He lamentado sobremanera como mi generación tuvo que conformarse con comenzar a vivir de la nostalgia antes de tiempo. No es cosa de juventudes andar mirando hacia el pasado de uno, menos de una infancia que, aunque se recuerde con cariño, es un espacio de purezas en un tiempo en que uno quiere superarlas. Los que vivimos la adolescencia en los noventas empezamos a hacer de los ochentas un espacio propio, utópico, en donde no habían golpes de estado, renuncias de presidentes, trastoques de las cosas. Un sonoro egoísmo despuntaba al no querer aceptar que Cuba ya no era depinga pues. O que la Unión Soviética comenzara a llamarse Rusia de nuevo. Por razones que no entiendo, los grandes poderes o potencias mundiales de los últimos doscientos años tienen nombres larguísimos: Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Estados Unidos de América. República Popular China. Quizás es por eso que Japón siempre aparecía de tercero. O los franceses con esa simplicidad de República Francesa. El poder tiene una enorme fijación con las palabras. Le encantan, le seducen. Quiere dominarlas, poseerlas, controlarlas. Tiene un afán de nombrar las cosas y así disiparlas, hacerlas irreales. En el fondo, le encanta la ficción. Le permite construir un Disney del vocabulario para las personas que gobierna, o gobernó o quiere gobernar. Sí, le encantan las palabras y por eso detesta a los escritores. O quiere que trabajen para él. Maiakovski lo hizo y terminó dándose un tiro. Pound, preso. Padilla no quiso y terminó humillado públicamente. Es decir, estar en contra ha significado el ostracismo, la desaparición de las obras del escritor o el GULAG; estar a favor, el arrepentimiento futuro del que escribe. Es un negocio redondo para el poder, lo que le molesta es la piquiña rebelde y escandalosa del que escribe. No puede ser cuantificado, catalogado, determinando por los jefes de la estadística. Y, más importante aún, se mete con su juguete predilecto: las palabras. Ellas enseñan a desconfiar del que abusa de ellas. El poder es barroco, verborreico, abusa de los adjetivos, le teme a los verbos, sustantiviza sin necesidad. Su verdadero problema es que no sabe reírse y que no acepta el elemento lúdico que contienen las palabras. Y por supuesto, sabe que quien las conoce, le quita las máscaras con que se adorna en su trono. Kafka lo supo bien y ante todo, supo de las raíces de todo poder. Su nacer en la polis, su formar parte de todos. Kafka vio en el día a día, al poder repartido entre todos como sucio de calle en los zapatos. Lo vemos en El Castillo, así como en El Proceso constatamos su carácter guabinoso y camaleónico. El ciudadano que no está alerta termina preso por no entender que es la premisa última de quien gobierna: no entiendas la realidad de las cosas, entiende, de las palabras, mis mentiras. Lo leemos en La Metamorfosis: el que amanece distinto, es condenado. Comenzando por los suyos. En el momento en que no entras en el riel de la comodidad, de la seguridad de las cosas, dejas de importar como ciudadano. Política y antológicamente. Rompe la rutina firme de los años y caerás en desgracia. De eso sabe mucho Sándor Márai. También lo supo Borges, cuando en un pequeño ensayo, Nuestro pobre individualismo, nos dice que el argentino no se identifica con el estado: lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano. Y más adelante: el más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los asuntos del individuo; en la lucha con ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará justificaciones y deberes. Esto fue escrito en el año aciago de 1946. Lo escribe un Borges de 47 años, cercano ya a ser despedido de su cargo en la Biblioteca Nacional y enviado a ser “inspector de mercados de aves de corral”, por Perón. Esto a pesar de haber ganado el Premio Nacional de Literatura en 1941. Hemos querido siempre construir una nueva realidad en nuestros países desde una condición ciudadana que aun no entendemos como se maneja ni como se vive realmente. ¿Cómo si cumplir con la ley ha sido siempre labor de pendejos?, ¿Cómo si el sentido anárquico nos marca, a veces para bien pero la mayoría de las veces para mal? Odiamos al Estado y su representación, pero vivimos de él, y por tanto, somos su cómplice. Entonces nos encontramos con un ser Occidental, el de la periferia, que no encuentra su lugar en la polis, mucho menos después de dos guerras mundiales (en un marco general) y múltiples dictaduras (en un marco particular). En este lado del Atlántico las cosas no son tan distintas. En todo caso, tenemos una ventaja: nunca hemos encontrado ese lugar (la polis), nuestra titánica tarea (y debería ser olímpica, no titánica, quizá ese es uno de nuestros errores) ha sido Fundar, o querer Fundar. Nuestro modelo debería ser (Bello no estaba tan equivocado) Virgilio. El modelo es Eneas. No hemos sido Ulises (tan interesante, tan lleno de sexapeal, tan hollywoodense) sino Aquiles: amamos el combate y la búsqueda de la gloria. Nos encanta el guabineo de Ulises, siendo Aquiles y necesitando ser Eneas. Es decir, no hemos pasado de Homero a los acueductos ni a las obras de los romanos, no hemos llegado a ese orden de las cosas. Somos casi pre-neolíticos. Pajaritos en grama. Hijos del imperio español, de los caribes y los negros libres africanos, nuestra naturaleza es políticamente anárquica y rebelde.
