al otro con todo lo vivido con aquellos, nos susurraban sin saberlo "mírala, mírale los ojos" y yo me sumergía en tus almendras oscuras que se iluminan, que se prenden, luces en tu rostro, y que me encienden. Y te decían "bésalo, bésalo profundo" y venías y me besabas entero, con el alma, con toda la fuerza de tu cuerpo de mujer y estallábamos.
Yo camino tu cuerpo perfecto con cuidado, como quien quiere cruzar un río sin ahogarlo, susurrándote, acariciándote, oliendo tus cabellos, besándote. Te miro como sólo se te puede mirar a ti: sereno y explotando, ardiendo y sintiendo brisa de tarde final de playa. Te camino, te sigo caminando, me hago a tus calles que recorro y respeto, que curo, que enderezo.
Tu caminas el mío con sapiencia, como quien cruza las olas de un mar picado que sabe surcar, casi en silencio, tocándome, mirándome sin saber cómo me miras, extrañándome cada día, necesitándome entre ese frío de montaña y calidez que te transmito. Con paciencia me sanas, me entiendes, te entregas.
Hoy estamos aquí, hechos uno y mirando al frente, y de vez en cuando miramos hacia atrás para con compasión hacer gestos de despedida.
Yo no te despido. He venido para quedarme y aquí me quedo, contigo. Hasta cuando tu quieras.
Somos un nuevo texto hecho de dos, somos una página nueva. Estamos haciendo el más largo y hermoso de los libros, lleno de cuentos, anécdotas, recuerdos, deseo, espera gozosa. Libro que arde, que se debe cuidar como se cuida el sueño de los candelabros de noche encendiendo, candela que se agita con el viento pero no claudica. Libro del Fuego.
Así, cargado de falsos afectos remonta uno los golpes, los coñazos vale, los recovecos en un espejo en donde te reflejaba a ti, con tus andares y risas y lamentos y despechos y sabores, así poco a poco, mientras nos mirábamos en la pantalla, en alguna fiesta, y te veía en tus caminos de golpes de ladrones y subida de diez pisos sin ascensores. Un día bailé contigo, te meneé y al salir de un baño te llevé a un cuarto, contra la pared, y te besé a pesar de tus murmuraciones. Lento, me dijiste, lento lo hice. Me espiabas, nos veíamos en Barrabar, nos besábamos mientras bailábamos, aunque tu no supieras como hacía y te parecieran los besos tan poquitos. Yo iba y venía. Viajaba y te pensaba perdida. Esperabas, impaciente, esperabas. Y nos veíamos, nos llevaban de la mano esos amantes viejos que teníamos: nos llevaban hacia al otro con todo lo vivido con aquellos, nos susurraban sin saberlo "mírala, mírale los ojos" y yo me sumergía en tus almendras oscuras que se iluminan, que se prenden, luces en tu rostro, y que me encienden. Y te decían "bésalo, bésalo profundo" y venías y me besabas entero, con el alma, con toda la fuerza de tu cuerpo de mujer y estallábamos.
Yo camino tu cuerpo perfecto con cuidado, como quien quiere cruzar un río sin ahogarlo, susurrándote, acariciándote, oliendo tus cabellos, besándote. Te miro como sólo se te puede mirar a ti: sereno y explotando, ardiendo y sintiendo brisa de tarde final de playa. Te camino, te sigo caminando, me hago a tus calles que recorro y respeto, que curo, que enderezo.
Tu caminas el mío con sapiencia, como quien cruza las olas de un mar picado que sabe surcar, casi en silencio, tocándome, mirándome sin saber cómo me miras, extrañándome cada día, necesitándome entre ese frío de montaña y calidez que te transmito. Con paciencia me sanas, me entiendes, te entregas.
Hoy estamos aquí, hechos uno y mirando al frente, y de vez en cuando miramos hacia atrás para con compasión hacer gestos de despedida.
Yo no te despido. He venido para quedarme y aquí me quedo, contigo. Hasta cuando tu quieras.
