domingo, 27 de marzo de 2011

Jornada tercera. 23 de marzo de 2011

Llegué a las 8 al Paraninfo. Juan Cristóbal se alegró, pues sospechaba que la mesa en donde estaría no tendría mayor público. Era sobre Literatura y Política. Efectivamente, al comenzar, no abundaba (pero luego las cosas cambiarían: un asunto de puntualidad criolla, tráfico y lejanía contribuyeron a que no llegara la gente a tiempo). Un par de muchachos de sociología de la UCAB leyeron un trabajo en ciernes sobre la idea de Nación y Literatura y su elemento inconcluso. Juan Carlos Araque, segundo en el orden de lectura, no llegaba. Leyó entonces Juan Criistóbal. Me pareció muy importante su ponencia, alrededor de "Gallegos espectral". Cómo la figura de Gallegos, en estos tiempos, ha vuelto a surgir. La idea del intelectual como pastor de hombres, como salvador de la patria, ronda nuestra literatura, en especial nuestra narrativa más existosa en estos momentos, aquella de carácter histórico. Fue una ponencia demoledora. Luego, María Julio Cordero reflexionaría sobre su padre y cómo su obra se vio relegada entre las roscas culturales de la IV República. Su meditación alrededor de pueblo y ciudadanía crítica, fue impactante. Al final, Araque llegaría. Venía directo desde Barquisimeto para leer su ponencia, había salido la noche anterior. Toda una lección para algunos caraqueños y su pequeño desprecio a estas Jornadas. La ponencia de Araque era sobre el Testimonio en la literatura, en la figura de tres autoras venezolanas de los setentas: De Stéfano, Madrid, Zago. Mostró cómo la década del fracaso de la guerrilla, del pensamiento sobre ese fracaso se hace cada vez más, mostrando sus costuras en cuanto a una posibilidad de cura, lo cual se manifiesta en el revanchismo de quienes están en el poder.

A las 10, escuchamos la mesa sobre Narrativa y Espacio Urbano II. Santaella, Rodrigo Blanco, fueron los interpelados en estas ponencias desde posiciones interesantes. Luego, escucharíamos una lectura, sobre el testimonio en la literatura presidiaria de los años setenta. Toda una reflexión, en donde la métafora del país como cárcel es escalofriante, pero no menos cierta.

Almorcé con Enza García Arreaza y José Manuel Guilarte, luego de caminar mucho por la Universidad. Pude conocer a Moreno Villamediana y conversar con gente valiosa. Fue muy esperanzador vivir unos días en donde en cada esquina te encontrabas con alguien con quien intercambiar experiencias, conocimientos, alegría, dudas, terror.

En la tarde, nos encaminamos hacia la Conferencia Plenaria sobre Narrativa Contemporánea, la gran protagonista de las Jornadas. Carlos Pacheco, Arnaldo Valero y Gustavo Guerrero, invitado especial, leerían para nosotros. La conferencia de Pacheco nos llevó al Falke, como paradigma narrativo de la novela de esta década. Valero, nos llevó, quizás en un tiempo demasiado extenso de lectura, hacia la figura maravillosa de Juan Félix Sánchez. Guerrero nos cautivó con una conferencia llena de esperanzas para la literatura venezolana, sobria, bien escrita. Esperábamos conferencias semejantes a la de Guerrero definitivamente. Pienso que la Plenaria no apuntaba a trabajos personales sobre la literatura venezolana, sino a una interpretación de ella en la última década, o la anterior y la por venir.

A las 4 de la tarde, luego de mucho café, risas y cigarrillos, entramos nuevamente al Paraninfo para escuchar a Federico Vegas, Alberto Barrera Tyzska, Oscar Marcano, y Juan Carlos Méndez Guedez. Fue un conversatorio relajado, divertido, reflexivo. La nota más alta la alcanzó Méndez Guedez, al presentarnos su pesimismo sano. Que no creeamos en mesianismos literarios, en mini booms, en enchinchorramientos como escritores. No debemos nunca dejar de trabajar, más allá de los vaivenes del mercado. Hubo un debate interesante en Vegas y Barerra. El primero (recordamos al Gallegos espectral de la mañana), anunció que el escritor es el verdadera salvador de la patria. Que sus mayores influencias eran Reverón, Villanueva y Gallegos. Algo que no invita a reflexionar hasta el hueso. Son todos figuras de antes de 1958, es decir, antes de la democracia. ¿ No concibe todavía la literatura venezolana patrones, imaginarios, más allá de la huella modernizadora (1935-1955) y la revolucionaria (60s)? Es curioso cómo un período como lo fue la democracia entre 1958 y 1978 no se considera un paradigma. El período de la historia en donde realmente se gestó una idea de ciudadanía, de democracia en Venezuela, merece una nueva mirada, sin ingenuidades de derechas e izquierdas centradas en sus absurdos más degradantes. Vegas fue encantador, como suele serlo, y supo llevar sus intervenciones. Es un gran escritor y un gran amigo a quien admiramos, que sabemos se abrirá a nuevas esferas. Barrera, amablemente, lo llevó a hacer tablas con él, a partir de un escepticismo sano, crítico, quebrantador de espectativas. Me hubiera gustado contar con la presencia de Israel Centeno en esa mesa; creo, sin temor a equivocarme, que hizo muchísima falta. Fue un conversatorio respetuoso, entre amigos, que escriben distinto, piensan distinta a la literatura, pero son capaces de establecer un debate sin matarse. Un ejemplo a seguir (pero faltó más sangre).

Las Jornadas finalizaron con un brindis, planes futuros, debates entre copas, críticas, abrazos, cansancio. Es quizás una experiencia sin igual en nuestro mapa literario, que nos llevará, si nos organizamos y vencemos los egoísmos, a presentarnos críticamente y como "marca" (aunque no guste esta palabra) ante el mundo, como lo hacen argentinos, mexicanos, colombianos y españoles sin ningún complejo. Hay que mostrarse y hacerlo valerosamente, trabajar y seguir trabajando por unas próximas Jornadas en 2013. Quizás, un nuevo premio Herralde esté entre nosotros, o un Alfaguara, o una tendencia rica en cuanto a crítica del teatro o una revaloración del ensayo. Un lugar donde las alegorías nacionales sean sobre un futuro posible, una ciudadanía lectora y crítica a partir del lenguaje. Una clausura del siglo XIX.

Gracias a todo el equipo de la Simón Bolívar, en especial a Carmen Victoria Vivas, que se entregó en cuerpo y alma a estas Jornadas. A ella y a todos, salud y literatura.

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