lunes, 6 de julio de 2009

El rostro fuera de la pantalla (crónica de un encuentro blogger)

Logramos montar todo en diez días. Cómo, no lo sé, pienso enseguida en una unión de pensamientos positivos y en un megachakra desarrollado por secuencias por Keila, maestra yogui. El hecho es que salgo de casa hacia la UCV, a recibir los trabajos de mis alumnos del curso de poesía y política. Llego, solo una alumna que me dice que ya viene. Abro el salón, prendo el aire (este tiene) y espero. Salgo a fumar, y viene la alumna con una marquesa de chocolate, una sonrisa y su trabajo. Ya las cosas comenzaron bien. Poco a poco fueron llegando, ya sabía que tres no vendrían, conversábamos y reíamos. Fijamos fecha de entrega de notas, les recordé que corregiría en San Cristóbal el fin de semana y que mañana y el jueves tienen tiempo los que no lo entregaron hoy. Me encamino al metro, hago transferencia, llego a Chacaíto, autobús, llegada a Trasnocho. Bajo y me siento con una amiga mientras almuerza. Son las cuatro y media, una cerveza para agarrar fuerzas y hacia la Librería. Ya Katyna está, están las sillas, dos botellas que llevó María Dolores. Van llegando Eleonora, Cinzia, Mitchele, Belkys. Luego Ruth, Keila, Kira, Aymara. Las voy presentando, muchas no se conocen. Mientras voy a buscar hielo para las cavas me pregunto que será de la maracuchita. La llamo, muy formal me responde que está en alguna cola de la ciudad y ya está en camino. Natasha es maracucha y formalita, cosa que debe ser muy buena o muy mala. Juliana manda correo que está en una cola. Llega Carmen Elena, Georgina. Hablo con Katyna, repaso detalles, Eleonora y otras buscaron la pantalla, se despliega, se decide cómo va. Se ordenan libros, se ponen precios, paso la colecta para pagarle al chamo del video beam. Llega el chamo. Ordenamos todo, hacemos pruebas con Keila. Yo fumo comodesaforado, Raquel me mira y seguro se ríe. Llega mi hermano, llega Natasha y Raúl, su esposo, a quien veo que conozco de amigos en común. Guardo la maleta y el bolso de ellos (vienen directo del aeropuerto), les presento a los demás, los llevo a Soma a que se refresquen (en criollo: en donde se beban una cerveza fría), vuelvo a la Librería. Katyna quiere comenzar, le pido que me de 15 minutos. A los diez, ya comenzamos, se acomodan todos, Mario manda mensaje que ya viene en camino, Adriana me llama que está en una cola pero ya viene. Comenzamos:Katyna da la bienvenida en nombre de la librería y luego Kira (¿era yo, era ella, quien era que iba primero?). Kira, con sus vastos conocimientos internáuticos desarrollados entre las tribus de Namibia y los antiguos pueblos de Bangladesh, sumado a su sangre Rusa, nos da en dos platos a todos una idea muy clara y concreta de qué demonios es eso que uno llama un blog. Su exposición evidencia su experticia. Es enfática, mueve sus largas manos y convence. Luego vengo yo, que menciono a todos los que vamos a leer (luego me di cuenta que podía haberlo hecho uno por uno y salía mejor). Entonces, me toca leer a mi. No dejo de pensar en Alejandro Rossi y en Eugenio Montejo y en cómo uno tiene que esperar a que alguien se muera para poder escribir. Es estúpido. Leo, pienso en la lucidez de Rossi y en la exactitud musical de Montejo y me río de lo que leo. Aún así, es un homenaje, y parece que a la gente le gusta. Termino. Aymara habla en nombre de La Parada Poética y nos muestra muy bien cual es la dinámica del grupo, leyendo poemas muy solidarios, muy de mujer amiga, con mucho fuego. El orden se endulza con la voz y el blog de Keila, su experiencia de madre, de escritora, de cómo en menos de 3 años tiene ya un libro, lee en público, tiene seguidores, un esposo, un chamo (su cachorro), títulos universitarios y da clases de Yoga. Keila serena el ambiente, los nervios de Kira y míos, el fuego de Aymara. Templa, concentra, nos ennoblece. Cinzia viene ahora con sus versos cortos, Ungarettianos, Niezschianos, de hembra. Su poesía es poesía de velas en cuarto oscuro. Su voz nos envuelve, le toman muchas fotos, los hombres la miran. Ella lo sabe y le divierte. Sé que se siente feliz ahí leyendo. Adriana Villanueva cambia el compás y nos habla de sus crónicas llenas de humor e inteligencia. Adriana es una mujer que lleva muy bien eso que María Fernanda Palacios llama "el alma criolla": elegante sin dejar de ser sencilla, se desplaza con cortesía y mamadera de gallo. Llegó casi teletransportada. Dos crónicas con el espíritu de la Ciudad Universitaria, la obra de su abuelo, sin