lunes, 6 de julio de 2009

Casa tomada (sobre el Ateneo)

No me molesta que el gobierno quiera crear una Universidad de las Artes (no puedo dejar de pensar que el pensum será dictado por Casa de las Américas, pero bueno), me molesta ese afán de quitar espacios otorgados a lo que conocemos como Cultura, en detrimento de un capricho personal. Me molesta cómo el Presidente insiste en anunciar sus políticas de Estado como un dato hípico. Lo suelta así, como anunciando que se empató con alguien a un grupo de amigos mientras juega dominó y se toma unos whiskicitos, y con la ex-novia sentada cerca. Eso se llama Tirria. Intriga, cinismo, buscar peo. Chávez insiste en ser un muchacho de Sabaneta con poder. Y en ese restregar el poder, se lleva un país por delante en detrimento de sus planes personales, extensivos a una corte de secuaces que se llenan las manos. Nada nuevo. Lo que no entiendo es cómo un gobierno supuestamente de izquierda insiste en reducir los espacios de la Cultura. Esos espacios fueron creados a punta de sudor por la izquierda en nuestro país. Lo entendieron los gobiernos blancos y los verdes: La disidencia también quiere construir un país. Entender esto es entender el juego democrático, no hacerlo es sumarse a la larga tradición autoritaria que desconfía de los espacios culturales.Yo trabajé en el Ateneo hace muchos años. Fui librero en la librería, valga la redundancia. En ese tiempo estábamos Guillermo, antropólogo y miembro del staff técnico de Desorden Público, Iván Niño, también del mismo staff, estudiante de Letras como yo y hoy en día Gerente de Mercadeo del Grupo de Librerías Nacho, Federico Pérez, hoy psicólogo emigrado a Chile, y Juan Pablo Mojica, estudiante de Letras en la Católica, hoy en Barcelona, España. Y éramos felices. Teníamos libros a nuestro alrededor, Festivales de Cine, Festivales de Teatro (hoy desaparecido), conciertos permanentes, los Museos alrededor y la Barra del Ateneo yRajatabla cerca. Comíamos en los alrededores, en especial en una panadería con servicio de comidas donde preparaban una Paella monumental. Pagábamos con cestaticket, pues el efectivo era para libros, transporte y cerveza. Sólo para eso alcanzaba además. Éramos estudiantes y éramos felices por serlos trabajando ahí, con todos los defectos que tuviera la institución. No todo era perfecto, era un lugar lleno de resabios, pero el ambiente era extraordinario. Conocí a Roberto Bolaño, un día de firma de libros, cuando ganó el Rómulo Gallegos (otro espacio tomado) y al cual, por cierto, pocos fueron.Traigo esto a colación pues, y creo que el Presidente y su gente culturosa alrededor no se da cuenta, los espacios culturales en nuestra ciudad son reducidos. No abundan. Y cada día abundan menos. Minimizar esos espacios y ante todo, las actividades asociadas con ellos es suicida. Si piensa crear una Universidad de las Artes, ¿en dónde van a explorar esos conocimientos?, ¿en Cuba?, ¿exclusivamente en instituciones nuevas creadas por el gobierno?, ¿qué hace un graduado en Artes por esa Universidad?.Los estudios universitarios no se limitan a la Academia, se complementan con la actividad laboral en otras instituciones, privadas o públicas. Por no decir cuán importante es un ESPACIO en donde esos conocimientos se puedan poner a prueba y discutir. La zona de los Museos y el Ateneo (por eso la estación del Metro se llama Bellas Artes) era la zona central de la ciudad para que el ciudadano, el estudiante y el profesional convivieran. El lugar en dónde la cultura se explora, critica, analiza, demarca, rompe, funda. Es necesario ese espacio. Y la sede del Ateneo de Caracas fue diseñada y hecha específicamente para el Ateneo, no para otra cosa. Nunca entenderé como ese espacio fue atacado violentamente hace unos meses. Cómo un gobierno que se hace llamar de izquierda aupa esas acciones. Y si no lo hace, se hace la vista muy gorda.Se reducen los espacios, como en el cuento de Cortázar. Nos seguimos haciendo peronistas. Veo un futuro con Lina Ron dando clases en la Universidad y sencillamente pierdo el aliento. Lo creemos imposible tal vez, pero sabemos que puede pasar. Creo, insisto, en que la disidencia, la oposición a un gobierno no es enemiga del pueblo. Nosotros también queremos hacer país, queremos continuar haciendo, construyendo, fundando un país. Y eso se logra no solo creando nuevos entes, sino dándole constancia a los que nos preceden. Esas instituciones, tan jóvenes además, que apenas empiezan su labor de hacer patria, son columna vertebral de una nación. Sin ellas, volvemos a ser un monigote gomecista.Perder ese espacio es perder un lugar. Es seguirnos quedando sin nada en nuestras ganas de construir un país.

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