Somos un nuevo texto hecho de dos, somos una página nueva. Estamos haciendo el más largo y hermoso de los libros, lleno de cuentos, anécdotas, recuerdos, deseo, espera gozosa. Libro que arde, que se debe cuidar como se cuida el sueño de los candelabros de noche encendiendo, candela que se agita con el viento pero no claudica. Libro del Fuego.
martes 13 de octubre de 2009
Blanca
Uno lleva el orden que sugieren tus cabellos: girar, bajar y subir con el aire que los lleva, como a mi me llevas de tus manos a tus pies, que beso, y subo hacia la longitud clara de tus piernas, que me envuelven y me atraen a ti, que me besas mientras me miras, lenta, y muerdes un labio, y muerdo los tuyos, arriba y abajo, mientras toco tu piel entera, tu espalda que se moja de tu propia lluvia, tu lluvia que me bebo sorbo a sorbo, mientras recorro tu cuello, tu nuca, de nuevo tus cabellos. Alejo sombras, me sumerjo en ellas y las alejo. No las desconozco, ambos las traemos en los hombros pero ayudo a llevar las tuyas, ayudas a llevar las mías, nuestros defectos, tu terquedad, nuestros lamentos, mi querer saberlo todo, nuestros misterios, todo sombra que nos rodea y aceptamos como se acepta que nuestro perro tiene mal carácter. Yo soplo las sombras, las aspiro y las fumo, las exhalo y las manejo con las manos, que me llevan de nuevo hacia tu piel, su lisura, su firmeza, su constancia hacia la mía que se hace de agua como tú, líquida y aire, flotando mientras te beso espalda, comienzos y finales, mientras te sujeto, te jalo hacia mí, te sostengo en tierra y sábana que hace de testigo mientras amamos, mientras bebo de esa taparita que se hace en el lugar que tanto amo, en donde camino con la lengua, o en el ánfora secreta donde yo te reconozco cada suspiro que me ofreces y regalas. No toco tu boca, tomo tu noche entera, tu baile, tu trago, tus silencios, tomo tus hombros con mis manos, con fuerza, acaricio tu mejilla, me pierdo en tu mirada, en tanto amor que me entregas sin pedirme nada, en tanta querencia que te doy ofreciéndome completo, siendo tuyo, mostrando mis tatuajes que transitas desde el tiempo, que auscultas, o mi pecho, que se eleva y bajo en su concavidad para tus brazos que lo abrazan, que se llena de tu arte. Chupas mi barbilla, yo lamo cada una de tus carcajadas, te veo dormir y despertar llena de luz, enamorada, con la frente limpia, los cabellos salvajes y hermosos en la almohada, y mis manos que te buscan mientras te susurro cosas al oído, esas cosas que te encantan, que te dan calor, que eleva mi pira al ardimiento.
Tú que te has hecho mi mujer, tan mía como yo en tus manos me sostengo, eres lo que siempre se buscaba: una hembra hecha de trigo y leche, de fuego y misterio, de dulzura y encantamiento.
Uno sabe cuando es de alguien, no por esclavitud, no por sumisión, es de alguien solo cuando hay entrega, libre, sin señalamientos, libre, como se entrega alma que no mata, sino revive.
Uno sabe cuando ama, lo ve venir lentamente y de golpe ocurre, te levantas y piensas en ella, te acuesta y piensas en ella, el día gira y gira alrededor de ese animal hermoso con cabellera de Botticelli, de cuadro de primavera, de Céfiro que sopla y te lleva de las aguas a la tierra serena que alimenta.
Como tu cuerpo para mi, tu mirada, tu corazón grande, tu ser para mi y viceversa. Tu existencia.
Tú que te has hecho mi mujer, tan mía como yo en tus manos me sostengo, eres lo que siempre se buscaba: una hembra hecha de trigo y leche, de fuego y misterio, de dulzura y encantamiento.
Uno sabe cuando es de alguien, no por esclavitud, no por sumisión, es de alguien solo cuando hay entrega, libre, sin señalamientos, libre, como se entrega alma que no mata, sino revive.
Uno sabe cuando ama, lo ve venir lentamente y de golpe ocurre, te levantas y piensas en ella, te acuesta y piensas en ella, el día gira y gira alrededor de ese animal hermoso con cabellera de Botticelli, de cuadro de primavera, de Céfiro que sopla y te lleva de las aguas a la tierra serena que alimenta.
Como tu cuerpo para mi, tu mirada, tu corazón grande, tu ser para mi y viceversa. Tu existencia.
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