Te tomé por la cintura, mis manos cerca de tus piernas, sintiéndolas a centímetros de mis manos, que subían y bajaban por tu espalda, por los omoplatos y esa apertura antes del final de ella.
Te daba vueltas agarrando tu cintura, tus caderas, haciendote girar y girar, dándote vueltas mientras te robaba besos cortos y tu boca más me quería.
"Mi corazón y mi cuerpo es tu casa", me dices ahora que eres mía. Seguimos girando el uno en el otro, adentro y afuera hasta el final de nuestros tiempos.
Tu cuerpo es mi casa. "Porque tu la habitas", me dices, es que te expandes y te haces aire y fuego sobre mi.
Te sigo girando, dando vueltas, bailamos al unísimo.
"Me meneaste", me repites siempre.
Te meneo cielo, nos meneamos.
Somos el mismo ritmo, la misma danza.
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