martes, 15 de mayo de 2012

Diario de Ismael Da Silva (IV)


Viernes, hora Sexta.
La isla tiene relaciones diversas con las repúblicas vecinas. Con Welserland (república fundada por los descendientes de los Habsburgo. Un documento de Humboldt, al que veneran en términos intelectuales los sabios de este lugar, lo atestigua), realizan negocios de diversos tipos, en especial comercio con lana y tubérculos, pero esencialmente plátanos. Esta República se encuentra entre los Andes del norte y la Goajira. Tienen una relación más cercana con las dos repúblicas de León: la del Norte, cercana a Yucatán, y la del Sur, en el centro-norte de Suramérica, cuya capital se conoce como Santiago la tercera, mi patria.
Las inmigraciones disminuyeron desde la catástrofe. A pesar de ello, son bienvenidas, aunque luego deban esperar un mínimo de cinco años para salir. Aun así, es más flexible que en la república del Chaco, al sur, de donde, una vez más en mi vida, tuve que fugarme. Puede entenderse que el conocimiento de las otras repúblicas no es mayor, a partir de esto. En algunos casos, la ignorancia es casi completa, aunque ellos opinen lo contrario.
Fuera de los ingresos personales en el banco de Semen (de los que viven por ley las mujeres, al ser sus parejas, pues los solteros no pueden por la misma ley aspirar a este ingreso), la isla vive esencialmente de la venta de basura y reciclaje. No hay fuentes de extracción de petróleo o gas como en otros lugares (África, la antigua Oceanía), pues se perdió en el tiempo la experticia en esa tecnología. El fuego a partir de los excrementos es lo más frecuente, lo que hace del aire, algo denso de respirar, incluso en las playas.
Todos presuponen que en el resto del planeta las cosas son exactamente iguales.

 Domingo, Maitines.
Parece que no existe la enfermedad. La salud es el centro principal de todo, y todo lo curan fácilmente. Fue lo poco que lograron desarrollar científicamente antes de la catástrofe.
La alimentación es esencialmente marina, pero en estanques apartes del mar. Algas, peces de diversos tipos, langostas, cangrejos y todo tipo de crustáceos son cultivados. Otros tipos de carne, no abundan. En las fiestas hacen un pastel especial de carne, pero no he podido averiguar su procedencia.
Entre los diversos cultos de la isla, el culto al Mulo es uno de los más importantes, me explicaba el difunto Keko, así como Z, a quien conocí hace poco. Los pasean por la isla y les entonan cantos con inmensas conchas de mar como instrumentos. Se asustan estas bestias y salen corriendo, con los lugareños detrás de ellos sin poderlos alcanzar. A lo mejor esa es la razón de su buena salud: ese ejercitar el cuerpo persiguiendo sagrados animales. O esa carne especial, que he preferido, hasta ahora,  no probar. El dálmata que me sigue, a quien he decidido llamar Pirata, come sólo vegetales. Lo he seguido, en algunos momentos, pensando que me podría llevar al lugar de procedencia de esa carne, pero es en vano. No he podido averiguar nada. Debo registrarlo, como he registrado en mi bitácora cada paso que he dado, y almacenado en la red de nuestra organización. No basta lo que voy filmando; debe quedar un registro escrito como respaldo a eso. De todas maneras, lo he enviado encriptado, según indicaciones de Leonor. Hasta no encontrar aquello que me encomendaron, mis superiores no deben saber nada de mi misión.