En 1946, año en que Borges escribía el ensayo mencionado anteriormente, George Orwell escribía otro: Politics and the english language, en donde fustiga sin clemencia alguna al lenguaje utilizado por los políticos de la Inglaterra de esos años. Hablamos de la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial, que no logra ser invadida. Esa Inglaterra victoriosa merece la crítica despiadada de Orwell. La lucidez lo acompañó siempre, tanto en la escritura de sus mejores obras, Animal farm, 1984, Homage to Catalonia, como en sus artículos y posición política ante los hechos de su tiempo. La postura de Orwell ante la manipulación de los políticos ingleses (Conservadores, comunistas, no queda títere con cabeza) es la misma de Kraus, Salinas, Canetti o Cadenas entre nosotros. Nos dice Orwell (la traducción es mía): Ahora, es bastante claro que la decadencia del lenguaje últimamente tiene causas políticas y económicas: no se debe solo a la mala influencia de este o aquel escritor. Señala las siguientes causas: palabras sin sentido, ambigüedad del significado de palabras como fascismo, democracia, socialismo, libertad, justicia, remarcando cómo son utilizadas y manipuladas por los diferentes estamentos del poder. En otro de sus escritos, Looking back on the Spanish War, Orwell hace énfasis en cómo el sentido común debe acompañar la utilización última de las palabras. Cuenta como un día, estando en el frente, decide espiar a los fascistas con un compañero. Está en las afueras de Huesca. Avanzan doscientas yardas y se detienen tratando de esconderse lo mejor posible. De repente, a menos de cien yardas de donde están, ven aparecer a un fascista que, inconsciente de que lo miran, decide bajarse los pantalones para hacer sus necesidades. Orwell lo tiene a tiro, reconoce que no es el mejor tirador, pero sabe que acertaría la bala. Pero decide no hacerlo. Él, cuenta, toma conciencia de la situación y decide no disparar. Yo fui a matar fascistas. Ese hombre es un hombre cagando, no un fascista (traducción mía de nuevo). Une estos recuerdos a los olores que acompañan su memoria: el de los días sin bañarse, esos baños tapados, el hongo haciendo de las suyas. Recuerda, lo acompañan, los sinsabores. Pero entre hermanos. Entre seres humanos iguales en sus miserias. En su penar existencial (Kafka), individual (Borges) y ciudadano (Orwell). Kafka y su enseñanza acerca del hombre que no encuentra su lugar en un mundo cercado por el Poder; Borges y ese hombre, ese habitante de la polis que desconfía del Poder, pero aspira a poder cercarlo; Orwell y ese hombre que, más allá del Poder, sabe el significado de las palabras y cómo ellas deben designar desde el corazón, desde las entrañas. La conciencia ciudadano nace solo de la conciencia del lenguaje y de las palabras. Mucho ocurrió en el siglo que pasó. Hemos aprendido, en este nuevo siglo, que las realidades cambian y que hay que cuidarse de la rigidez de las palabras imantadas por el Poder y también de lo guabineante de esas mismas palabras. Uno ve lo que pasa, y aprende a cuidar lo que designa. Vamos aprendiendo a Fundar realmente una polis, a ser, desde el conocimiento del lenguaje, mujeres y hombres que decantan realidad.
martes, 13 de abril de 2010
jueves, 1 de abril de 2010
Medida de los tragos
Temas de Sabina, de Calamaro. Bebes tu ron con aguakina, hielo picado, limón y una cereza. Lo voy armando mientras suenan los temas, antes de cambiar hacia Fito y Charlie, o Zapato 3 y Sentimiento Muerto.
Yo preparo mi whisky entonces, en vaso corto, contando hasta veinticinco y sin la medida que tu padre te enseñó. Con poco hielo.