grandilocuencias, bajo la presencia de todos los días. Ruth serena de nuevo. Nos habla de su blog, de la interacción con las fotografías, como Cinzia. La mirada de Ruth es linda, lenta como su voz, íntima. Sus versos acogen a todos, así como la muestra de su blog, que hace como si todos fuéramos niños y lo agradeciéramos (y es así). Kira nos habla entonces de sus "crónicas íntimas", de su experiencia de cada día. Lee y callamos, como con Ruth. Volteo y veo a Katyna con lágrimas en los ojos, quizás recordando su nomadismo también, sus pasos por Libia, Colombia, España, México. Se hacen más grandes sus ojos, como los de Gaby que me ayuda a servir el vino a todos, a pasar las botellas, así no sea su día de trabajo. Es Speedy González con los ojos verdes y veinte años. Georgina lee lo erótico de sus versos, acompañados con imágenes sugerentes (recuerdo el blog de Roger Michelena, en donde se juntan letras y mujeres). Georgina va al punto, concreta, no da vueltas. Concentra las palabras y nos lleva a ser honestos con nosotros mismos, con el corazón y el cuerpo. María Dolores, como Adriana, ahora cambia el diapasón. Nos reímos a morir, disfrutamos, recordamos entonces que estamos entre amigos, bajamos las guardias, nos relajamos. Le dedica un texto a Keila, madre nueva, sobre la naturaleza extraña de una adolescente y esa más extraña aún, la de la madre del adolescente. Natasha toma ahora la escena, en donde se maneja con facilidad. Ríe, marachuchea, nos encanta con su acento de "high maracucha", me recuerda a Adriana versión "desde el Lago". Me doy cuenta que la única formalidad mayor en Natasha es la que todo poeta tiene: la de sus palabras. Sus textos paralizan a todos, ese fuego lento que envuelve como piernas de mujer en la espalda, que seduce y que se anuncia como un mandato. Me recuerda a Olga Orozco, y a Hanni Ossott un poco, en especial en el golpe de la voz adentro del poema. Mitchele nos muestra a la ciudad y a las anécdotas de la ciudad, sus fotografías, sus andares por ella, su amor por la polis. Eleonora, fiel a los eventos de la palabra sin importale riesgos, nos recita sus versos ligeros y filosos.Su poesía nos va envolviendo, no deja que nos vayamos, no tenemos por qué irnos de aquí, nos recuerda que la palabra es nuestra casa y nos abre las puertas con ellas.Belkys toma la palabra: Su blog hace piruetas y piruetas y nos recuerda que no estamos tan cansados, que los ojos quieren seguir viendo y leyendo. Sus textos son como su blog, suben y bajan como biombos de humo.Carla me pide las botellas vacías, se multiplican las llenas. Carmen Elena nos parte en dos con un largo texto íntimo y confesional. Se le quiebra la voz, pide que continuemos nosotros, le decimos que tiene que terminar. Lo hace. ¿Cómo se sigue si ya estamos partidos en dos, si tanta palabra, crónica, poemas, prosas, nos enseñan tanto, hace presencia? Mario Morenza cierra con la experiencia significativa para el ámbito venezolano que ha sido El apéndice de Pablo. Un blog en donde toda una generación de amigos ha escrito y ha logrado dejar huella. Como Mario, tan divertido y solidario, generoso y noble con ellos, desde su escritura y desde la escritura de aquellos a quien nos lee. Juliana no llegó, luego me dicen que sí y se fue. Sé que nos acompañó, aunque sea llena de pensamientos positivos nos acompañó. Katyna cierra el evento. Llevamos dos horas leyendo, ríendo, llorando, aprendiendo y aún el vino no se acaba. Le pago al chamo del video beam (gran trabajo el que hizo), nos tomamos más fotos, nos dispersamos. Raquel está cansada, Simón mi hermano tiene hambre. Hay que irnos. Me despido, tengo que estudiar para la Maestría.El martes 16 ocurrió un milagro: el de la palabra escrita, vista, oída. Veíamos los blogs como portales hacia dimensiones distintas. Es un espacio que otorga un tiempo otro y nos hace los mismos pero distintos. Nos hace mujeres y hombres que viven literatura.Llego a casa, veo que dejé unas cosas que mi madre les mandaba a Katyna y a Carla y decido, en el hambre, comérmelas haciéndome el loco (se me olvidó dártelas vale!, disculpa!). Abro los libros, cierro los libros. Hoy no hay tiempo para maestrías. Mientras leían, me imaginaba a cada blogger como el Yoga propone, pura energía: la que hubo anoche en el evento. Limpia, fresca como el vino, donde todo es uno, y podemos leernos sin intermediarios, sólo bajo la premisa de una mano que sale de la pantalla, hace presencia en un rostro, y te conmueve.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada