jueves, 3 de noviembre de 2011

NO TODOS MORIREMOS.


No son pocos los que se han desvelado mirando las estrellas. Yo entiendo poco ese desvelo, el trasnocho, la espera de las horas. Sé de los babilonios y de los asirios, de los egipcios y romanos escrutando el cielo. Somos viejos en este planeta.
Aquí en mi lugar, todo es noche, nada brilla y sin embargo amanece.
Al nacer, mis padres, leyendo las arenas en un puño, anunciaron un camino duro y fructífero de años, solo. Y solo he vivido. No he encontrado compañera. Mis días han sido iguales, mis hábitos lo mismo.
Tantas historias que he escuchado sobre las estrellas, tantas predicciones. Las pregonan los que viven afuera, cuando vienen de paso. Dicen que se acabará el mundo. Dicen que todos moriremos. Que falta poco. Me han dejado escrito más de una docena de horóscopos. Lo hacen cabizcabajos, viendo mi morada, la ausencia de brillo en las cavidades de mi rostro.
Yo entierro mis uñas en la arena, sin abrir los ojos. Mi única predicción, es que la tierra será siempre tierra y no todos moriremos.
Soy de los pocos que conoce, entonces, la esperanza de una compañera. Hay otros solos que nunca llegarán a verla.
Nosotros, los Topos, junto con algunas especies que nunca observamos las estrellas, que no sabemos de zodíacos ni ascendentes, de trígonos o conjunciones, aprendimos hace tiempo:

No se puede esperar a alguien ni cavar en lo profundo, tan solo mirando a las estrellas.

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