Bebemos, probamos. Primero tu, y yo respiro la caña de la costa a través de tu aliento. Luego yo, y tu las aguas de Escocia a través del mío.
Ahora escuchamos a la Mala Rodríguez y calle 13, luego iremos mudando el sonar hacia la Dimensión Latina para bailarnos.
Luego del primer baile, sumaremos a la cata de los tragos, junto con las aceitunas y el queso de cabra en el casabe, los sudores de los cuerpos. Solo entonces brindaremos.
Yo preparo mi whisky entonces, en vaso corto, contando hasta veinticinco y sin la medida que tu padre te enseñó. Con poco hielo.
Bebemos, probamos. Primero tu, y yo respiro la caña de la costa a través de tu aliento. Luego yo, y tu las aguas de Escocia a través del mío.
Ahora escuchamos a la Mala Rodríguez y calle 13, luego iremos mudando el sonar hacia la Dimensión Latina para bailarnos.
Luego del primer baile, sumaremos a la cata de los tragos, junto con las aceitunas y el queso de cabra en el casabe, los sudores de los cuerpos. Solo entonces brindaremos.
lunes, 29 de marzo de 2010
Himnos de la noche (II). Novalis
¿Ha de volver siempre la mañana? ¿No tendrá nunca fin el poder de la tierra? Siniestra agitación devora el vuelo celestial de la noche que se acerca. ¿No va a arder para siempre la ofrenda secreta del amor? Los días de la luz están contados; pero fuera del tiempo y del espacio está el imperio de la noche. El sueño dura eternamente. Sagrado sueño — no escatimes la felicidad a los que en esta jornada terrena se consagran a la noche. Sólo los insensatos te ignoran y no conocen otro sueño que el de la sombra que tú, compasiva, arrojas sobre nosotros en el crepúsculo de la noche verdadera. Ellos no te sienten en el dorado mosto de las uvas — ni en el aceite milagroso del almendro, ni en la parda savia de la amapola. No saben que eres tú la que envuelve los pechos de la tierna muchacha y convierte su regazo en un edén — no sospechan siquiera que tú, desde antiguas historias, sales a nuestro encuentro abriéndonos las puertas del cielo, trayendo la llave de las moradas de los bienaventurados, silenciosa mensajera de infinitos misterios.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Respuesta de la lluvia
Desde el mar, miraba hacia la otra orilla imaginando esos ojos que todo lo traspasan.
Me mojaba de sol y de llovizna.
Sí, aumenta el deseo cada día. No, ya no estarás más nunca sola.
Ya no abrán más ausencias ni partidas.
Ya no esperarás por nadie nunca más: me hago en tu piel, toda la lluvia.
Me mojaba de sol y de llovizna.
Sí, aumenta el deseo cada día. No, ya no estarás más nunca sola.
Ya no abrán más ausencias ni partidas.
Ya no esperarás por nadie nunca más: me hago en tu piel, toda la lluvia.
Lluvia, por Santísima Rivero
Llueve. Y yo acá veo como se escurre y se extiende en mi cuerpo, el deseo. Se lava ante la ausencia, ante la espera. Duermo con el sonido de las gotas, concentro mi oído para escucharlas, que me arrullen, para olvidar que descanso sola. ¿Desvanecen o aumentan con el tiempo las ganas?, tus ganas y las mías. Ahora sintiendo placer en toda mi piel. Me mojo bajo la lluvia, ya que no puedo mojarme en ti.
01/08/09
01/08/09
Sueño de uno
Cruzamos la calle y encontramos al lugar. Comemos shaguarma, falafe, crema de ajonjolí, de berenjena, de garbanzo. Veo la salsa en las comisuras de tus labios y la lamo, la bebo. Quien fuera un sufí, me digo, quien con solo entonar palabras pudiera traerte y llevarte. Hacerte una casa adentro, arrellanarme entre tus costillas. Entrar en tu garganta y curarla de toda ronquera. Tomar tus hombros y espaldas y frotarlas para relajarlo todo. Ser tu alimento y llenarte de proteínas. Sueño todo esto y lo acometo cada día, haciendo realidades del sueño y viceversa.
Bebo cervezas contigo mientras llegan tus amigos. Te escucho contar tus historias, esas que deberían estar en papeles para ser leídas, mientras veo tus cabellos libres bailar con el viento que ha vuelto a la ciudad. Llegan los amigos, vamos a otro sitio. Y te veo convertirte en tus cabellos, te veo bailar y bailar sin frenos, sin aspavientos, sin verguenzas. Te veo hacer de tu vida tu propio sueño.