 Lunes, hora Prima.
Muy pronto me asignaron como asistente de un magistrado, que ellos llaman sifogrante o filarca. Para quien trabajo, es un alivio mi conocimiento de las lenguas, por la cantidad de extranjeros que habitan la isla.  Pero mi función esencial es manejar documentos, organizarlos. Labor aburrida para mí, hombre de acción, de ciencia. La historia me desencanta, me irrita. Estos documentos señalan bodrios, asuntos sin sentido ni importancia ahora. Transcribiré algunos pasajes de mis lecturas pues no avanzo mucho en ellas:
Una descripción de los monasterios en el camino a Santiago de Compostela (la primera).
Posible camino a Santiago la primera: Vía Tolasana, desde las costas de Arlés, Montpelier, Tolouse. Luego Roncesvalles, por Navarra…
Otro: Jaca-Sangüesa- Monreal- Puente la Reina- Estella-Monjardín-Logroño-Nájera-Santo Domingo de la Calzada-Redecilla del Camino-Belorado-Villafranca Montes de Oca-Burgos. Luego Castrojeriz-Fromista- Carrión de los Condes-Sahagún-León. Hay una opción hacia Oviedo. Luego la Virgen del Camino (desaparecida)-Óbrigo-Astorga-Ponferrada-Villafranca del Biezo.
Camino en Galicia para Santiago la primera: O Cebreiro, Portomarín, Palas del Rey y Santiago. Parece que a pesar de la erosión, aun hay letreros que indican el camino.
No tengo idea para que recopilen esta información, pues hace más de cinco años que no van a batalla y el comercio con otras repúblicas casi ha cesado en estas comarcas.
Más datos: Fernando de Casas y la fachada del Obradoiro. Geometría, verticalidad, membranas de vidrio. No se entiende del todo este documento, hay palabras desgastadas. Señalan una plaza con el mismo nombre. Hablan de un “espíritu jacobeo”. Hay un pequeño mapa de la ciudad que indica: Kilómetro Cero, segundo centro del universo.
Finisterre: Lugar donde el sol se precipita al mar. Lugar del Monte del Cabo, altar romano y nuestro. Ahí es el final.
Gente supersticiosa esta.
Por lo menos, en el aburrimiento que este trabajo significa, a los esclavos extranjeros nos dejan escribir. Lo hacemos con lo que podemos. Las tabletas digitales son muy antiguas, no tienen 4 dimensiones, apenas responden ante la escritura y la memoria es poca. Aún así, permite llevar bitácoras, cuadernos. He apelado a ellos también. Debo cubrirme las espaldas. Tardé en empezar luego de mi llegada, pero pronto lo tomé como un hábito. Mi primer escrito fue: Me llamo Ismael Da Silva, y nací en el verano del año 1999. Despedí ese espantoso siglo con mis llantos. Me formé sin graduarme como Arquitecto primero, luego como Urbanista, en la extinta Universidad de Sartenejas, en la República de León, en las costas de este mismo mar donde me hallo. He estado cerca de ella, a pesar de su destrucción hace tantos años. Fui discípulo de Violeta Rojo en ese nicho, lo que marcó mi impronta crítica, lúcida, implacable. He merodeado. Tengo vastos espacios vacíos en mi memoria, que según pase el tiempo espero recordar. Hasta ahora, es poco lo logrado. No aprecio a esta gente, pero no me encuentro en soledad, y ver actividades alrededor podría ayudar a mi memoria, descolocada desde mi apresamiento.

 Martes, hora Tercia.
X se llama mi señor. De carácter lánguido, deja las labores intelectuales en sus esclavos, como la mayoría de sus congéneres. No destaca por su altura, pero aun así podría estimarse que entra dentro de la media de la isla. Gracias a él, logro alimentarme, tener un techo donde vivir. Lo que más me molesta es su afán en buscar textos que según desaparecieron. Además, las redes de intranet de la isla, unas decenas, destacan por su lentitud. Apenas sabe leer, pero está consiente de su importancia. Un manuscrito antiguo. Sabe que otros lo buscan, pero la mayoría de los esclavos rehúye su encuentro. El sol de estas regiones, semejante al de las brasas de una hoguera, impide mayor movimiento. Por tanto, los avances son más lentos de lo que él quisiera.
Intento reflexionar acerca de lo que llevo escrito y me cuesta hacerlo. Me cuesta reconocerme en lo que leo. Pero ese soy yo, indiscutiblemente. La letra, el estilo, la forma de pensar. Veo que los documentos que me asignan organizar y traducir giran alrededor de mucho de lo que he escrito. He sido un tonto en no prestarle atención. Me prometo hacerlo con más detalle. Fuera de esto, poco que contar. La isla no es muy grande, ya lo dije antes, quizás unos cincuenta kilómetros en su parte más ancha. El perímetro será cuatro veces más. La he recorrido con el magistrado a quien sirvo. Nunca pensé en ponerme al servicio de alguien como esclavo, pero me permite sobrevivir y el trato es bueno. Fuera de esto, ¿cómo hubiera hecho? No soy de aquí, me cuestan sus costumbres. Me distraigo en paseos al mar, a ver la gran roca y el Faro en ella. También en las labores de mi trabajo, en los recorridos a otras ciudades, tan iguales, tan similares, llenas de jolgorios y tierras sin trabajar.
Es en el mercado donde se resuelve todo. Acompaña la jornada la música de tambores. Mientras se acerca la hora del cierre, se van incrementando los golpes a los cueros. El final es casi una estampida.

Suelo soñar. Recuerdo poco el sueño de anoche, los que suelo tener siempre muy vivos a través del día. De este solo recuerdo un paisaje y una visión, casi un cuadro con música de fondo: cae, primero rodilla en tierra, y luego el resto del cuerpo, al golpe de las gaitas. Recuerdo unas indicaciones, planos, mapas. Pero se diluyen en el mismo sueño que desaparece apenas al despertar.
Trabajo en más documentos, que me abren caminos en la memoria, pero aun se me hacen inútiles:
Santiago la última. Pedro de Valdivia. Las montañas sin nieve. Ataque indígena, terremoto, inundaciones. El camino del Inca.
Camino del Inca: Ramal hasta Pasto. Nazca-Chuquiago. Más nombres: Arica, Atacama, río Maule, Tucumán.
De todas maneras, reconozco algunos nombres; su resonancia es cierta y verdadera.
X consiguió rescatar algunas de mis cosas, luego de mi bienvenida, pero apenas las reviso.
 Dormimos en hamacas. Es la imagen de un avión, del barco, del hecho de flotar. Vientre de mujer que acuna. El lugar a donde quisiéramos regresarnos. Inevitablemente pienso en Candela y nuestro último encuentro, en Brescia. La tuve tanto. Ahora, es apenas el recordar.

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