lunes, 6 de julio de 2009

LA AMANTE, de Santísima Rivero

El sonido de la puerta principal, nos sorprendió. Jamás imaginamos que llegaría días antes de lo previsto de su viaje por Paris, al escuchar los pasos subiendo por la escalera buscamos prontamente donde esconderme pero fue inútil, ya sabía que Yo estaba allí. Bruscamente abrió la puerta para capturarnos in flagranti sobre su lecho matrimonial. Arrebatada de rabia e ira lo golpeo fuertemente mientras profanaba grotescos insultos, en ese momento justo cuando me disponía a huir coincidimos la vista, su mirada acusadora, sus ojos enrojecidos me asustaron profundamente, no encontraba donde guardar mi cobardía. Logré escapar de la embarazosa situación cuando él la llamaba por su nombre pretendiendo explicar lo inexplicable, se distrajo de mí para continuar con su arrebato de furia contra él. Baje corriendo las escaleras y en el vestíbulo me encontré con mi cartera, sobre sus maletas ese peludo y caro abrigo que traía de su viaje, lo coloque sobre mis hombros y salí de la casa.Ahora me encuentro sola, caminando por la calle cubierta con este lindo abrigo de visón que viste suavemente mi desnudez, reflexionando la situación agradezco que para él sea un gran fetiche poseerme con mis zapatos, no he perdido nada: tengo mi cartera, mi rolex y su abrigo. Caminaré por mi calle -donde él me recogió-, esta vez abriré mi nuevo abrigo con la esperanza de encontrar otro buen cliente con quien terminar y redondear la jornada de hoy, a ese viejo rico con el susto, no le dio tiempo de pagar.

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