Duermes ahora, y seguirás durmiendo y solo pienso en habitar en ellos. Te veo vestida, te arreglas, salimos, conversamos, tomamos, reímos y llega la noche en donde pueda hacer de tu cuerpo tibio mi lugar, mi casa a donde volver siempre, el lugar en donde vivo. Te duermo entre mis brazos, caliente contra mi pecho.
Y en tus sueños vivo, he hecho también casa. Somos, al final de cada sueño y en su principio, uno solo haciendo realidad, contigo y conmigo. Uno.
Bebo cervezas contigo mientras llegan tus amigos. Te escucho contar tus historias, esas que deberían estar en papeles para ser leídas, mientras veo tus cabellos libres bailar con el viento que ha vuelto a la ciudad. Llegan los amigos, vamos a otro sitio. Y te veo convertirte en tus cabellos, te veo bailar y bailar sin frenos, sin aspavientos, sin verguenzas. Te veo hacer de tu vida tu propio sueño.
Duermes ahora, y seguirás durmiendo y solo pienso en habitar en ellos. Te veo vestida, te arreglas, salimos, conversamos, tomamos, reímos y llega la noche en donde pueda hacer de tu cuerpo tibio mi lugar, mi casa a donde volver siempre, el lugar en donde vivo. Te duermo entre mis brazos, caliente contra mi pecho.
Y en tus sueños vivo, he hecho también casa. Somos, al final de cada sueño y en su principio, uno solo haciendo realidad, contigo y conmigo. Uno.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Cafetín de la FAU
Estos días en que te espero leyendo mientras sales. Como muchacho de liceo.
Pido un café, chocolate. Fumo un cigarrillo mientras escribo y leo.
Converso con amigos, vivo la brisa bien llevada del lugar, respondo mensajes y llamadas, adelanto trabajos. Saco copias. Corrijo exámenes.
Como quién espera a una niña salir del colegio.
Con tu presencia siempre en llama y mis ribetes de viejo que se conmueven ante ti.
Esta serenidad que te estremece y también te cerca.
Mi calma que te invade, que espera por tus horas y tus tránsitos, que se sabe.
Esta enseñanza que aleja los infiernos.
Habito tus espacios, los respiro. Soy, en este cafetín, ya una presencia cotidiana. Veo a los perros con bozal, los muchachas etéreas, las tortas, los almuerzos, el señor que lee y fuma como yo en la mesa de al lado, los días de diseño y entregas, la llegada de tantos de otros lugares a rondar aquí.
Soy uno más en este espacio tuyo de biblioteca, de móviles, de fachadas.
Uno que se pliega para ti: te veo con tus aparatos hace años, tus ropas de hippie, tu levantar miradas, tus andares, tus trasnochos, congresos, idas a la playa y la montaña, tus amores, tus escapadas con tus amigas, tu bailes en el Oh Gran Sol, tus arrebatadas en Doors.
Yo despliego la mirada, los instintos.
Me sonrío y aplaudo tu llegada, hermosa, elegante, perfecta, medida.
Agradecido.
Pido un café, chocolate. Fumo un cigarrillo mientras escribo y leo.
Converso con amigos, vivo la brisa bien llevada del lugar, respondo mensajes y llamadas, adelanto trabajos. Saco copias. Corrijo exámenes.
Como quién espera a una niña salir del colegio.
Con tu presencia siempre en llama y mis ribetes de viejo que se conmueven ante ti.
Esta serenidad que te estremece y también te cerca.
Mi calma que te invade, que espera por tus horas y tus tránsitos, que se sabe.
Esta enseñanza que aleja los infiernos.
Habito tus espacios, los respiro. Soy, en este cafetín, ya una presencia cotidiana. Veo a los perros con bozal, los muchachas etéreas, las tortas, los almuerzos, el señor que lee y fuma como yo en la mesa de al lado, los días de diseño y entregas, la llegada de tantos de otros lugares a rondar aquí.
Soy uno más en este espacio tuyo de biblioteca, de móviles, de fachadas.
Uno que se pliega para ti: te veo con tus aparatos hace años, tus ropas de hippie, tu levantar miradas, tus andares, tus trasnochos, congresos, idas a la playa y la montaña, tus amores, tus escapadas con tus amigas, tu bailes en el Oh Gran Sol, tus arrebatadas en Doors.
Yo despliego la mirada, los instintos.
Me sonrío y aplaudo tu llegada, hermosa, elegante, perfecta, medida.
Agradecido.
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